Hagan algo, por favor. (The artist, 2011. Michel Hazanavicius)

A mi no me engañan. Cuando uno tiene toda su vida controlada, cuando es dueño y señor de todo lo que le rodea, cuando nadie le rechista, él es el rey, el boss, no quiere cambios. No me refiero a peor, eso es evidente. Mejoras en general. Aprender cosas nuevas, un cambio de casa, de trabajo, un amante, abrirse un facebook, que sé yo. Cualquier cosa que pueda producir cambios, por insustanciales que sean.

No sé si el ser humano es bueno o malo por naturaleza. Pero vago un rato, señores. Crecemos, estudiamos, encontramos un trabajo, una mujer bonita, nos compramos una casa, un coche y fin de la historia. No me mueva ni una sola ficha porque le corto la mano. “- Tío prueba esto, es la hostia, te va a encantar – Ya, pero yo estoy bien así.” ¿Yo estoy bien así? ¿Qué coño es eso de yo estoy bien así? La gente no quiere mejorar. Quiere alcanzar ciertas metas y no tocar ningún naipe no vaya a ser que la torre se desmorone.

Afortunadamente para la humanidad, el transcurso del tiempo nos obliga a movernos y salir de ese círculo pintado a nuestro al rededor llamado zona de confort. Puede escoger quedarse atrás pero la vida va a empujarle a que se mueva, y créame, es mejor que lo haga. La naturaleza es sabia compañero, no trate de esquivarla, porque le esquivará a usted y le dejará tirado como a una colilla, sin nada. NADA: “Enhorabuena señor, lo ha vendido todo, ya no le queda nada”

Odio todo lo que tiene que ver con el coaching y esas mierdas de terapia de película americana que tratan de demostrar que todos llevamos un superman dentro. No estoy hablando de eso, no quiero que me tergiversen. Es solo que la vida no termina cuando nosotros lo decidimos y más nos vale estar preparados para cualquier imprevisto o nos quedaremos tirados en la cuneta. Si esto ocurriera recen cualquier cosa que aprendieran en el colegio para que alguien se apiade de ustedes y les consiga una segunda oportunidad. Porque a ustedes no se la darán. Serán un deshecho. Da igual lo que cuenten o intenten, o lo que fueran en el pasado, su valor se habrá esfumado.

Algo similar ocurre con las historias, con las buenas historias. Da igual como las contemos mientras tratemos de hacer un contenido de mayor calidad cada vez. Exactamente ocurre así en el cine. Que más da que la película tenga unos efectos especiales de última generación, una calidad de imagen y sonido exquisitos, los mejores actores, si el contenido es una auténtica basura. Puedes servirme un bocata del mejor pan de centeno pero si me vas a poner dentro una hoja de lechuga prefiero una barra de pan del chino con chorizo de cantimpalo. En fin, háganse un favor a ustedes mismos y vean ‘The artist’. No se queden un su zona de confort. Se que no es fácil comprar una entrada de cine para una película en blanco y negro y, además, muda. Háganlo. Saldrán de la sala con una sonrisa de oreja a oreja. De las que duran toda la noche.