Nadando en miel (Retorno a Brideshead, 1981. Derek Granger)

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Por @Julieta451

Cuando pienso en ‘Retorno a Brideshead‘, pienso en belleza. En la belleza en la que nos sumerge la magnética voz de Jeremy Irons desde el primer capítulo de esta grandísima miniserie británica de 1981.
El relato arranca en la Inglaterra de la Segunda Guerra Mundial, con la llegada del oficial británico Charles Ryder (el propio Irons) y sus tropas, a la mansión Brideshead. En el momento en el que escucha y escuchamos ese nombre, iniciamos con él un viaje al pasado.

Porque él había pronunciado un nombre tan familiar para mí, un conjuro de tan antiguo poder que con tan sólo oírlo empezaron a tomar forma los fantasmas de aquellos hechizados años”.
“Aquellos hechizados años” se desarrollan en los 11 capítulos que conforman la serie, narrada a modo de un largo flashback de casi dos décadas que arranca a comienzos de los años 20. Un joven Charles, recién llegado a la Universidad de Oxford, conoce al excéntrico Sebastian Flyte (Anthony Andrews), miembro de una familia de la alta sociedad, los Marchmain. Pronto se establece una profunda amistad entre ellos, amistad que se estrecha durante un largo verano en Brideshead. La mansión será testigo de muchos días felices, y también de la relación que inicia Charles, a pesar de las reticencias de su amigo, con el resto de la familia Marchmain. Sentirá una especial fascinación por la hermana de Sebastian, la bella Julia (Diana Quick).

Donde Charles, embelesado por un mundo tan diferente al suyo, sólo ve luz, Sebastian sólo ve sombras; y poco a poco empezará a ver en su invitado a un espía…
Ahí voy a dejar el argumento, dejo el pasar de dos décadas y el devenir de la relación de Charles Ryder con los Marchmain en puntos suspensivos para el disfrute de quienes vean la serie por primera vez. Sólo diré que ‘Retorno a Brideshead’ trata de la amistad, el amor, la familia, la moral o la religión. Evelyn Waugh, autor del magnífico libro en el que se basa la serie de forma fiel, dijo de su obra: “El tema es la influencia de la gracia divina en un grupo de personajes muy diferentes entre sí, aunque estrechamente relacionados”.

Comencé estas líneas hablando de la belleza de “Retorno a Brideshead”. Y es que la serie destila belleza por todos sus poros, sobre todo en los primeros (y más alegres) capítulos. Está en la mansión: en sus grandes estancias y en sus rincones, en sus jardines. Está en el opulento, sensual, y feliz verano. Está en Oxford y está en Venecia. Está en la amistad entre Charles y Sebastian, en sus conversaciones y en sus silencios, en sus miradas. Desde el primer minuto de cada capítulo, desde la presentación, nos dejamos cautivar por los personajes, por la fotografía, por la ambientación, por la música…Hay unas líneas de Charles que se me quedaron grabadas porque describen esa belleza que viven y de la que nos impregnan, y porque describen el sentimiento que me produce la serie:

“Los quince días en Venecia pasaron rápida y dulcemente… Quizá demasiado dulcemente. Me estaba ahogando en miel, sin sentir el aguijón”.
Y una cosa es leer estas líneas y otra, bien diferente, escucharlas en la magnífica voz de Jeremy Irons, para mí, uno de los grandes atractivos de la serie. “Retorno a Brideshead” tiene un reparto de lujo, en el que brillan con luz propia los protagonistas: Irons y Anthony Andrews. Diana Quick también borda su papel. Mención especial al pequeño gran papel del siempre genial Laurence Olivier, que interpreta a Lord Marchmain.
Por todo lo escrito, os recomiendo que visitéis (o revisitéis) Brideshead con Charles, con Sebastian, con Julia… Os recomiendo que os dejéis envolver por este clásico cuyo encanto y calidad siguen intactos más de 30 años después de su estreno. Y os recomiendo y casi os suplico que veáis la serie en versión original, porque las voces de sus intérpretes son magníficas, en especial la de Jeremy Irons, que más que narrar, declama.
Me despido con unos (cinematográficos) versos de William Wordsworth que me vinieron a la cabeza al recordar ‘Retorno a Brideshead’.

“Aunque mis ojos ya no
puedan ver ese puro destello
Que en mi juventud me deslumbraba
Aunque nada pueda hacer
volver la hora del esplendor en la yerba,
de la gloria en las flores,
no debemos afligirnos
porque la belleza subsiste siempre en el recuerdo…”

En el próximo capítulo: “Archer”

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