LA EDUCACIÓN SEXUAL. UNA BALA, UN AMOR.

El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores.

Woody Allen

por @mercutio_montes

A mí me enseñaron que el amor es como un revolver con una sola bala. O quizás solo sea un recuerdo inventado, o un razonamiento instantaneo a una explicación que no entendí. Qué se yo. Aunque en el tambor exista espacio suficiente para más munición, el revolver debe ser disparado bala a bala. Y si esta falla, una sola podrá volver a la recamará. Lo de llenar el tambor y vaciarlo es cosa de musulmanes y tarados emocionales, me decían. Cierto que también habría que discriminar el amor por diferentes tipos de balas, pues es habitual que la gente tienda a confundirse. De hierro inoxidable, huecas o rellenas, por ejemplo, de semen. Es costumbre hacer un mal uso del amor, despilfarrándolo por las esquinas por el mero hecho de sentir, cuando desgraciadamente no es real. Aquellos que mencionan el amor en vano, que lanzan balas huecas al aire, fácil será que acaben disparándose en un pie.

Nuestra educación occidental, durante el transcurso de los siglos, nos ha hecho creer que nuestra capacidad amatoria queda limitada a un solo ser y que el matrimonio debe usarse como medio para reafirmar esta lacra emocional impuesta. Aún en estos tiempos, extraño es aquél que no sella su amor en el papeleo de esta unión divina. Sin embargo, es habitual ignorar una de sus cláusulas, esa que habla sobre la fidelidad. Y ahí, claro, se carga una bala de tapadillo. Su clase es subjetiva.

En su día, Truffaut nos mostró en Jules et Jim que el amor puede ser compartido por puntos equidistantes. La película traza un triángulo amoroso, donde cada uno de sus vértices ama a los otros dos por igual. Distintas maneras de amar, cierto, pero de misma intensidad. El amor mueve montañas, dicen. Pero el amor en pareja, o en repóquer de ases, también debe alimentarse y nutrirse día a día. Supongo que la montaña moverá al amor si no lo trabajas. Para el polígamo, coordinar sus amores debe ser tan difícil como hacer girar tus brazos en sentidos opuestos al mismo tiempo. Pero, por favor, aquí hay que diferenciar poligamia de poliamor. La poligamia nace en base religiosa, y quien la ejerce, bien podría no haber amado nunca. Por contra, el poliamante ama de verdad, en fondo y forma, con el consentimiento, esta vez sí hay similitud entre categorías, de cada uno de los implicados. El amor no es exclusivo, ni egoísta, tampoco; es distributivo y participativo. Es doloroso, también, y enrevesado y en ocasiones incomprensible. Todo esto, ínfima parte observada, es el amor. Algo complicado. Y eso que todavía no he empezado a hablar del factor sexual.

En La mujer infiel, el personaje que interpreta Stéphane Audran no busca el amor, porque el amor ya se sienta en su sillón y duerme en su cama. Busca escaparse de una rutina que la ha atrapado demasiado joven, demasiado bella. Busca sexo sin ataduras, el típico sexo que pause el minutero, qué burle a la vejez. Las carencias de las relaciones sexuales de pareja implican la búsqueda de salvoconductos en trabajos orales o polvos mágicos, en la complicidad de una mirada reiterada o en un simple deseo húmedo. Al fin y al cabo, somos animales, aunque se atisben diferencias, como ser los únicos que no tienen sexo habitual en público.

Cómo razonamos, y el progreso se basa en la inteligencia, debemos diferenciar entre el amor y la carne, pues nadie es una estatua de sal. Allí donde se siente el cosquilleo, y evidentemente no me refiero al aleteo de mariposas en el estómago, la razón no tiene asientos preferentes. El deseo es pasajero, el amor puede ser eterno, y las putas mariposas no tienen nada que ver ni con lo uno ni con lo otro. Las mariposas tienen una vida entre un día y un mes, en ese tiempo deben encontrar a otra mariposa con quien poder reproducirse, y hay machos que huelen las feromonas femeninas a veinte kilómetros. ¡A veinte kilómetros! ¿Eso es amor? Eso es una máquina de follar. Te pilla aquí, y aquí te mata. Pero claro, esas facultades vienen dadas por la supervivencia de la especie, nada tiene que ver con la lujuria. Esto me hace divagar, permítanmelo, sobre la demonización del preservativo, o la ilustrada metáfora de las manzanas y las peras. Se clamaba en ambos casos por la supervivencia, así como por el transcurso natural de la especie. Si todos usásemos preservativo o fuésemos manzanas y peras nos extinguiríamos. Soberana gilipollez. A finales del S. XIX comenzó a extenderse el tráfico del preservativo, y desde entonces ha habido un crecimiento aproximado de la población de cinco mil millones de personas. Manzanas y peras ha habido siempre. Pero bueno, pensemos que por otros motivos esta realidad distópica lograse establecerse y, como la realidad de una cierta mariposa macho, los hombres pudiésemos oler la fertilidad a kilómetros de distancia, pues de ello depende la especie. ¿Cómo nos sentiríamos? Posiblemente nos volveríamos tan locos como Woody Allen en Desmontando a Harry, que desnuda mujeres con la imaginación allá por donde pisa.

Recuerdo un artículo de Juan Abreu, experto en sabanas mojadas y sexo esperado, en el que venía a decir que la infidelidad no tiene nada que ver con el sexo. Qué el sexo es fiel. Fiel al placer. Y que la verdadera infidelidad es aquella que rompe las reglas establecidas de común acuerdo por algún integrante de la pareja. Y que razón tiene el bueno de Juan. Pero claro, no todo es tan fácil. Existen medidas desesperadas para momentos desesperados. Un buen día se presenta un fulano millonario, te hace una proposición indecente, y lo que en principio era un acuerdo cerrado se convierte en un contrato lleno de cláusulas. El amor se sostiene mediante la confianza, si lo llenas de dudas, se termina por abandonar. Si el amor es cuantificable, el perdón tras una infidelidad puede ser un buen barómetro. Así pues, estableced las reglas del juego. Y que nadie os exija un numero determinado de balas. Llenadlo o descargadlo cuantas veces queraís, pero cuidadlo.

Una proposición indecente. Adrian Lyne

Una proposición indecente. Adrian Lyne

Jules et Jim. François Truffaut

Jules et Jim. François Truffaut

Desmontando a Harry. Woody Allen

Desmontando a Harry. Woody Allen