DETRÁS DEL SCRIPT

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LA SCRIPT: HENAR ÁLVAREZ
Estudié comunicación audiovisual porque tengo una seria adicción a las emociones. Mi único amor verdadero es el cine y, en vista de que la vida no me dió el suficiente talento para crear, decidí abrir la web para comentar. No hago críticas y nunca las haré. Eso lo dejo para las charlas con café o whisky.  Aquí hablamos de lo que sentimos. De cuando se nos remueven las entrañas, que ya es mucho.

Sufro bipolaridad sexual. A veces me siento como un hombre y escribo como tal. Aunque no puedo negarles que, en el fondo, soy una mujer de manual. Soy la abogada de los pleitos pobres, la defensora del amor y las ideas preconcebidas. Adoro las historias, las contadas con imágenes, aunque no soy exquisita con el soporte ni con la perfección técnica.

Sólo creo en la ansiedad, la nómina de fin de mes y la feminidad de Divine.
@henarconh

 

EL BECARIO: MANUEL MARTÍN
Soy amante de todo arte o instrumento divulgativo que encierre una buena historia. ¡¡Qué destripe mi alma!! Y no lo guardo en secreto. Que yo sepa la literatura, el teatro, los comics o las esquelas de los periódicos no se casan con nadie. ¿Y el cine? El cine es mi amante más regular, al que dedico más tiempo y pasión.

He trabajado en ficción televisiva, teatro musical y en diversos programas multicolores. Un buen día, El Script llamó a mi puerta con una oferta en su productora. El puesto laboral era de becario y podría compaginarse con el trabajo que me da de beber.  Cuando mi mundo estuvo en orden, decidí aceptar.

El mundo becario no derrocha mucho glamour, pero Fox Mulder trabajaba en un sótano y acabó destapando la mayor conspiración de la historia. Desde abajo solo se puede subir.
@mercutio_montes

 

EL MERITORIO

Mezo mis miedos con películas de Billy Wilder.
Me fío de las personas que tienen la mesita de noche con montañas de libros y que, además de desayunar, leen en la cama.
Sólo dejo salir a mis monstruos de debajo de la cama cuando bajo de las estanterías los libros de ilustraciones, y si se han lavado los dientes se pueden sentar en el suelo junto a mí. Los conquisto a base de lacasitos formando sus nombres.
Me curo las heridas con Miles Davis.
Algún día me llevarán a vivir a la librería de Roma de Aristarain, con su colección de discos y su tocadiscos. El cartel que colgará de la entrada rezará: “Lo bello y lo triste.”
Me alquilo como amor imposible, a precio de una bañera que desborde pompas en la que pueda perder la consciencia del día, con copa de cava y cigarrillo con boquilla.
Mis monstruos no están en venta.
@elbauldelapique

 

EL FIGURANTE: ÁLVARO MERINO

Intérprete de formación autodidacta, sus habilidades eran nulas y, consciente de ello, únicamente aspiraba a ser rico y famoso.
Empezó su dilatada carrera en 1983 como doble de luces de los Hermanos Calatrava en “El E.T.E. y el oto”; Apenas 23 años despues, conseguía su primer papel con frase (una) en “Desde que amanece, Apetece”, con grandes críticas de amigos y familiares.

Tras una vida en la cúspide, vuelca ahora su sabiduría en La culpa es del script, por su conocimiento del medio “desde las cloacas”.

 

LA SECUNDARIA: REBECA H. ALONSO
Nací cuando todavía no me esperaban. Y puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que es la única vez que he llegado pronto a algo. A los casting siempre he llegado cuando habían repartido los papeles protagonistas, desde las obras de teatro del colegio hasta que llegué aquí. Llevo mi destino de secundaria escrito en la frente, pero nunca me ha importado. No me gusta llamar la atención y estoy acostumbrada al dolor y a la derrota.
Con esas expectativas, sabía que no llegaría muy lejo
s en del séptimo arte. Por ello, acepté la propuesta del Script. Era mejor escribir sobre las películas que me destruyen o me enamoran, que me cierran la boca del estómago o me abren el corazón. Así que llególa hora de dejar de aceptar papelitos en los que siempre acabo eclipsada por bellezas indomables, animales amaestrados o niños salvajes. Aceptaré que soy una secundaria perpetua y que he encontrado mi lugar.

