EL PRINCIPIO DEL FIN (“The Shield”, 2002/2008, Shawn Ryan)

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Por @Julieta451

Dos meses. Ese es el tiempo que pasó desde que vi el antepenúltimo capítulo de ‘The Shield‘ hasta que vi los dos últimos. Ese es el tiempo que me resistí a despedirme de sus protagonistas, a ser testigo de un posible destino cruel para aquellos que llegaron hasta el final de esta epopeya creada por Shawn Ryan.
Pero dejemos ese final para el final, como corresponde. Vayamos al comienzo.

‘The Shield’ arranca con mi piloto preferido. 60 minutos frenéticos que se convierten en toda una declaración de intenciones: aquí nada es lo que parece. Ya lo dice su protagonista, Vic Mackey (Michael Chiklis):“Lo del poli bueno y el poli malo se acabó por hoy. Yo soy un tipo de policía diferente”.
Y le tomo la palabra para decir que sí: “The Shield” es una serie de policías, pero una serie de policías diferente. Llegamos a este primer capítulo desde la comodidad de nuestros hogares, desde nuestro concepto de buenos y malos, del blanco y el negro. Y de repente… ¡bang!, estalla la violencia, somos testigos un suceso inesperado, y ‘The Shield’ nos ha arrojado a una zona gris, desapacible y a ratos desagradable, pero nos ha atrapado.

“The Shield” nos introduce en el día a día de “The Barn” (“La Cuadra”), una comisaría situada en el conflictivo y violento barrio de Farmington (Los Ángeles). En ella opera el recién creado Equipo de Asalto, una unidad especial que lucha contra las bandas callejeras que reinan en la zona. Lo lidera el carismático Vic Mackey, y le acompañan los detectives Shane Vendrell (Walton Goggins), Roonie Gardocki (David Rees Snell) y Curtis Lemansky (Kenny Johnson). Su lema (el de Vic) bien podría ser: “Mi fin justifica mis medios”. Su fin es proteger a los suyos: su familia, sus compañeros y su ciudad. Sus medios incluyen las amenazas, el chantaje, la tortura… Y no sólo los practica contra los delincuentes a los que persigue, contra los “malos”, también los practica contra algunos de los suyos, contra los “buenos” (Buenos y malos entre comillas porque, como dije al comienzo, en “The Shield” nos sumergimos en una zona gris).

Hay vida en la comisaría más allá de Vic y el Equipo de Asalto. Están el Capitán Aceveda, Claudette, Dutch, Julien, Danny… y están los altos mandos, y los políticos. “The Shield” puede presumir de una fantástica galería de personajes (y de actores y actrices), que caso a caso, capítulo a capítulo, ganan entidad y protagonismo. Unos se guían por la ambición, otros están de vuelta de todo, y unos pocos todavía apuestan por un trabajo policial honesto.

Todos ellos, entre guerras y alianzas, protagonizan una serie en la que se intercalan con una agilidad vertiginosa y brillante las tramas cortas correspondientes a casos puntuales, las tramas de casos con mayor recorrido, y las tramas familiares y personales. Y subyacente, siempre presente, la negra y opresiva sombra que se extiende desde “el suceso” del primer capítulo hasta el final. Esas tramas nos llevarán a los rincones más oscuros de la ya oscura y brutal Farmington a una velocidad de vértigo, con muchos sobresaltos, sensación a la que contribuye un rodaje que tiró mucho de la cámara al hombro, de los escenarios urbanos, del caos dentro del orden.

Aunque el frenético ritmo de cada episodio no nos permite pestañear, ‘The Shield’ da mucho que pensar, muchísimo. A lo largo de las siete temporadas asistimos al declive de los componentes del Equipo de Asalto, a las toma de decisiones que van pudriendo sus vidas. Este viaje es emocional y en numerosas ocasiones nos preguntamos “¿qué haría yo en su lugar?”, y en numerosas ocasiones nos contestamos a nosotros mismos que actuaríamos igual. Y es aquí donde somos conscientes de que Vic también nos ha manipulado.

Y es aquí donde vuelvo a mi resistencia, en su momento, a despedirme de ‘The Shield’, a mi deseo de otorgarle a Vic la vida eterna. ¿Por qué? Pues porque es uno de los grandes personajes que nos ha regalado la televisión. Porque te convence de que lucha (a su manera) por sus dos familias: la de casa y la de la comisaría. De que por ellos es héroe y antihéroe. Porque te lleva a perdonarle el engaño, la traición y el asesinato. Porque te convierte en un ser de moralidad cuestionable. Y a un personaje así yo no quería decirle adiós.

Pero claro, toda historia tiene un final y todo espectador tiene que enfrentarse a él. Y tras un paréntesis de semanas, lo hice, vi los dos últimos capítulos. Y si ‘The Shield’ se abre con mi piloto preferido, su cierre también está en mi podio por todo lo que transmite sin darnos nada masticado. Llegamos al final de un callejón que se fue quedando sin salida tiempo atrás. Hace acto de presencia la justicia, la poética, y nos atesta una última puñalada antes de que se cierre el telón. Y mudos, aún aturdidos, aplaudimos… y empezamos a echar de menos a Vic Mackey.

[No querría terminar sin dejar claro que “The Shield” brilla en ese primer y último capítulo (dirigidos por Clark Johnson, responsable también del primer y el último episodio de “The Wire”), pero también en el resto. Y para destacar las interpretaciones de Michael Chiklis (ganador de un Globo de Oro y un Emmy) y del genial Walton Goggins, uno de los grandes actores “secundarios” de los últimos años. Y para destacar el paso por Farmington de Glenn Close y Forest Whitaker. Y… Y no sigo porque podría no parar. Os recomiendo que descubráis vosotros mismos todos los motivos que hacen a “The Shield” una de las grandes series de siempre].

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