Usted será lo que quiera usted que sea

“Es como si estuviera fuera de la película” dijo alguien con la boca llena de palomitas y unas gafas con cristales en tonos verde y rojo.

Quiero que me subtitulen y con ello lograr hablar con el mundo entero en mi idioma original. Quiero estar bañado en blanco y negro. Quiero ser Delon o Mastroianni y experimentar una excitante aventura en una noche de eclipse con Monica Vitti; y poder así incomunicarme con ella y enmarañarme en su voluminosa melena. ¿Para qué quiero que los personajes de una película invadan la sala, si lo que quiero es entrar en ella?. Y lo hago cada noche durante dos horas.

Recuerdo un debate entre amigos y compañeros de aula sobre el rumbo fijado por la industria cinematográfica Yankee. La reunión (pre-Avatar) pretendía ser un enriquecedor intercambio de ideas sobre la implantación de la tecnología 3D a nuestro amado cine. Ya veis, como si de nosotros dependiera. Y claro, lejos de ser cordial y moderada, acabó a hostias. ¿Por qué coño poner un implante de pecho a quien ya tiene una 120?, pensaba para mí. Y es que este tema nos enciende y nos divide en dos facciones bien diferenciadas.

Yo me mantuve fiel a mi estilo. Como el tema me aburría soberanamente, decidí enfrascarme en mi íntimo mundo de fantasía en busca de una reinvención del cine; tal y como hacen en Yankeelandia. Para llegar a un final satisfactorio, comencé pensando en las inquietudes de la audiencia potencial a las que va dirigida la tecnología 3D y acabé diseñando un innovador concepto de sala de cine.

Entre el alboroto de la discusión recordé uno de los grandes géneros de la literatura infantil, y este no es otro que “Los libro-juegos”. ¿Recordáis aquellas “magnificas” narraciones donde tu elegías el rumbo de la historia? ¿Y que pasaba si no te convencía su final? Pues nada, elegías el otro camino y listo. Imaginaos este concepto adaptado al cine. Lo llamaremos El cine-juego.

Siguiendo esta idea, todas las exhibidoras deberían adaptar una de sus salas para la correcta proyección del cine-juego. Cada butaca incluiría en su apoyabrazos un mando básico de toma de decisiones y, a lo largo del metraje, tres serían las decisiones a tomar. El fallo de los espectadores se computarizaría en el acto y la secuencia elegida democráticamente por la sala sería proyectada. Para poder vender el producto a los demonios de Hollywood, los cuales solo entienden de cifras, necesitaría saber que pagaría un espectador que quisiera ver el film en su totalidad (siempre y cuando la sala elija la secuencia que no vio la noche anterior). Siguiendo las bases establecidas de tres decisiones por película (teniendo dos opciones a elegir en cada una de ellas) y sabiendo que tu decisión no será vinculante en el desarrollo de la historia, sino que independientemente de cual sea tu primera elección, esta siempre te llevará a la segunda (por consiguiente, la segunda te conducirá a una tercera) podría sacar un total de ocho diferentes caminos hasta llegar a los créditos finales. Tiembla Ridley Scott, ésto es el autentico montaje del espectador. El desembolso de un espectador que quiera disfrutar de todas las secuencias rodadas ascendería a la nada desdeñable cifra de ochenta pavos. No esta mal. Cuando el 3D muera, de seguro que se desarrollará esta idea. ¿O ya está en camino? Me explico.

El nivel tecnológico de la industria del videojuego avanza en concordancia al desarrollo dramático y emocional de grandes títulos que han llegado (Heavy Rain) y que faltan por llegar (Beyond: Two Souls). En especial, hablo del género bautizado como drama interactivo o película interactiva y de la empresa que los desarrolla -Quantic Dream-. El equipo de esta empresa, parafraseando al responsable de estos proyectos, “convierte lo real en virtual y de nuevo lo virtual en real”. La historia se trabaja como si de un guión de cine se tratase (un guión de 800 páginas), cuentan con actores profesionales y tratan de rodar en planos secuencias con la intención de obtener un mayor rendimientos de ellos. Incluso en ‘Beyond: Two Souls’ trabaja una nominada al Oscar, Ellen Page (Juno). El realismo y las cotas emocionales de este género son tales, que te parece estar jugando una película. No hay mapas, ni líneas de vida. Si estas películas ya se pueden jugar desde casa. ¿Cuánto tiempo tardarán ambas industrias en aunar fuerzas?

La industria busca dar cada vez más facilidades al espectador mayoritario, a ofrecerles altas dosis de espectáculo con sentimentalismo barato. Si la industria, y no tardará en darse cuenta, pudiese facilitarles incluso el libre albedrío del personaje, el cine evolucionaría hasta no parecerse a sí mismo. Un futuro concepto. Un concepto muy seductor. Usted será lo que quiera usted que sea.

Aun con todo, no hay miedo a perder una parte de cine, porque no es nuestro cine. No hay miedo a perder estas salas de cine, porque no son nuestras salas de cine.

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