Hazles reir: “Bola de fuego”,1941. Howard Hawks

No me neguéis nunca el placer de ponerle a alguien una película por primera vez.
Fue intencionado, con la única y firme decisión de escribir ésto que leéis…
Carcajadas.
Auténticas carcajadas desde el minuto dos. Una persona habituada a las series, al cine contemporáneo y comercial, y yo le enchufo Bola de Fuego, del 41, y me quedo tan ancho.
Sé cuándo va a sonreír. Le señalo la pantalla en momentos clave: No me hace falta tomar notas, sé lo que va a pasar. Durante dos horas olvida el móvil, la necesidad de credibilidad en el argumento, olvida que no tiene ni un duro y que a veces le hago la existencia imposible…
… Y sí, la crisis. Olvida la puta crisis. No quería mentarla, pero es necesario.

A veces se tacha al cine estadounidense, en una generalización absurda, (como todas), de superficial y repetitivo en fórmulas, temas, tramas, etc. Y no seré yo el que lo niegue. Pero tan sólo quería recordar que, también, durante la larga y durísima “Gran Depresión” de los años treinta, se cimentaron, en mi opinión, las mejores y más sofisticadas, ágiles y divertidas, comedias de todos los tiempos: Las llamadas “Screwball Comedies”.

La Fiera de mi niña‘, ‘Vive como quieras‘, ‘El Bazar de las sorpresas‘, ‘Historias de Filadelfia‘, ‘Ninotchka‘… La lista es enorme, y éso que no incluyo a los Hermanos Marx, gloriosos, con dos o tres títulos irrepetibles… Aquella, la comedia enloquecida, casi siempre de teléfono blanco y ‘Alta Sociedad‘ fue la respuesta de la aún jóven Industria de Hollywood a la peor situación de su país desde la guerra civil. Y la gente acudía en masa a los cines. Gente de todo tipo, rango y condición, llenaba palcos, antepalcos y gallineros de gigantescos “Theatres” con el fin único de divertirse. Y puede que olvidar, durante un rato, su mísera existencia.
El cine como entretenimiento puro y duro, sí.
Porque, a veces, la realidad es demasiado cruda como para hurgar en la herida.
(También estaban los “fachones”* como John Ford, que hacían ‘Qué verde era mi valle‘ o ‘Las uvas de la Ira‘ para maldecir a los poderosos, pero es que siempre tiene que haber gente para todo…)
Y no entraré en juicios de valor sobre el tema, aunque sé que es susceptible de largos debates… Sólo os hablaré de siete ancianos sabios recluidos, cual enanitos, en un hogar aislado y estricto durante ocho años con el fin de redactar una enciclopedia. Hasta que, preocupado por su desconocimiento sobre la “jerga” de las calles, el más jóven decide salir por la noche. Y en un “Night-Club” de postín, conoce a una corista acosada por sus relaciones con un gángster, que no ve otra salida que refugiarse en…

El resto fueron dos horas de risas compartidas. Es maravilloso hacer reir.
Y que tu amiga cante, durante dos noches seguidas, completamente despreocupada de sus privaciones, dolor y tristezas, “Drum Boogie”.
Porque quiso volverla a ver. A día de hoy, hasta tres veces.
Y eso me hace feliz a mí.

*Adjetivo utilizado durante una conferencia por un reputado y respetado director de cine para referirse a John Ford. Yo estaba allí.