Mis Domingos Vol.10

descalzos

– Dar la bienvenida al día con esa brisa de aire fresco llamada Feist acompañada de esa maravilla llamada Kings of Convenience.

– Retomar uno de los libros aparcados en la mesita de noche: Una mujer difícil de J. Irving. Libro que sabe a la mejor tarta de zanahoria de toda la Condal, aquella que te servían en el desaparecido y coqueto Olivia café. Cafetería que tenía una caja de tesoros donde vendían joyas literarias a precio de paquete de chicle. Este Irving y un Amos Oz al que le debo una dedicatoria y ensobrarlo con destino a la capital, son de esa cesta.

– Alternar copas de albariño con risas en una barra de bar, arreglar medio mundo y desordenar el otro medio.

– Comer cualquier cosa con medio bote de mostaza de trufa.

– Dejar que coja temperatura el helado en la mesita a pie de butaca mientras paseas por Barcelona devorando páginas de Caligrafía de los sueños. Hincar la cuchara en esa locura con nueces de macadamia. Aparcar el libro. Olvidarte de él.

– Silenciar los móviles, poner el primer capítulo de House of cards.

– Soñar con empapelar toda una pared con portadas del The New Yorker, calentarle la cabeza al hombre de la casa con la obsesión.

– Tomar nota que para los próximos Reyes quieres pedir un mínimo 20 años, que dice el bolero que no son nada, en el papel alocado de Jane Fonda en Descalzos por el parque. Me niego a ser una camisa almidonada toda una vida.

– Desmaquillarte en el tocador y acompañar las pociones mágicas con un poco de Iron & Wine, mientras suena Love Vigilantes sólo te puede decir cosas bonitas el espejo.

– Irte a la cama muy bien acompañada de Un tal Lucas y un tal Cortázar.