Cine de culto familiar por Borja Cobeaga

El script conoció a Borja Cobeaga en el rodaje de Pagafantas. Una tarde invitó a parte del equipo a escoger una película de su filmoteca familiar. Aterriza como puedas está especialmente manoseada, me sorprendió que ¡Socorro, ya es Navidad! estuviera tan a mano en aquella tremenda estanteria. “Son nuestras películas, las películas de culto de mi familia” me aclaró. “Cuéntame más” añadí.

Si en una comida familiar alguien dice “podría ser peor” sé positivamente que al otro lado de la mesa lo rematarán con un “podría llover”.

Es imposible que un miembro de mi familia diga de forma aislada “adúltero”. Siempre será bajo la fórmula “adúltero lascivo”.

Y si mi padre pide otro café lo normal es que uno de mis hermanos suelte: “Qué raro, en casa nunca toma una segunda taza de café”.

Las películas forman parte de la vida cotidiana de muchas familias. En mi caso, los diálogos tantas veces escuchados en ‘El jovencito Frankenstein’, ‘¿Qué tal Pussycat?’ o ‘Aterriza como puedas’ se cuelan a la mínima ocasión en nuestras conversaciones diarias. No son necesariamente las mejores películas las que nutren los chascarrillos de mi familia. Sólo hace falta que la hayamos visto muchas veces, normalmente todos juntos y que alguna tontería nos haya hecho gracia.

Por ejemplo, en mi casa las películas de Chevy Chase y su familia yendo de vacaciones son títulos de culto. Sobre todo ‘¡Socorro! Ya es Navidad’, aquella donde los Griswold tienen tendencia al horror vacui en cuanto a la decoración navideña, reciben en tan señaladas fechas a unos parientes bastante zarrapastrosos y un gato se electrucuta con las luces del abeto de Navidad. La peli apesta pero ha establecido tal vínculo dentro de mi familia que díle a mi madre que no es una maravilla. Te deja sin comer ensaladilla rusa. Y la ensaladilla rusa de mi madre es muy buena.

 

 

Supongo que todo empezó con un acto de protopiratería. Hacia el año 1987 el mayor signo de riqueza material era tener dos magnetoscopios. Lo sé porque la leyenda urbana que rodeaba al mendigo más famoso de San Sebastián, Txantxillo, era que en casa tenía dos videos. Mi familia no tenía dos videos. Sólo uno. Y mi tío tenía otro, pero en Bilbao. Mi madre, gran aficionada al cine y ya mencionada en este blog, estaba convencida de que con el cable de antena se podía conectar un aparato a otro y así grabar lo que uno de ellos reprodujera. Así que aquellas navidades metimos nuestro VHS donostiarra en la maleta para ver si hacía buena pareja con el Betamax bilbaíno de mi tío. El plan, que llevábamos rumiando en los desayunos, comidas y cenas desde octubre, consistía en alquilar diez películas en el videoclub de El Corte Inglés (el mayor de Bilbao en aquella época) y hacer una copia de cada peli para nuestra colección personal. ¿Por qué 10? Porque ése era el límite de alquiler de películas de una sola vez. Decidir esa decena de títulos resultó ser uno de los momentos más complicados para la familia Cobeaga-Eguillor. Cada uno elegimos 5 pelis y el resto se consesuaron. Aparte de las mencionadas ‘¿Qué tal Pussycat?’, ‘Aterriza como puedas’ y ‘El jovencito Frankenstein’ la lista común se completaba con ‘Un genio con dos cerebros’ y ‘Toma el dinero y corre’.

‘¿Qué tal Pussycat?’ es una película bastante mala. Y eso que el ‘Casino Royale’ paródico que parte de su equipo rodó justo después es aún peor. Woody Allen firma el guión de “Pussycat” y se ha desentendido del resultado en múltiples ocasiones. Eso sí, la película contiene algunas secuencias memorables, como la que reúne a Woody Allen y Peter Sellers cuando éste último está intentando suicidarse. Ahí Sellers cuenta algo que no cesaba de repetirse en el salón de mi casa:

–  Y mi padre, el más famoso oftalmólogo de toda Viena, después de dejar ciega a media población, dijo: “Pues no sé de qué se quejan porque total, para lo que hay ver”.

 

 

Seguramente tanto ‘Aterriza como puedas’ como ‘El jovencito Frankenstein’ son películas de culto en muchas familias. Son dos de las mejores comedias jamás rodadas y están pobladas de tantas frases célebres que no forman parte de mi patrimonio familiar sino del de todo el mundo. “Elegí mal día para dejar de esnifar pegamento” o “Revolcarse por la paja, qué divertido” son latiguillos de interés general.

 

 

Menos predicamento tiene una película que escribió y protagonizó Steve Martin bajo la dirección de Carl Reiner. ‘Un genio con dos cerebros’ es loquísima, una comedia demencial. En mi casa hacía mucha gracia que ningún personaje de la peli fuera capaz de pronunciar el apellido del protagonista. el doctor Hfuhruhurr. Repetimos ese complicado nombre hasta la extenuación. De hecho nos llamamos Hfuhruhurr unos a otros. Resultó curioso ver que en ‘Two much’, la película de Fernando Trueba, había un personaje llamado así. En una entrevista, Trueba desveló que ‘Un genio con dos cerebros’ era una película de culto en su familia, por lo que decidió bautizar un papel con Hfuhruhurr. Al fin y al cabo, mi familia no estaba sola. Había otras que sabían valorar la gracia de esta película.

 

 

Hacía mucho que no veía ‘Toma el dinero y corre’ de Woody Allen y temía que el recuerdo de disfrutarla en familia echando unas risas fuera mejor que la peli en sí. Temor infundado. La primera película de Woody Allen contiene algunos de los mejores gags hechos para el cine (la pistola de jabón, la cadena de presos acudiendo juntos al servicio,  los padres con gafas de coña) y gloriosos diálogos que afloran en cualquier reunión familiar. Si la palabra “revólver” surge en una conversación, recordaremos la nota llena de faltas de ortografía que Allen entrega a la cajera de un banco en su intento de atraco: “Le estoy apuntando con un alvolver. Atuce con naturalidad”.

 

 

Mi madre se empleó a fondo para que fuéramos una familia cinéfila. Alguien que cuando le da un tirón dice “me ha dado un Tyrone Power” o acude al refranero con reinvenciones como “Contra pereza, diligencia de John Ford” tiene que ser por fuerza una apasionada del cine. Crecer en ese ambiente es una gozada, os lo puedo asegurar. Las chorradas de las comedias que veíamos desde pequeños nos unieron y forman parte de nuestra memoria sentimental. Imagino que en toda familia habrá películas que toquen esa fibra, que formen parte de las vivencias en común… La verdad es que este texto ha quedado bastante navideño. Me recuerda a aquel especial villancicos que Carlos Pumares hizo en “Polvo de estrellas” en pleno mes de agosto…