Rodar sin ser visto. (Tam Tam, 1976. Adolfo Arrieta)

La larga espera se mide gracias a las hebras consumidas de un cigarro. Si ese tiempo no basta, encienda otro. Me encontraba en una calle estrecha, en algún lugar de Chamberí, donde una docena de puntales metálicos reforzaban la maltrecha estructura de un edificio. Un coche de policía patrullaba la calle al ralentí. Frente a la puerta de ese edificio okupado, donde apoyado consumía el tiempo, el conductor disminuyó aún más la velocidad para mantener nuestras miradas en contacto. No existía ningún motivo para sospechar de mí. En realidad, yo solo quería ver una película. Una película fantasma que nunca pude encontrar por los medios habituales de exhibición. Ni salas de cine, ni filmin, ni edición en DVD, ni descarga directa. Nada, salvo algunas proyecciones anteriores con copias defectuosas a las que no pude asistir.

Gracias a esta espera – insignificante comparada con el tiempo que tardé en encontrar este espacio – tuve tiempo de rememorar la sucesión de casualidades que hicieron que llegase hasta aquí, hasta esta proyección singular de Tam Tam de Adolfo Arrieta en un Cine-Club, organizado en un Centro Social, de un distrito céntrico de Madrid. La serie de coincidencias se ven relacionadas con un par de anécdotas literarias, un cineasta fantasma y todos los integrantes de este blog que sirvieron como unión. Me agrada intentar crear una expectativa a raíz de mi propia expectativa, una crónica cinematográfica a priori. No se alarmen, esto no es nuevo, he leído crónicas de festivales musicales donde por tiempo de programación es imposible desdoblarse y, aun así, la reseña de las actuaciones sale adelante, sin que el redactor advierta al lector sobre su crítica ilegitima. Por lo visto, también en la última edición de los Oscars dos académicos votaron por ¨12 años de esclavitud¨ sin verla. En fin, intentémoslo.

Todo comenzó apenas dos días atrás. Vagaba en la memoria un recuerdo. Uno resistido a aflorar. La conversación sobre el corazón de su literatura había logrado centrar la atención de Vila-Matas y, por ende, conseguido aumentar la curiosidad del escritor por aquella mujer. Ella había marcado ese domingo de primavera en su agenda. No era para menos, pues ese amor que la había acompañado durante años firmaría en una caseta de La Feria del Libro de Madrid. De esta conversación, un comentario “casual” se desmarcó del resto obligando al firmante a expulsar del olvido esta idea archivada. Allí, en ese caluroso domingo, surgió de su entierro un texto lluvioso y, a la postre, una mención a la culpable de la evocación que incluyó un vínculo a su trabajo. De nuevo, La culpa fue del script. A tenor de la posición elevada de un maestro de las letras como Vila-Matas y la brevedad de la conversación que constituye tal emplazamiento, el orgullo era gigante. Este encuentro me recordó un pasaje de El Váter de Onnetti de Juan Tallón, donde un joven escritor, alter ego del autor, se acerca a una caseta de la Feria del Libro donde Vila-Matas firma ejemplares. Por tanto, ocurre exactamente el mismo suceso. El joven no solo espera una firma, sino la confirmación de lectura, por parte del maestro, de El Caso Aira-Bolaño – novela escrita y enviada a Vila-Matas meses atrás -. Llegué hasta Juan Tallón gracias a un artículo suyo sobre nuestro Atlético de Madrid recomendado por otra integrante de este blog, El Meritorio.

Una nueva evocación. La anécdota de esta novela me recordó otra, esta vez, extraída de la novela Paris no se acaba nunca de Enrique Vila-Matas. En ella se revisa los años de aprendizaje literario del narrador en un ambiente y una ciudad históricamente artística. En el Paris de los años 70 el joven Vila-Matas cita a un cineasta llamado Adolfo Arrieta – integrante de su círculo más íntimo – y aquella película que se me resistía, Tam Tam. Según sus palabras: ¨Tam Tam, la película con más travestis por metro cuadrado de toda la historia del cine. En realidad lo que hacía Arrieta era cine punk a la francesa y con su aparente exceso de realismo se adelantó muchos años a su compatriota Almodóvar, por ejemplo¨.

En una ocasión, posiblemente en algún bar, nombré la película a otro integrante del blog. Por cercania y autorizada voz, El Figurante pasa por ser la persona idónea a la que acudir con alguna pregunta sobre cine. 6000 títulos disfrutados en los últimos 6 años lo avalan. Para mi sorpresa me confirmó que no solo desconocía la película, sino que nunca había oído hablar del tal Arrieta. ¡Bingo!, este director es carne de La Culpa es del Script – pensé.

Renovado entonces mi interés sobre la película, donde también Vila-Matas interpreta un pequeño papel, volví a buscar en internet. Esta vez encontré algo. Una nueva casualidad. Proyectaban la película ese mismo día, en este Centro Social. Lo más curioso de todo es que, a raíz de ver la película, me di cuenta de que pensar en escribir una reseña sin haberla visto y crear, con ello, una expectativa, no se alejaba del tono de la misma. Tam Tam trata el tema. Un grupo de personas pasa sus días de fiesta en fiesta expectantes ante la posible llegada de un escritor que nunca llega. No lo vemos, pero todos hablan de él. Por suerte, y gracias a la conversación de La Script con Vila-Matas, descubrí no solo la proyección, sino la edición en DVD por parte de Intermedio de un cofre con el cine de Arrieta. Esta edición ya está a la venta. Nosotros si podremos cubrir la expectación.

 

Tam Tam
Adolfo Arrieta

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Tam-Tam Adolfo Arrieta 2

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