Un instante en la vida ajena, 2003. Jose Luis Lopez-Linares, Javier Rioyo.

En la era de las redes sociales, los nombres falsos, los perfiles múltiples y los sextuiteros, hay algo extrañamente familar a la película ‘Un instante en la vida ajena’: A principios de los años 80, Madronita Andreu, última de una estirpe de la burguesía Catalana de ‘La Ciudad de los Prodigios’, hija del Doctor Andreu (Sí, el de las pastillas para la tos), quiso pasar a video sus películas familiares. Más de 50 horas editadas. Desde 1922.
Representaciones teatralizadas, eventos sociales, escenas cotidianas, y un marido y tres hijas completamente hartas, son el legado cinematográfico y vital que deja Madronita a lo largo de seis décadas de vivir a través de una cámara. Sin pretensiones artísticas pero con una dedicación y una constancia que ya quisieran para sí muchos de los que se autodenominan “Cineastas”, a partir de los años 40, la artista desaparece casi por completo de sus propias películas; Max Klein, su marido afirma no recordar haberse subido a un avión, en sus innumerables viajes por el mundo, con ella, ya que uno tenía que filmar el ascenso del otro por las escalerillas, esperar, intercambiar los papeles, y ser filmado del mismo modo repitiendo la secuencia. Madronita lo rodaba TODO. Cada día de su vida. Ignoro qué estaría dejando fuera de la mesa de edición; puede que lo mejor…
Fascinante Documental sin un minuto de desperdicio, ‘Un Instante en la vida ajena’ nos puede recordar a las impactantes (En su día) ‘Grey Gardens’, ‘Lance Loud: A Death in an American Family’ o ‘Capturing the Friedmans‘, quizá algo a los cortometrajes españoles ‘Dreamers’ o ‘Una historia para los Modlins’, pero, y definitivamente, entronca en su esencia con el Internet social actual: Las cosas no tenían sentido si no las filmaba – Tuitear lo bien que te lo estás pasando; construyó una realidad feliz – Poseer un fascinante perfil de Facebook, Tumblr o Instagram; la gente pasa, pero las películas quedan – Vivir poco, durar mucho, y dejar una huella digital imborrable…

Pero incluso, con la práctica y los años, Madronita Andreu desarrolló un estilo cinematográfico propio; teniendo en cuenta que sus maratonianas sesiones de rodaje (Las 24 horas del día, todos los días) le impedían ver cine o televisión, se le puede considerar una pionera del Lenguaje Cinematográfico autodidacta, dominadora del arte, del encuadre, la iluminación y el propio montaje: La D.W. Griffith de Sarriá, que componía paradojas y creaba un metalenguaje como Dziga Vertov, y, por otra parte cotilleaba cada expresión y acción de sus hijas/víctimas como la reportera de un programa del corazón (hasta que, lógicamente, huyeron de su lado).

Una vida que merece un documental propio no puede ser una vida desperdiciada (Si exceptuamos a Hitler, Stalin y gente de esa calaña). En 2005, rodé las últimas bocanadas de recuerdos de Pepín Bello, el mejor amigo en la Residencia de Estudiantes de los años 20 de Buñuel, Lorca, y Dalí. El cuarto, “El hombre que nunca hizo nada”, con el que más identificado me sentía… Había vivido una vida inane desde 1936 (Aproximadamente), pero sus años jóvenes merecían ser contados. Prefirió no hacerlo, no vivir. Aquel documental, por lo que fuera, nunca vió la luz. Aunque conservó las cintas.

Esto me recuerda que ahora escribo sobre cine, veo cine, tuiteo cosas de cine, pero no hago cine. Vivo en casa de mi madre en un estado de espera latente a “nosesabequé”, mientras dejo el tiempo pasar, los años escaparse… Todo hace indicar que, si algún día recobra su fuerza el cine documental de la primera década de siglo XXI sobre fracasados (Los ya mencionados, ‘The Pink Floyd and Syd Barrett story’, el algo anterior ‘Crumb’, ‘The Devil & Daniel Johnston’, etc.), puede que mi vida interese… Lo dudo. Por si acaso, yo construyo cada día un perfil en una Red Social, sin mi nombre ni rostro auténticos, que me edulcora la existencia.

‘Un instante en la Vida Ajena’ se circunsribe a esta efímera moda cinematográfica (más vieja aún que los ‘Juguetes Rotos‘ de Manolo Summers, por otra parte) que murió con el crecimiento exponencial de las tecnologías de la información y los “revivals” del malditismo… Pese a todo, las imágenes de Madronita abren las puertas de un mundo desaparecido. Buscadlo. Ese mundo y el documental, que no es fácil.