No es sólo sexo (Nymphomaniac, 2013. Lars Von Trier)

Es una pena que en los tiempos que vivimos el marketing lo ocupe todo. Que sea más importante “parecer” que “ser”. En Lucy, la última película de Luc Besson, Scarlett Johansson consigue utilizar un porcentaje de cerebro superior al habitual. Gracias a ello comienza a comprender algunos de los misterios de nuestra existencia. Nos hemos olvidado de ser afirma Lucy. Éste es el pecado cometido por el equipo de comercialización de Lars Von Trier para la película Nimphomaniac. Las apariencias sólo funcionan si vamos a proyectar una imagen superior de lo que realmente somos. Confundimos con demasiada frecuencia el morbo con la calidad, no sólo ocurre en cine, tambien en otras disciplinas artísticas.
‘Nimphomaniac’ se ofreció en dos partes al público a principios de año. No dejaron a la prensa ver la película, no se presentó en ningún festival. Se la jugaron confiando en el hambre de lo prohibido de la sociedad actual. Llenaron internet de trailers y clips con escenas explícitas, de pósters con todo el cartel de actores simulando orgasmos, con críticas inventadas y artículos cuyos titulares rezaban, por poner un ejemplo: “10 películas porno mejores que Nimphomaniac”. Vivimos en el año 2014. Esa estrategia pudo ser buena en épocas de represión y dictadura cuando los españoles tenía que viajar a las fronteras francesas para ver una teta. Hoy tenemos todo tipo de aberraciones y parafílias sexuales a un solo click, no necesitamos pagar 2 entradas de cine para ello, de hecho, en todo Madrid solo queda un cine X en pie, el cine Duque de Alba – no me digais que no es maravilloso como nombre de un cine porno – cuya historia se cuenta en el documental ‘Paradiso‘. Lo realmente inquietante de este caso es que no se trata ni mucho menos de una película pornografica, se adentra en la psique de las mujeres de una manera excepcional y retrata a una joven que ha dejado de creer en el amor al darse cuenta de lo realmente fácil que le resulta acostarse con cualquiera. ¿Por que venderte como algo inferior a lo que eres? El porno es porno, su única función es conseguir orgasmos y no puede compararse con esta magistral obra de Lars Von Trier.
Además, quien sea asiduo al cine del director danés sabrá que el sexo explícito es algo habitual en su filmografía. Lars Von Trier y Thomas Vinterberg crearon en 1995 la corriente Dogma. Publicaron una serie de normas que una película debía cumplir para ser considerada como tal. “Hazlo tu mismo” es la idea que desprendían aquellas reglas, algo así como un manifiesto “punk” del cine: No se podía utilizar luz artificial, nada de efectos especiales, se rueda cámara en mano… y de haber relaciones son sexuales no deben ser fingidas. De esta manera en ‘Los idiotas’, segunda película Dogma después de ‘Celebración’, hay una escena de una orgía donde podemos ver en primer plano una penetración clara y limpia. No hay lugar a dudas de que no hay fake. En ‘Anticristo’ Charlotte Gainsbourg rebana los genitales de William Dafoe y así, podríamos enumerar unas cuantas secuencias más. No hay que ser muy avispado para darse cuenta de que el danés tiene cierta obsesión por como el sexo repercute en nuestra vida y precisamente en este punto irrumpe Nimphomaniac.
No se trata de la historia de una adicta al sexo. La película se articula sobre una conversación, casi terapéutica, divida en 8 capítulos entre Joe (Charlotte Gainsbourg) y Seligman (Stellan Skarsgard) para tratar de explicar porque ella es incapaz de sentir orgasmos cuando mantiene relaciones sexuales. Una joven Joe, interpretada por Stacy Martin, descubre lo fácil que es para una mujer obtener sexo. Por difícil, imposible o inalcanzable que parezca el varon, sólo hay que encontrar ese resorte que baja las braguetas. El resto es muy sencillo. La idea del amor romántico se diluye. Se rompe por dentro de la joven Joe la idea de felicidad familiar que nos tatuan en el cerebro desde que nos dan la primera cachetada al nacer. Quizá por eso lloramos inmediatamente después. Si ella es capaz de conseguir sexualmente al más fiel de los hombres, ¿quién le asegura que la persona que le jure amor eterno no la engañará en algún momento? ¿Cómo sabe que no la abandonará por alguien más joven? Joe cruza la línea de la verdad: El amor es una invención.
