El cine de nuestra vida

Todos tenemos un grupo de música favorito, una comida que nos hace salivar, una camiseta o vaqueros preferidos, e incluso una película que nos emociona por encima de las demás. ¿Sólo una? No. Tengo millones y cada uno de ellas por razones diferentes. Creo que podría hacer la biografía de mi vida con películas.

Mary Poppins hizo que por un tiempo me acercara a la ciencia. Me planteaba si realmente podría ser posible merendar en el techo, porque en ese caso yo también quería hacerlo. Las malas de Disney forjaron mi personalidad. Me indignaba con el espejo de Blancanieves, era evidente que ella no era más guapa que Malicia, y Úrsula me enseño que a los hombres no les interesaría mi inteligencia cuando fuera mayor.

LLegó la adolescencia y con ella mi amor por Leonardo Di Caprio. ¿Alguna de vosotras tenía entre 13 y 16 años cuando vio Titanic en el cine? Porque de ser así estoy convencida de que también os desgañitasteis cuando salieron sus ojos azules en aquella pantalla enorme. Vida de un rebelde se convirtió en mi pornografía habitual y soñaba con que algún chico me cogiera en brazos a lo Dirty Dancing.

Poco antes de entrar en la universidad veo Manhattan en la televisión. Ojalá hubiera podido tomarme un café con Woody Allen. Él mejor que nadie habría comprendido todas las neurosis que empezaban a salir a flote. El póster de Los amantes del círculo Polar fue el primero de mi habitación, y muy probablemente una de las razones por las que más tarde estudié comunicación audiovisual. Medem si lees esto, ¿podrías decirme que escribió Otto a Ana en el avión de papel? Quería vestirme como Pepi, Luci y Bom y me atormentaba terminar mis días en una situación como la de Familia. Nunca quise ser rubia, Uma Thurman me enseñó que una mujer morena, sin pecho y los pies grandes podía ser tremendamente sexy. Pulp Fiction fue toda una revolución en los institutos: Todos querían ser Vincent Vega.

Durante la universidad devoré peliculas y estropeé al menos un par de reproductores de DVD. Un viejo y doloroso amor me dijo que era igual que  Annie Hall. Todavía hoy varios de mis amigos y conocidos me llaman por ese apellido. Quisé recrear la escena en el restaurante de Los idiotas, cualquier cosa con tal de no pagar. Me habría comido una mierda si Jonh Waters me lo hubiera pedido. El estilo de vida de Pink Flamingos, la inmundicia, se convirtió casi en una declaración de intenciones hasta el fin de mis días y, aunque con unos cuantos años más, sigo intentando que así sea. Cuantas veces me habré encerrado a recordar habitaciones de hotel como en 2046 o habré deseado estar en silencio junto a mi amado. Solo despegar los labios para decir te quiero como los protagonistas de Hierro 3. ¿Y que me dicen de Crash? Sólo a Cronenberg se le ocurriría una historias donde los protagonistas se ponen cachondos follando entre accidentes de tráfico. Recuerdo que se me ocurrió que tal vez podríamos dejar apuntes, firmar por alguien que no había asistido a una clase, en fin… hacer favores. Mi madre me regaló la trilogía de El Padrino y yo estaba realmente decidida a convertirme en La Mamma.

El cine no me quiso y yo me alejé de él. Después de casi dos años sin ver películas volví a los Renoir a ver El Concierto. Fue bastante revelador ver como aquellos músicos ponían los cojones encima de la mesa para hacer lo que querían mientras yo solo me había dedicado a llorar por las esquinas.

El amor es ese concepto en torno al que gira mi vida entera. No se si existe o si tendré la suerte de vivirlo. Películas como Blue Valentine o Media noche en París me hacen llorar y reir al mismo tiempo. Ver a Ryan Gosling aplastando cabezas por amor en Drive me hace suspirar. Quiero que quien llegue a ser mi Vincent Gallo de Buffalo 66 no se quede a mi lado por soledad. A veces pienso que ver películas me hace sentir más viva que muchas otras situaciones reales y es que, ya se lo he dicho muchas veces, hay títulos que durante  hora y media me revuelven las entrañas. Y para ustedes, ¿Cuáles han sido importantes?¿Cuáles les han roto por dentro? No me importa que me digan que vivo en una película, me siento cómoda aquí. Esta vez no seré yo quien se arranque el Canino para escapar.