La adicción de exprimir cada instante (Delicias turcas, 1973. Paul Verhoeven)

El automatismo diario me desquicia. El estilo de vida actual al que somos sometidos nos aleja de la búsqueda de una vida rica en emociones. Nos embotellamos en lo cotidiano, en sentir emociones efervescentes que nos hacen, al cabo de un tiempo, desecharlas por repetitivas. Metabolizamos estas vivencias diarias, cuando no hace demasiado alteraban nuestra percepción del mundo. No sentimos, no pensamos. La facilidad con la que experimentamos emociones fabricadas en brainstormings de agencias de publicidad o redacciones de periódicos nos obliga inconscientemente a paralizar nuestras ansias de probar algún sabor nuevo o razonar una idea por nosotros mismos. La información nos llega con suma facilidad, directa y oscurecida. ¿Es el arte el único conducto que estimula nuestro pensamiento hacia nuevas y particulares interpretaciones sobre cualquier disciplina, ciencia o materia?.

En mi caso, he quedado sometido al ritmo de nuestra época. Sin embargo, intento disfrutar cada detalle rutinario, degustar esas sensaciones diarias experimentadas innumerables veces. El agua de la ducha sobre mi espalda, el sabor del café por la mañana, sufrir la carrera hasta el metro, dos capítulos de La senda del perdedor de Bukowski*, el primer cigarro del día, una mirada furtiva en el vagón, el olor del perfume femenino, un buenas tardes, la erección permanente en los 82 minutos de duración del Physical Graffiti**, la incomodidad de la silla de la oficina, una conversación edificante, dos horas de cine, el dolor de un recuerdo, el placer de otros, tantos polvos como orondos elefantes saltaban por encima de la tela de una araña***, un gemido en el oído, la textura de las sábanas al deslizarte, dormir, dormir y dormir.

El desconocimiento de palabras y expresiones me restringe sobremanera, me limita. Es entonces cuando siento el deseo de dejar de hablar. Quiero que lean mis ojos, mi boca, mi pecho, mi entrepierna. Que alguien desencripte mi energía, que active todos mis puntos de placer, que contorsione mi cabeza, que de vueltas, vueltas y vueltas a mi cuerpo desnudo. Todo bajo un mapa de intensas expresiones.  Todo en total y completo silencio. Solo ambiciono ser consciente de vivir cada instante, de no dejar escapar oportunidades, de abolir por completo la frustración.

El tiempo es oro y pesa en cada uno de nosotros. No obstante, se pesa en vivencias y no en onzas. Vivamos el tiempo que tenemos y dejemos de organizarlo para encontrarlo. Demasiado joven para saber esto, demasiado viejo para pensar lo otro. Estas frases son la imposición individual que coarta nuestra propia voluntad a practicar algo novedoso. Excusas. No esquivéis el aprendizaje de una situación insólita o dejaréis de conoceros en plenitud. Y siempre, siempre hay tiempo para todo.

¿Qué es Delicias Turcas? Es todo lo escrito anteriormente y todo lo que escribiré después. Es la inexperiencia en un arte que te hace ser salvaje. Es la juventud que te hace ser imprevisible al despojar las estructuras marcadas anteriormente, al no ser absorbido por ellas. Porque eres audaz, porque eres insolente. Y como yo también lo soy, incluyo un párrafo que escribí hace dos domingos sentado en el frío suelo del pasillo de mi casa, con las puertas cerradas y de forma casi automática. Solo escribí y guardé.  Sin restricciones, sin cambios ni correcciones.

Se fue. Corro como si fuera perseguido. Soy captado en primer plano y lo demás queda irremediablemente fuera de foco. Mi alrededor se difumina.  Demasiada profundidad de campo. Esta a mi alcance, pero demasiado lejos como para tocarlo. Fatigado, paranoico, incomodo e insaciable. El interior de los escaparates me seducen con sus cantos de sirena, todos ellos son manzanas envenenadas, soy consciente de ello, pero me hechizan sus olores y sabores. ¿Qué me queda después de poseerlos? Me queda la sensación de correr calle arriba hasta el siguiente escaparate y quedar seducido nuevamente. Un sedante pasajero. No puedo olvidar.

Este último párrafo también forma parte de Delicias Turcas, tiene sentido.

* Rutina intercambiable por cualquier disco de Led Zeppelin.
** Rutina intercambiable por una novela clásica o de ciencia ficción.
*** Rutina exagerada moderadamente.

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