Mejor que nadie sospeche que fuimos felices un martes. (“Fotografiando Hadas”, 1997. Nick Willing)

“Tener fe es tener alas”
J.M.BARRIE

“En un mundo paralelo, el del recuerdo, la imaginación y los sueños; el de la nostalgia perpetua en fin, tú conduces el coche azul desolación rumbo norte, y yo llevo la música y suenan Bowie, los Smiths y los Rolling, y como solo me conoces desde hace un mes pues te fías de mí del todo, qué coño; y vamos a celebrar la vida no soñada de los ángeles gastándonos todo lo que tengamos en los bolsillos, porque el mañana da igual, porque todo da igual, porque es 2002 y hoy cumplo 25 años; y no sé cómo acabamos en el Cantábrico, viendo las olas romper, bebiendo el mejor vino blanco y comiendo langostinos a la parrilla en un pedazo de restaurante que te cagas, porque una vez es una vez en la vida, y nadie nos la va a arrebatar…
… Y nos hacemos fotos tumbados en la arena de la playa, estamos tan hinchados de comida, de bebida y de gilipollez que nos da igual parecer unos payasos; Tú estas preciosa, yo anonadado: Es imposible ser más feliz, pienso. Tú ríes…
… Y cansados, al caer la noche, descansas a mi lado; Sí, tus manos, en mi costado; Y pongo una película que, directamente me han regalado en el videoclub porque la he visto diecisiete veces, y solo la alquilo yo, y ya les molesta en las estanterías, y tú no la conoces: Es “Fotografiando Hadas”.

“En un mundo paralelo, el del recuerdo, la imaginación y los sueños; (El de la magia del cine, en definitiva), dos niñas del pueblo de Clacktown ven hadas. –”Están entre nosotros y el más allá, son un aperitivo del cielo, el lugar donde cicatrizan las heridas futuras y se recomponen las grietas”– Las niñas juegan con ellas porque son niñas, y en “Fotografiando Hadas”, película en tres movimientos en Do mayor, sólo ellas y las cámaras las pueden ver.
Es el periodo inmediatamente posterior a la Primera Guerra Mundial. La mitad de la juventud Europea masculina ha muerto: No nuestro protagonista. A él se le ha muerto su mujer.
Su gran y único amor. En el viaje de novios. En un accidente estúpido.
Y, lógicamente, a él ya no le importa nada la vida.
(Como habréis intuido ya, ésta no es una película infantil).

Arthur Conan Doyle, la Sociedad Teosófica… Todos le hacen ser más escéptico y cínico aún… Las fotos del más allá siempre están trucadas, las sesiones de espiritismo son peores aún… De hecho, él mismo es un retocador de fotos “de consuelo” (Del modo rudimentario de la época, incluyendo manualmente, con tijera y negativo, a hijos o maridos muertos en fotos de familias rotas por la guerra).
Hasta que un día no encuentra el truco en una fotografía.
Las huérfanas de Clacktown ven Hadas, sí. Pero su cámara también…

Junto al “Gran Árbol”, las niñas disfrutan de un placer que sólo su condición infantil les puede dar: Ver y jugar con los seres que viven entre éste y el otro mundo. En un ritual pagano, ofrecen a su madre muerta objetos que necesitaría en el más allá. Y las hadas se los llevan.
Pero es injusto… ¿Por qué sólo ellas?¿No se lo merece también nuestro trucador desesperado, desesperanzado, sin fe?¿Nadie le puede ayudar “a visitar un minuto el pasado”?
Puede que…
Puede que sí. Junto al árbol crecen las flores que hacen que, incluso los adultos- Ya en otra fase de la vida, comparable a la muerte (El fin de la sensibilidad deliciosa de la infancia)- las ingieran, enloquezcan, y las puedan ver.
También ellos.
Volviendo a ser niños, claro.”

“Así enloquecimos juntos… Tú por un breve periodo de tiempo, creo, no sé… El que acabó dañado fuí yo, ya lo sabes, no pasa nada… Porque no solo probé las flores: Me alimenté de ellas durante años. Se convirtieron en una suerte de “Flores del Mal”. Y, aunque también saboreé el cielo, quedé fuera de la realidad.
Fuimos felices un poco.
Pero el Verano acabó, y tuvimos que volver a hacer “cosas”.
Y empezó a llover.
Y ya no paró nunca”

“Suena el Vals increíble que Simon Boswell compuso para la ocasión. Nuestro protagonista está a punto de morir, pero aún puede ver la imagen de su amada en la orla de su reloj y sonríe: Sabe que va a reunirse con ella. Y no le importa nada más.”La vida continúa, ¿No?”
Ahora llega el Segundo movimiento de la Séptima sinfonía de Beethoven.
Nunca ha sido menos triste. Es, en realidad, expiatorio.
Porque con ella llega el ansiado fin”

“Acaba la película- Qué puta maravilla-, y tú lloras. Y yo creo que te quiero, y que todo ésto va a durar, y que la vida va a ser generosa porque , coño, nos lo merecemos…
PERO NO.”

En el mundo paralelo que finalmente decidí habitar y habito, el del recuerdo, la imaginación y los sueños; el de combinar como buenamente puedo la puta rutina y la magia de la imaginación a voluntad, esta película es una obra maestra. Lo es porque lo es para mí. Y sé que para ti. Y ahora soy capaz, pese al recuerdo, de que la vida que vivo ahora mismo se combine sin violencia en líneas, objetos, arrugas en mi piel, lagrimitas quizá… Con todo lo que te quise.

Pero sobre todo, con el mundo paralelo de “Fotografiando Hadas”.

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