¿Quién es la mujer de tus sueños? (Un homme et une femme, 1966. Claude Lelouch)

por @mercutio_montes

Cuando uno escribe una historia original no debería tener ningún tipo de restricción moral, social o espacial. Esta primera pauta debería ser loa y deidad de todo escritor. Y con ello me refiero a las restricciones que uno mismo tontamente se impone, sin llegar a tener las tribulaciones de un tercero. De todos son excepción el guionista y el dramaturgo. Aquellos que escriben para que sus palabras sean representadas. Si tú historia queda emplazada en alguno de los satélites de Saturno, tienes que tener en cuenta que podrá no ser rodada por su alto coste. No obstante, en otra época no era extraño dar salida a un libreto teatral no representado. Todavía en las escuelas de secundaría se imparten clases de literatura con los libretos teatrales de Lope de Vega o Calderón de la Barca. Imaginemos que a finales de este siglo el profesorado de nuestras escuelas eligiese los guiones de Rafael Azcona como parte de su temario académico. Difícil sería de creer. Entonces, ¿un guionista debe escribir según los medios de los que disponga? Si tienes a tu alcance un caballo, haz de tu caballo el personaje principal.

Me gustaría contar una historia sobre la gestación de una producción cinematográfica desde su inicio. Un ejemplo entre otros muchos, donde se comienza por una idea que va desarrollándose según los medios a tu alcance. Una historia accidentada, de derrotas, encuentros, amistades, casualidades, talento, inteligencia, éxito y suerte.

En 1965, Claude Lelouch contaba con solo una película en su haber como director; y otra ya finalizada que no encontraba distribuidor. Su mundo se desmoronaba al ritmo del hundimiento de su productora, Les Films 13. Todas las vías de distribución habían quedado cerradas y él, deseoso de encontrar una solución que liberase a su productora de la inevitable bancarrota, decidió agarrar el volante de su coche y lanzarse a la carretera buscando clarificar su mente. De madrugada, tras quemar kilómetros, llegó a la localidad de Deauville, situada en la Baja Normandia; donde decidió estacionar en una de sus playas y descansar en el interior de su coche. Al despertar, gracias a la puesta de sol, observó a una mujer junto a su hijo paseando por la orilla. Apeló entonces a su imaginario y comenzó a preguntarse sobre las circunstancias que llevaron a esa mujer a pasear por aquel lugar y a aquella hora. La estampa inspiró de tal manera a Lelouch que estas preguntas se convirtieron en la idea original de un nuevo guión cinematográfico. Y no sería un guión cualquiera, sino el proyecto que debía salvar su productora y el futuro más próximo de su familia. Dio carpetazo a un proyecto fracasado y lejos de tirar la toalla comenzó uno nuevo. La historia de amor entre Un homme et une femme.

Manos a la obra. Lelouch tenía una ilusión desbocada, poco tiempo y poco dinero. Escribió en tres semanas el guión, en cuatro lo rodó y en otras tres lo editó. En menos de tres meses tenía una nueva película que distribuir. Pero, ¿cómo lo había conseguido? Pues utilizando su caballo.

El director francés escribió el guión pensando en el actor Jean-Louis Trintignant como protagonista. Ya se conocían y por ello su personaje fue diseñado para él, considerando a su vez la historia de su familia como ventajosa. Su personaje sería piloto de carreras, tal y como lo fueron los tíos del actor; y correría las 24 horas de Lemans, tal y como también lo había hecho uno de ellos. Los detalles y localizaciones estarían a su alcance. Lelouch convenció a Trintignant con una sola llamada de teléfono. En esta conversación debatieron sobre la actriz que encarnaría el papel femenino. Fue entonces cuando el director preguntó: ¿QUIÉN ES LA MUJER DE TUS SUEÑOS?

Lelouch había imaginado como posibles protagonistas femeninas a dos actrices que no tenía el placer de conocer: Romy Schneider y Anouk Aimée. Al escuchar el nombre de esta última, Trintignant no lo dudo. Los dos habían coincidido años atrás en el reparto de El éxito, eran amigos y según él con solo otra llamada el director conseguiría a su protagonista. Así ocurrió. Cuando se tiene a estos protagonistas, la viabilidad del proyecto se materializa.

En un primer momento la película se rodaría en su totalidad en blanco y negro (una elección más económica), pero entonces un productor estadounidense ofreció cuarenta mil dólares a Lelouch si rodaba a color. Necesitaban ese dinero. Así que Lelouch rodó a color en exteriores y en blanco y negro en interiores. La deliciosa estética final de la película, así como la incalculable belleza de las situaciones y diálogos reside en el repentino y espontáneo ambiente de la producción. Y luego, claro, está Anouk Aimée. Nunca nadie ha conseguido captar ante una cámara de vídeo la belleza y sofisticación femenina con tal naturalidad. Hipnótica a cada plano, refleja todo su esplendor sin parecer proponérselo y revela el alma endurecida del personaje en cada gesto. Casualmente, Script de profesión. Única.

El rodaje fue eléctrico, las tomas nunca repetían posición, el director de fotografía iluminaba con el motor de la cámara en marcha; todo era rápido, espontaneo, nuevo…pero a punto estuvo de no comenzar. Aimée llegó de Roma (donde trabajó en películas como Ocho y medio y La Dolce Vita, casi nada) sin saber a qué se enfrentaba. La primera secuencia tenía lugar en un barco y ella tenía pánico a navegar. Estas fueron sus palabras: “Lo que deberías hacer es falsearlo, como Fellini”. Lo que faltaba, un director primerizo teniendo que hacer frente a los métodos de trabajo de un genio. Sé Fellini. Así de sencillo. Por suerte, de madrugada Aimée dio marcha atrás en su decisión.

Lo que Lelouch no podía imaginar ni por asomo, apenas tres meses atrás, cuando dormitaba en el interior de su coche, en una playa de Deauville, con la puesta de sol convirtiéndose en metáfora, era que su película, la que iba a comenzar a diseñar, iba a ser un éxito internacional que encumbraría a todos los involucrados en ella. Entre otros muchos galardones, ganó la Palma de Oro en Cannes y dos premios Oscar: mejor película de habla no inglesa y mejor guión. Él fue nominado a mejor director y Anouk Aimée a mejor actriz. Las puertas de Hollywood se abrieron de par en par y él decidió no cruzar el umbral. Prefería rodar en Europa, donde podría hacer su cine. Ese cine del día a día que revela el guión a sus actores dosificándolo secuencia a secuencia; porque al nacer, a nadie se le entrega el guión terminado de su vida, ¿verdad?

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une homme et une femme

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