El amor es el único argumento posible (‘Stockholm’ y ‘10.000km’)

¿La crisis está en el cine o está en crisis el espectador? La semana pasada se estrenó un documental llamado ‘La pantalla herida’ que ahonda en las posibles razones por las que el cine español no levanta cabeza desde Berlanga, Buñuel, Juan Antonio Bardem, Alfredo Landa, Pajares y Esteso. No pretendo con este artículo filosofar acerca de como arreglar nuestra cinematografía, para eso y para arreglar el mundo ya tenemos los bares. La cuestión es que ha habido dos películas que han llamado gratamente mi atención: Stockholm y 10.000 km.

Antes de entrar en materia, me sorprende escuchar afirmaciones acerca de la calidad del cine español en gente que no va a ver cine español y que cuando lo hace es para ver caspa que existe en España y en todas las cinematografías del mundo, pero ni rastro de títulos tan destacables como los que nos atañen en las entradas de cine que guardan en sus carteras. No será porque no hayan tenido publicidad o se desconozca su existencia: Stockholm fue la ganadora del primer certamen de los premios Feroz y 10.000km de la última edición del festival de Málaga.

Afirmaba Truffaut que “el amor es el único argumento posible, el argumento de los argumentos… estadísticamente se podría afirmar que nueve de cada diez películas tratan del amor… Y no creo que sea suficiente”. Stockholm resume el amor de juventud – que no de adolescencia- . Ese que no es amor. Ese que busca satisfacer el deseo inmediato y que a la mañana siguiente se esfuma para darle la bienvenida a la resaca de turno. Javier Pereira y Aura garrido no son lo que parecen ser o son exactamente lo que parecen. Las calles del centro de Madrid y el piso del protagonista son testigos de los cambios de roles, de las mentiras, las locuras, los cigarrillos y las copas de Ginebra que conforman esta historia. Inmensos los primeros 20 minutos en los que Bartolo (Javier Pereira) trata de conquistar a una chica que llamó su atención en un garito cualquiera cercano a la Gran Vía madrileña. Como mujer que soy, no pude evitar recordar el bochorno y la vergüenza ajena que tantos desconocidos me han hecho sentir con números dignos de una barraca de feria, para arrancarte un beso o un revolcón clandestino. También hay quien se lo trabaja decentemente, todo hay que decirlo.

Un tema que siempre me ha apasionado es la sensación de frustración que debe producirse en quien es tomado por loco cuando denuncia una verdad. Quizá, el ejemplo de Sylvia Plath y su relación con Ted Hughes sea de los más acertados para esta premisa. La poetisa que aseguraba que su marido le era infiel, acabó protagonizando escenas de celos dignos de culebrón venezolano mientras todos la señalaban: Está loca. ¿Y si esa locura nació de la desconfianza justificada? ¿Qué fue antes el huevo o la gallina? Sé que pensarán que a cuento de que viene este párrafo. Si lo explicara claramente colaría un spoiler al lector que desconozca la trama que jamás me perdonaría. Aun así, les haré una pequeña confesión: me-vuelve-loca-buscar-el-amor-cuando-en-realidad-no-creo-en-el-amor-pero-si-creo-en-el-amor-porque-me-han-educado-en-creérmelo.

Volviendo a la cuestión… ¿Qué pasa cuando el show de apareamiento nocturno funciona? ¿Qué ocurre cuando te conquistan, te enamoran, disfrutas de una convivencia más o menos placentera y comienzas a diseñar planes de futuro para dos? 10.000 km muestra la soledad que convive con una pareja de dos personas que no miran en la misma dirección. Esta vez son Natalia Tena y David Verdaguer quienes reproducen la pareja treintañera tradicional. Maldito amor… Un día te ves haciendo planes con tu principe azul y al día siguiente recibes la llamada de tu vida, la oportunidad que hará que te realices como persona (que horror de expresión). El personaje de Natalia Tena debe escoger entre Romeo y su vocación… a 10.000 km de Romeo. Internet, con su Skype, su facetime y sus millones de aplicaciones y redes sociales consiguen mantener al día la vida de seres queridos separados por la distancia, pero no pueden suplir el calor de un beso, la tranquilidad de un dedo recogiéndote las lágrimas o el sexo con amor bajo unas sabanas más o menos limpias. 10.000 km es la historia de una pareja que comienza con la ilusión de tener un hijo y que acaba… bueno, mejor vean la película y terminen la frase ustedes mismos.

Si sois de los que detestáis el cine español, ved estás dos películas. Habrá que arriesgarse, como en el amor. Y si no, también.

A051_C010_0504WH.0001353

STOCKHOLM

natalia-tena-david-verdaguer-pellicula_araima20140329_0169_5