 

EL MAQUINISTA: RAMÓN REY
De niño conocí casi al mismo tiempo al genio de Aladdin y al de Kieslowski, pero fue un judío de Nueva York quien hizo despertar mi verdadera pasión, mientras estaba rodeado de robots, extraterrestres y viajes en el tiempo.
Me gusta saber de dónde venimos y siento curiosidad por cómo funcionan las cosas dentro del aparente caos del universo. Lo primero hizo que siempre considerase mío el quesito amarillo del Trivial. Lo segundo, que estudiara física y no me avergüence reivindicar ‘Hackers’.
Llevo escribiendo y hablando de cine desde antes de que la gente olvidara qué era LiveJournal y Odeo. No creo en respetar ideas, convenciones y tradiciones. Las películas tampoco deberían hacerlo. Lo que tiene que quedar claro sobre todo es que si la banda sonora es de Trent Reznor y Atticus Ross, se trata seguro de una obra maestra.

 

LA ESPECTADORA: NIEVES MORIES
Me siento en la primera fila de las salas a oscuras
en la última sesión, a plena vista, donde, curiosamente, nadie me ve. Creo que el único Dios posible es George Romero, en que una noche perfecta sin gritos en la pantalla no es tan perfecta y que, si Laura Palmer envuelta en plástico no te conmueve, es que no tienes corazón.
Escribo lo que me sale de las entrañas, compulsivamente, de lo que sea. Libros. Artículos. Psicoprosa, lo llaman muchos, y me parece un bonito nombre. Nací para ello, más que nada, porque no sé hacer otra cosa, lo que me incapacita para la vida moderna.Y  lo más importante: no tengo la menor intención de crecer.
@nmories

 

EL CLAQUETISTA: JUANMA RUIZ
Nací en Madrid el año de Blade Runner. Di mis primeros pasos como arqueólogo en el patio del Colegio Público Jacinto Benavente, desenterrando valiosos objetos perdidos allá por 1º de EGB. A los doce años me crucé con la trastienda del cine, y supe que eso me gustaba: escribí mi primer corto, que otros dirigieron. Cosas que pasan: ellos se llevaron un premio, yo una pasión de por vida. Desde entonces he metido mis zarpas en el cine cuanto he podido, lo que me ha dado no pocas alegrías: dirigir a Paul Naschy, trabajar con Javier Rebollo (será cabrón, qué bueno es…), y dejar mi sucia huella en variados escritos sobre cine. Me puedes leer en papel en Caimán Cuadernos de Cine. También soy poetastro ocasional, músico y aprendiz de mago. Perdí el expreso de Hogwarts, pero me fui a la escuela Tamariz. Tengo una espada de luz, una varita, un destornillador sónico y una gorra de cazador. A ratos, escribo sobre todas esas cosas. También twitteo.
@JuanmaRuizP

 
EL FOQUISTA: NACHO JOUVE
Confieso que soy de esas personas que antes de ir a una ciudad desconocida busca y rebusca que se rodó allí y, sobre todo, dónde. Sí, me interesa mucho más un descampado, un solar o una calle con historia que la catedral de turno.
Creo que todo empezó en un cine de verano. Allí me pasaba las noches. Silla de madera verde con tres tablas que hacían de inmejorable posadera para una doble sesión diaria. De ahí a las sesiones continúas que uno mismo se fabricaba en la Gran Vía (sí, antes había cines allí) y al entorno mágico de la también madrileña Plaza de España. El noventa por ciento del tiempo en soledad y a primera hora. Lo mejor para disfrutar.
Así empecé a desear una mansión en Nevada, trabajar en el teléfono de la esperanza, tocar la Harmonica en Sweetwater, bajar del tren en Viena, ser vecino de las Lisbon, comprarme un bombín para coger el ascensor o descubrir el séptimo continente… Por no hablar de dormir en el Gran Hotel del Norte. Es así, no hay más. El destino o vete tú a saber el que me tiene dentro de una cancha en la televisión pero, la vida de verdad, es esa que pasa en el interior de una gran pantalla. El resto, es ficción. Quizá por eso me quieren aquí.
@nachojouve