Jerome (Shia LaBeouf) desencadenará la locura en la cabeza de Joe. No es capaz de aceptar que ama. La confusión, el miedo, la desconfianza causada por años de promiscuidad hacen imposible que la joven pueda mantener una relación sentimental al uso. Hay una escena donde ella describe como sostiene relaciones sexuales con tres hombres diferentes cada día. Cada uno de ellos representa una necesidad para cualquier ser humano: se acuesta con quien la da cariño, con quien folla bien y con quien realmente ella quiere estar. Todo cubierto. ¿Es capaz una sóla persona de dar todo esto a otra? ¿Por qué la monogamia se ha impuesto en un mundo donde parece que nadie quiere asumir esa responsabilidad? La prostitución y la pornografía siguen siendo dos de los negocios más rentables del primer mundo. Todos conocemos historias de alguien que engañó a otro alguien, del padre de un amigo que dejó a su madre por otra más joven, de algún adicto al pago por sexo o cosumo de pornografía. Quizá Joe cree en el amor teniendo la convicción de que sabe que no existe. No hay psicólogo capaz de borrar esta paradoja de la mente lúcida. Quizá el amor no exista y su idea vuelve loco a quien lo persigue.
En Nimphomaniac no encontrareis escenas morbosas o eróticas. Aunque repleta de sexo, se muestra como algo animal, como el camino para obtener un placer que dé tranquilidad, como la manera de curar una culpa arraigada en lo más profundo de la protagonista. Así, os resultara curioso ver a Billy Elliot, un atractivo y crecido Jamie Bell, azotando a mujeres que necesitan sentir dolor físico para tapar el dolor mental. Las heridas del cuerpo son más fáciles de curar sin dejar marcas ni cicatrices. La culpabilidad crea una ansiedad que incita a repetir la conducta de la que uno se arrepiente. Es como el obeso que no puede parar de comer dulces, o el fumador que absorbe un paquete en una tarde después de una semana sin fumar. Calmamos el dolor con aquello que nos lo produce. El ser humano es incomprensible. Joe siente culpa aunque no se sabe muy bien de qué. El sentimiento de culpabilidad sin motivo aparente es una de las enfermedades más trágicas del primer mundo para suerte de psicólogos, psicoanalistas y psiquiatras de pago. Deja al descubierto lo estúpidos que somos: deprimidos y adictos a cualquier cosa que nos de placer instantáneo cuando en realidad lo tenemos todo y no podemos quejarnos de nada.
Lars Von Trier muestra con Joe a una Madame Bovary moderna. Una enamorada del amor que se refugia en el sexo para convencerse de su no existencia. Una mujer que copia el comportamiento, desgraciadamente, propio del hombre para llenar con sexo un vacio que no tiene fin. Si esta película hubiera sido protagonizada por un hombre probablemente no llamaría tanto la atención. Al personaje de Charlotte Gainsbourg no sólo se la muestra como una ninfómana sino como una bestia, una desalmada. En una ocasión llega a abandonar a su propio hijo para seguir siendo libre de saciar su sed. No quiero poner otros muchos detalles para no destripar el film a quien no lo haya visto, pero este ejemplo me vale para exponer que el espectador no puede evitar verla como una “Mala madre”, “una mujer de verdad no abandonaría a sus hijos”, “una hija de puta”. El hecho de ser mujer está por encima de su propia adicción. Nadie cuestionaría que un hombre abandonara a su familia, de hecho está a la orden del día, tanto, que la ley ha tenido que endurecerse en nuestro país para que no pagar la pensión familiar más de x meses seguidos sea motivo de cárcel.
Llamadme ingenua, pero creo que Lars Von Trier ha rodado el mejor manififesto feminista de los últimos años. No os dejéis llevar por las apariencias y olvidaos del amor, no es más que un juego de niños.
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