Los chinos no necesitan ver la televisión (Golpe en la pequeña china, 1986. John Carpenter)

“Todas mis películas son acerca de mundos extraños, mundos a los que nunca podrías ir a menos que los construyas y los reproduzcas en una película. Eso es lo que de verdad me importa de las películas: ir a mundos cada vez más extraños.” David Lynch.

Continuo creciendo ávido de historias, me vanaglorio con las victorias de personajes afines y sufro cuando caen derrotados. Insaciable, devoro las conflictivas situaciones concebidas desde una hoja de word, transmitidas bajo el mimetismo de un actor y adaptadas desde la sensibilidad de un director. Aun seguiré nutriéndome de vidas ajenas, pero: ¿Acaso no lo hacemos todos?

En la era de la información, es sencillo encontrar buenas historias a cada paso. A todos aquellos que no renuevan su estado de ánimo con cine, lo hacen con un artículo en el periódico, una entrada en un blog, un reality show o un chismorreo en el rellano. Como el café en la mañana, necesitamos una buena historia que colme el vacío de nuestro día a día.

Ya desde niños, somos educados con canciones de cuna y cuentos folclóricos. Principalmente bajo el influjo del miedo, estas historias nos enseñan los valores básicos de nuestra sociedad. Aunque la moraleja final sea imperecedera, las narraciones de estos cuentos viajan de boca en boca, creándose nuevas versiones alternativas con cada una de ellas. Pedro mintió y el lobo devoró sus ovejas. Caperucita confió en extraños y acabó devorada por otro.

Mi madre suele contar (a la mínima oportunidad), que siendo un bello querubín me era muy difícil conciliar el sueño. Entre sollozos, me despertaba a lo largo de la noche. Yo lo veo como algo natural, teniendo en cuenta que probablemente mis padres invocasen al “Lobo” con el ritual de una canción de cuna.  <<Me mantendré despierto para cuando llegue el cabrón. Esta bestia no me pilla desprevenido>>, debí pensar. Un año después nació mi hermano y cesaron los sollozos. También algo natural, pues nos turnábamos la guardia.

Los mitos y leyendas que nos llegan desde el continente asiático son más aterradores, más aun si cabe. De las historias de terror chinas se desprenden personajes tales como emperadores de los cielos, demonios, hechiceros o magos negros. De todos es sabido que al pronunciar coloquialmente la frase hecha “un cuento chino”, nos referimos con ello a una mentira sutil e ingeniosa. Con esta expresión, damos a entender, de una forma indirecta, que los infinitos cuentos fuera de las fronteras chinas se consideran reales. Y esto no debería permitirse, pues quien se creería en su sano juicio el cuento de los tres cerditos. Extrapolando el cuento a la realidad que nos ocupa, al tercer cerdito le sería harto complicado retener su vivienda. El lobo interpretaría el papel de banquero y el pobre cerdito sería desahuciado y destripado de su alma porcina. Exijo con esta reflexión la readaptación de su moraleja.

Muchos chinos escuchan estas fabulas de niños, y cuando crecen hacen como si no las creyeran. Entonces, ¿Son reales? Lo son, al menos, en el mundo de John Carpenter. Golpe en la Pequeña China es un cuento que trata de una antigua armada de muertos, de La Ciudad Espíritu y de sacrificios de monos. Trata sobre la victoria del Primer Emperador Soberano de China (monarca loco que regía los siete estados en guerra) sobre Lopan y el horrible maleficio que le impuso allá por el 272 A.C. Este es el cuento que deberá creer Jack Burton (Kurt Russell) sí quiere recuperar su camión robado por las bandas de la Pequeña China de San Francisco.

Me resulta muy doloroso pensar en vivir solo una vida dispuesta en un tiempo ineludible. En cierta medida, envidio el trabajo del actor que como Sibila Vane (El retrato de Dorian Grey) interpreta un rol diferente cada noche de actuación. Es Julieta la primera, Rosalinda la segunda e Imogenia una tercera. Sería excitante vivir cada noche siendo una persona diferente, siempre y cuando enriquezcas con ello la tuya propia. Las historias en el cine nos hacen serlo en mayor o menor medida, consiguiendo encerrar el alma de personas y lugares que no conoceremos jamás. Una noche viajas al Imperio Romano y otra recorres los anillos de Saturno, en una destruyes ejércitos de esqueletos con una escoba de fuego y en otra vigilas las calles junto a Batman.

Históricamente, las grandes civilizaciones que han poblado nuestro planeta buscaron en las estrellas las soluciones que crean los diferentes enigmas de nuestro mundo. Pero, ¿Por qué buscar en estrellas y mundos lejanos, si dentro del nuestro, aún quedan otros por analizar? Los directores como Carpenter, y como bien define Lynch, nos enseñan alguno de esos mundos extraños que no podríamos explorar sin cine.

RUSELL

LOPAN

BICHO