MacGuffin de mi vida y mi corazón

“La palabra procede del music-hall. Van dos hombres en un tren y uno de ellos le dice al otro “¿Qué es ese paquete que hay en el maletero que tiene sobre su cabeza?”. El otro contesta: “Ah, eso es un McGuffin”. El primero insiste: “¿Qué es un McGuffin?”, y su compañero de viaje le responde: “Un MacGuffin es un aparato para cazar leones en los Adirondacks”. “Pero si en los Adirondacks no hay leones”, le espeta el primer hombre. “Entonces eso de ahí no es un MacGuffin”, le responde el otro.”
El cine según Hitchcock, F. Truffaut.

Existen momentos en nuestras rutinarias existencias que nos hacen avanzar hacia alguna parte. ¿No tienen la sensación de que uno nunca puede estar tranquilo? Es algo así como los gastos de la casa. No basta con tener claras las cuentas del alquiler, las facturas y la comida, siempre surgen imprevistos. Como me gusta creerme que vivo en una película romántica (que no comedia romántica, yo soy más europea para estos menesteres) a esta serie de inesperados acontecimientos me gusta llamarlos mis Macguffins. Esta palabra fue inventada por Hitchcock para definir a aquellos objetos que hacían avanzar la trama, sin ser sumamente importantes en la historia, y fácilmente intercambiables. “En historias de rufianes siempre es un collar y en historias de espías siempre son los documentos”

En nuestras vidas los McGuffins son miradas lascivas, llamadas de teléfono, una oferta de trabajo, un nuevo follower en twitter, un “lo siento, ya no te quiero”. Pequeñas sorpresas que hacen que nos replanteemos las respuestas a las eternas preguntas del hombre, le echemos un par de cojones y decidamos hacer lo contrario a lo que el 90% de nuestros familiares y amigos esperan de nosotros.

Hay escenas de películas por las que moriría con tal de sentirlas en mis carnes.

Imagino que en mi niñez algún compañero de clase hubiera llenado el patio de aviones de papel con la pregunta de amor que todos nos hacemos. Haber sido el círculo donde se sentía atrapado, como Otto en Los Amantes del círculo Polar.  Que hubieran tenido que dar la vuelta al mundo para ser capaces de cruzar la acera por culpa de mi recuerdo o me besaran mientras duermo, como en My Blueberry Nights. Aún sigo sin saber que tiene la tarta de arándanos que nadie quiere comerla si la de chocolate se muestra a su lado. Que se operaran la cara por mi, para darme una imagen nueva y parecerme de nuevo atractivo como en Time, o se corten los brazos a pesar de dedicarse a lanzar cuchillos, como en Garras humanas. Que le destrocen la cabeza a un tipo en el ascensor en nuestra propia cara, como en Drive. Que se casen por la Iglesia aun estando totalmente en contra de esta organización, como en El hijo de la novia. Que se enterasen de que van a morir y me buscasen un nuevo marido para mi y mis hijos antes de dejar el mundo. Si, mi vida sin mi. ¿Se imaginan? ¿Cualquiera de estos acontecimientos no cambiaría su vida entera?

Estas y otras escenas me torturan y me dan la vida a partes iguales. Completan el círculo de las razones de mi locura. Sí señores, sí. Añoro todo lo que ocurre de manera ficticia en 16:9. El romanticismo murió con los duelos al sol. ¡Salta por la ventana, valiente!