Las identidades ocultas se albergan en una taza de café (Diamond Flash, 2011. Carlos Vermut)

CAPÍTULO 1: LOS CÓMICS

Me encontraba tan eufórico, tan lleno de energía, que en cierta ocasión creí poder acumular todo ese ki en las palmas de mis manos. Así que las uní por las muñecas y formule la palabra mágica, ¡¡KAMEHAMEA!!. Hecatombe total. Durante años mi padre me agarraba de la cintura y me alzaba surcando los cielos. Una mañana me ajusté mi traje de Superman y decidí lanzarme desde lo alto de una silla de comedor. Tanto adiestramiento merecía una recompensa. Tengo que aprender a volar solo, me repetía. Otro fracaso estrepitoso. También recuerdo mi bello erizado al ver un cubo enorme de sangría, por miedo a caerme dentro y salir gordo y pelirrojo.

Tantas decepciones en tan corto espacio de tiempo tenían que dar paso a momentos de relajación. Yo los encontraba en el número 2 de la serie amarilla de Dragon Ball. Bulma sale de la ducha y deja que veamos sus pechos. Momentazo. Ella fue y sigue siendo mi gran mito erótico.

Todo lo descrito es solo ficción y todos ellos personajes de comics. Nunca podré volar ni tener una cita con Bulma, pero me reconforta pensar en las palabras de una amiga al afirmar que le parecía que Simba estaba bueno. Ella si lo tendría jodido.

CAPÍTULO 2: LOS SUPERHÉROES

Dentro de los cómics, el género de Superhéroes nunca quedó integrado dentro de mis predilecciones. Necesito algo más que un acertijo y una resolución con piruetas.  Necesito sentir el pavor real de una persona al tropezarse con un villano, la ansiedad al estar colgado de un puente o las secuelas psicológicas que produce el trauma de ser salvado en una situación extrema. Necesito observar la imperfección humana o sobrehumana del Superhéroe, por encima de la propia acción. Necesito notar la imprevisibilidad de la narración y la complejidad de los personajes. Pero sobre todo necesito que los Superhéroes sean justos y nunca lo son. Ellos se enfrentan a situaciones más complicadas que un villano con ganas de destripar almas, se enfrentan a códigos de conducta autoimpuestos y adaptados a la realidad que les ocupa.

CAPÍTULO 3: LA PÉRDIDA DE SIGNIFICADO DE LAS PALABRAS

En ocasiones pienso en crear un idioma desde sus cimientos. En crear palabras que no existan para un mejor entendimiento. No me refiero al Kinglon o al Sindarin y tampoco a aquel donde se reemplazan las vocales por la i. En estos ejemplos citados, no me sería complicado, con intérprete de por medio, comunicarme con un humanoide, un elfo o una niña con acné y brackets. Mi fantasía reside en el hecho de envejecimiento del original significado de las palabras. ¿Creen ciegamente en las definiciones que implanta la RAE o por el contrario creen qué esas definiciones han quedado obsoletas, o qué son utópicas o qué nunca existieron?

En la novela 1984, la neolengua reduce el idioma con fines represivos. Son los poderosos quienes modifican el léxico para manipular al pueblo. Esto no es ciencia ficción, esto ocurre. En la novela Muerte de la Luz el amor y la amistad carece de significado para los Kavalar, los cuales utilizan otros conceptos inquebrantables, mucho más cercanos al concepto original de estas palabras. ¿Porque conceptos tan básicos y universales pierden valor cuando son escupidos con ligereza?

CAPÍTULO 4: LA JUSTICIA

Sería fácil ojear la definición de los académicos, pero no saldríamos de dudas. Esta gran palabra contempla diferentes apreciaciones sobre su concepto en cada uno de nosotros. ¿Cómo es que cada persona valora un término de diferente forma? Pongamos un crudo ejemplo:

Una niña de ocho años es violada y asesinada por Cara de Barro. La madre de la victima llora por su vástago y pide justicia, así que Batman entra en acción. El Superhéroe lo detiene y lo entrega a las autoridades.  Estos, a su vez, lo encierran en Arkham. Esa sería la justicia en Gotham City, en Texas habría sido condenado a pena de muerte, en el S.XV la Inquisición Española haría rodar su cabeza previa tortura. En todos los casos se lo llamaría justicia, pero nada de ello lo sería. Solo en el ojo por ojo obtenemos el verdadero valor de justicia. Porque es equitativo. Entonces, habría que urdir un plan para que Cara de Barro engendrase una hija y cuando esta cumpliera la edad de la victima, violarla y matarla. Esto sería inmoral, vengativo y repugnante pero aun así, sería el máximo exponente de justicia. Haría sentir a Cara de Barro la misma aflicción que padece la madre.

CAPÍTULO 5: DESTELLO DE DIAMANTE

Los Superhéroes no juzgan, de eso se ocupan las autoridades pertinentes de cada época. Su verdadero cometido es salvar las vidas de personas inocentes, de hacer cumplir sus deseos y necesidades. Carlos Vermut se coloca el disfraz para hacer de Diamond Flash todo lo que necesitaba del género y nunca tuve. ¿Pero en realidad creo que este es el género de la película?

Cuando una película nace en lo underground y llega a adquirir tal dimensión, vivirá mucho más abajo. Logrará atravesar las diferentes capas terrestres para chocar contra el núcleo. Y cuando vives en el núcleo, puedes hacer tambalear la propia superficie.

Diamond Flash es cine sin restricciones, sin voces desautorizadas que te limiten, sin presupuestos inflados, sin interminables fases de producción. La película ya no hace replantearse el concepto de industria, si no que enseña a crear una paralela. Este metraje debe inspirar una evolución en el modelo de cine patrio, donde el cine sea lo primordial por encima de los colegas, e internet una herramienta fundamental para que esto siga siendo posible.

CRÉDITOS:

Gracias a mi hermana y a su taza de los Beatles por hacerme comprender la película.

Diamond Flash, 2011.
Carlos Vermut.
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