El cine de las entrañas

“Hay películas excelentes que poseen errores técnicos. Y películas técnicamente muy bien realizadas, pero de un vacío y de una sequía interiores que da pena. Para mí es mucho más importante la inspiración, las ganas de decir algo, de hacer algo.”
F. Truffaut. ‘Film Ideal’, 92, 1

Pues exactamente así es como yo concibo el cine. Vivimos tiempos extraños en los que se venera lo artificial, lo efímero, lo rápido, lo fácil, el 2.0, la ventas, el marketing, la mentira, la verdad para hacer daño, las caretas, Mario Vaquerizo, vomitar despues de comer, los coches italianos, la ropa de Donatella en H&M, los tumblrs pornográficos, las mansiones. Todo esto está muy bien y disfruto de ello, pero necesito acompañarlo de un significado. Darle un sentido. Sino me dan arcadas, no como acto relacionado con la anorexia, sino de asco al ver como se pierden los valores clásicos. No hablo de ser tradicional, ni de religión, ni de otras batallas dignas del 15-M. Hablo de las razones por las que nos late el corazón.  De eso que nos diferencia de los animales. Entiendo más que nunca a la María de Metrópolis.

Con el séptimo arte ocurre de igual manera. No he utilizado séptimo arte aleatoriamente. Es que no concibo el cine de otra forma. Ahora lo que importa son las escenas de acción, que tenga los mejores efectos especiales, que en las cintas de animación los muñecos parezcan de carne, que las butacas de los cines se muevan, que los actores salgan de las pantallas y nos rocen, que el sonido nos envuelva. De la historia ni rastro. Del alma de la película nos hemos olvidado. ¿De verdad quieren sentarse durante dos horas en una sala oscura para sentir lo mismo que en cualquier atracción del parque Warner? El cine, lo que yo entiendo por cine, son los sentimientos y las ideas de personas que no saben expresarse de otra manera que no sea a través de la imagen en movimiento. Autores que reflejan su forma de ver la vida con parábolas. Que nos tocan el corazón con secuencias, gestos, frases, imágenes. Que nos hacen reir y llorar desde el epicentro de nuestras emociones. Para mi el cine sale de las mismas entrañas. Lars Von trier debería recuperar el movimiento dogma. Necesitamos algo de profundidad entre tanta joya de plástico.

Mientras tanto seguiremos disfrutando de grandes títulos aunque no salgan en las listas de mayor recaudación del año, acudiendo a cines en versión original, charlando acaloradamente sobre que le escribió Otto a Ana en aquel avión de papel, defendiendo que Divine se comiera una mierda, indignándonos porque tal película no se estrenará en España. Me dicen que me tomo muy en serio esto del cine y el arte y el entretenimiento y el me gusta Tom Cruise y adoro a Renoir. Como no me lo voy a tomar en serio si el cine es mi verdadera pasión, mi único amor verdadero. Si Truffaut levantara la cabeza… No sean crueles, no traten a este arte como a un payaso que les ameniza una fiesta de cumpleaños.