Ins–PIRADO por los hermanos Lumiére (Open Windows, 2014. Nacho Vigalondo)

Por @mercutio_montes

Para manifestar la cresta de una sensación, aquella cima a la que probablemente no volvamos, no existen palabras sino la expresión acomodada “no hay palabras”. Para criticar una obra ya no se necesitan conocimientos o percepciones sobre el lenguaje o el arte en cuestión, basta con ejemplificarlo mediante trabajos de cultura popular anteriores. “Este grupo musical es una mezcla entre Deftones y Tool” te previene alguien. Y claro, llegas al concierto, y te crees que vas a ver al hibrido definitivo. Encuentras cuatro punkorros con guitarras veloces y ritmos duros y marcados; alejados del metal de los primeros y el progresivo de los segundos. Y están bien, te gustan, pero: ¿Tanto cuesta dar un respiro a la veloz lengua y reflexionar, un tiempo no mayor a la calada de un cigarro, para construir una idea general, limpia y sin estribas, sobre la obra o el sentimiento a declarar? Al parecer sí.

Nacho Vigalondo ha confeccionado Open Windows inspirándose en Hitchcock, Brian de Palma, Delmer Daves y su Dark Passage, en series de televisión como Black Mirror o Utopía, en no se cual de Lisa Kudrow, en el videojuego Watch Dog o en cualquier otro shooter que ustedes quieran. A la prensa sólo le ha faltado llegar hasta la llama primigenia de toda esta locura llamada cine: los hermanos Lumiére.

Tenemos al alcance de un tecleo tanto conocimiento que nos causa indigestión. Y el conocimiento mediante la visión de otro llega más rápido que el conocimiento sobre la experiencia de uno. Influencias en el aprendizaje, influencias en la enseñanza. Y a esto se agarran los críticos como un chicle a un jean recién comprado. Da igual que no sepas nada sobre Ozu, si pones la cámara a la altura de la cintura de un actor estas haciendo un guiño a su trabajo. O llámalo homenaje, o llámalo referencia, como decían los de Muchachada. En otro plano de visión, encontramos influencias en un bar, en un taxi o en una parada de metro. Se nos adhieren al subconsciente a la espera de una llamada para aflorar. No hay escapatoria, si en un supuesto, alguien quisiera ser el culmen de la originalidad. Hasta Salvador Dalí, especie única e irrepetible, ególatra consagrado, admiraba a personalidades y artistas (Tanguy, Wermer) fuera de la propia figura de Salvador Dalí (por tanto su obra vertía influencias), ¿como escaparemos los demás mortales con un mínimo de vanidad? En todo caso, el bueno de Vigalondo no intenta escapar, solo faltaría. Pero en un estrujamiento de mollera, crea algo nunca antes visto. ¿Crear un género? No. ¿Convertir una idea virgen, cinematográficamente hablando, en algo disfrutable? Pues habrá que reconocerle esto. ¿O no, críticos de cine? En lo bueno y en lo malo, el director es esclavo de su propuesta visual. ¿Y en alguna ocasión busca ideas en otros? Mejor tirar de los maestros. En todo caso, hay que saber diferenciar entre influencias conscientes e inconscientes. ¿Cuáles tendrá Lynch?

DAVID-LYNCH-MAGRITTE-OPEN-WINDOWS

Como leéis, no comulgo con la crítica, y si de algo se caracteriza este espacio cibernético es por no criticar una pieza de cine. Si divagamos sobre ella es que algo habrá calado. Lo uno, no quita lo otro. Entonces, tampoco la condeno. Solo en ocasiones esporádicas la consumo, pero siempre a posteriori. Igual ocurre con los trailers modernos conformados mediante un deliberado: presentación, nudo y desenlace. Peliculitas de cuatro minutos. En mi caso concreto de calado, salí del cine recordando a Raúl Cimas jugando a los bolos, a Carlos Areces de segurata con una escopeta y a Jaime Olías aguantando magníficamente un primer plano mientras un peligro exterior se cierne sobre ellos. Y me decía, yo iría a ver un spin-off de esto. Pero puede que para el público no sea suficiente reclamo. Puede que haya que filtrar el bulo de un video porno robado.

Para acabar os propongo un ejercicio de oscuros objetos de deseo. Para ello, no es necesario un lugar apacible donde mecer tus distracciones para apelar al imaginario, ni incienso que pulverice el olor de un ambiente cargado, ni la música relajante que amanse tus nervios. No os pediré que cerréis los ojos, pero si que confiéis, cegados, en estas palabras escritas tanto como vuestros cuerpos se someten a los susurros de un profesor de yoga; o a los gritos de uno de spinning; o al de un psico-killer. Esta vez, vuestra compañera de clase, vuestra jefa o vuestra vecinita no entrarán en estos juegos eróticos. Porque son alcanzables, porque su acceso es terrenal. Y estos juegos mentales, donde tú no eres tú, sino una máquina de follar, se han desinflado con el tiempo. A la capacidad de imaginar un deseo húmedo lo ha aniquilado una nueva realidad de obtención de imágenes carnales sin necesidad de fantasear. Internet y su predisposición inmediata. Ahora bien, ya que estáis frente a la pantalla de un dispositivo (pues me leéis), seguid las siguientes instrucciones: Herramientas / Historial / Mostrar todo el historial. En la esquina superior derecha podréis buscar por palabras. Teclead desnudo/a. ¿Quién os sale? ¿Solo uno/a o una lista entera? Y una última pregunta, la más importante. ¿Qué estaríais dispuestos a hacer por verlo/a desnudo?

Open Windows Sasha Grey

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