Vagos (Oh Boy, 2012. Jan Ole Gerster)

Existe un tipo de hombre que resulta altamente atractivo a pesar de parecer un perdedor a primera vista. Es curioso que se trata de una personalidad contraria a lo que se suele considerar el macho alfa. ‘Oh Boy’ es la primera película del director alemán Jan Ole Gerster. Una película de personaje, donde la acción avanza poco o nada, pero en la que la interpretación de “joven romántico berlinés” de Tom Schilling atrapa al espectador en una atmósfera de surrealismo o en los escapismos de Niko para no enfrentarse a la vida.

Un acertado blanco y negro y algo de jazz en la banda sonora ayudan a comprender el vacío existencial del protagonista. Un tipo que no quiere hacer nada y por lo tanto no hace nada. Que abandonó los estudios, que sale huyendo de las camas en las que suelta esperma, que fuma y trata de ahogar penas en tazas de café servidas en distintos bares de Berlín. Digo trata de porque nunca hay café hecho o la cafetera está recién limpia con lo que el vodka asume su papel.

Después de ver la película ojeé varios reportajes en los que relacionaban la lucha interior del personaje de Niko con la situación actual en la que nos encontramos la generación de jóvenes con veintimuchos-treintaypocos años. Hablaban de existencialismo, la falta de oportunidades, el no saber a donde ir, etc. Todo esto está muy bien hasta que uno se adentra en el personaje y descubre la verdad. Seguro que habéis conocido a muchos de estos tipos; me explico: Resulta que es hijo de un hombre adinerado que le provee con 1.000€ al mes hasta que descubre que ha dejado la universidad. Ahora la película cambia, ¿falta de oportunidades? JA. Este personaje no refleja en absoluto la situación por la que muchos jóvenes tienen que pasar para sacarse una carrera o buscarse un hueco en el mercado laboral. Su problema “existencial” viene precisamente de todo lo contrario. Tenerlo todo le ha llevado a la desgana y la falta de motivación. Sólo le conmueve no poder conseguir un café caliente.

Existen antihéroes entrañables en el cine. El archiconocido Antoine Doinel, interpretado por Jean-Pierre Léaud, tiene un objetivo en Los 400 golpes: conocer el mar. Además es sólo un niño, no escoge vagar por París y mucho menos encontrarse con todas las verdades que van violando su inocencia a lo largo de la historia. La suerte ha sentenciado a Antonine. Más actual, el protagonista de Inside Llewyn Davis también se mueve para conseguir un fin, quiere recuperar su carrera musical después de que su compañero se suicidara. Tan sencillo como la vida misma: no es lo suficientemente bueno, como en alguna escena le hace saber algún productor musical. No recuerdo exactamente si era en ‘Factotum’ o en ‘Mujeres’, en la que Bukowski decía algo así como que no había mayor desgraciado como quien alaba a un artista sin talento y le anima a seguir intentándolo. Tampoco Llewyn Davis (Oscar Isaac) escoge su drama, incluso lucha para cambiarlo. Esta es la verdadera tragedia de nuestra generación. Riadas de gente caminando hacia un horizonte que se aleja con cada paso hacia adelante. Niko mordió la manzana. No tiene oficio ni beneficio pero si una cuenta bancaria con tres ceros cada mes.

Llegados a este punto comencé a recordar todos los tipos de este corte que he conocido a lo largo de mi vida y el polémico artículo sobre “Locas del coño” que publicaron en la revista GQ. Recordé el revuelo que se montó en internet y como se defendía que lo que habían descrito era un tipo de mujer con algún trastorno psicológico en concreto y que la cosa no tenía ninguna gracia, que no la tiene. La segunda parte fue contraatacar diciendo que también existía la versión masculina pero nadie lo describía. Bien, aquí lo tienen, Jan Ole Gerster los ha retratado perfectamente en su ópera prima. Jóvenes adinerados disfrazados de [escoja su profesión liberal favorita] que lloran porque nada les sale bien mientras sus padres pagan la universidad, idiomas en el extranjero, clases de padel, violín, Mac, coche, piso en Malasaña y que pueden perder la respiración mientras te relatan su mala suerte y lo mal que les trata la vida. Vamos, unos vagos.

Si nadie te sirve café, háztelo tú mismo.

Oh Boy!

Oh Boy!

Oh Boy