El fin no justifica los medios (Magical Girl, 2014. Carlos Vermut)

Por @henarconh

El próximo 17 de octubre se estrena ‘Magical Girl’, aunque este miércoles 24 de septiembre podrá verse en el marco del festival de San Sebastian. Es el segundo largometraje de Carlos Vermut. Se trata de un caso curioso el de este director, el de una fiebre transmitida en internet producida por su ópera prima, Diamond Flash, que ni siquiera fue estrenada en grandes salas pero si fue la ganadora del festival Rizoma. Es el descubrimiento de un nuevo autor español como hacía tiempo que no veíamos uno. Con sólo dos películas son necesarios apenas 10 segundos para reconocer un trabajo de Carlos Vermut: El hermetismo de las conversaciones, el misterio en las miradas de los personajes, la tonalidad de la imagen…

Magical Girl tiene un guion impecable. Todas las piezas encajan como las del puzzle que José Sacristán monta en la película. No todos los días uno tiene la oportunidad de disfrutar con un trabajo perfecto en su forma y emocionante en su contenido. Corren tiempos donde el guion deja de ser el alma del film para que otros aspectos tomen más relevancia. Así, la asistencia al cine ha ido cayendo en picado en los últimos tiempos: Apenas 10 películas de las producidas en un año pasarán a la historia. “Pasarlo bien” o “echar la tarde” empieza a ser el objetivo principal de quien compra una entrada de cine. Necesitamos más Magicals Girls.

Barbara Lennie, Luis Bermejo y José Sacristán son los protagonistas de una historia donde la emoción y la razón se mezclan formando una masa destructiva que arrasa con todo. Los personajes de la película tienen objetivos loables, fines que alcanzar para hacer feliz a otros, pero no escogen las vías correctas para llevarlos a cabo. El fin no justifica los medios, parece ser. Comenté la película con algunos compañeros de prensa a la salida del pase en Madrid y me sorprendieron algunas reacciones como que no entendían a los personajes, ni siquiera que se contara una historia de esta clase. Quien no entienda Magical girl no ha vivido lo suficiente. ¿Recordáis aquel momento en el que queríais un libro y lo robasteis de la biblioteca? ¿O cuando queríais salir con vuestros amigos y cogíais dinero del bolsillo de vuestra madre? ¿Cuándo os enamorasteis de la novia de vuestro amigo y no os quedó más remedio que conquistarla? ¿Cuándo te dejaron los apuntes en la universidad y sacaste mejores notas que el dueño de los mismos? ¿Cuando le pinchaste la rueda del coche al profesor que insultó a tu hermana? Todo eso es Magical girl. Lo que es bueno para uno es malo para otro y según el grado que se alcance solo podrá mediar la justicia. La empatía no puede existir si nosotros estamos en medio porque no podemos desprendernos de nuestras circunstancias y… opinar sobre la vida de otro es demasiado vulgar. Sobre todo si vamos a colocarnos en el pedestal del héroe: “Yo en tu lugar…”. Tú en mi lugar puedes irte a la mierda.

Magical girl funciona como una especie de parábola que nos abre los ojos a las estúpidas teorías del karma. Los malos no siempre pierden, ni existe un Dios justiciero que reparta experiencias positivas y negativas al 50% en la vida de los humanos, ni es más feliz quien tiene más dinero. Quizá este último punto sea el más discutible, pero eso sería otra película. Luis Bermejo es el padre de una niña que, enferma de leucemia, desea dos cosas: Un traje de diseño exclusivo para la serie japonesa ‘Magical girl Yukiko’ y cumplir 13 años. Puesto que nunca volverá a soplar las velas, Luis comienza la búsqueda de miles de euros para satisfacer el último deseo de su hija. Este es el punto de partida de chantajes, enfermedades mentales y un amor incontrolable que buscarán la manera de contentar a los suyos sin importar que puedan destruir al que pasa por su lado.

Si algunas vez amasteis con locura os gustará Magical girl.

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