No entres dócilmente en esa buena noche (Interstellar, 2014. Christopher Nolan)

Por Nacho Jouve

Todo lo que puede suceder, sucede”. Esta frase, que no es mía, es el denominador principal de esos mandamientos no escritos que encuentran cobijo en lo vulgarmente conocido como Ley de Murphy. En cierto modo, la frase, es también el esqueleto, que no el alma, de esa quinta dimensión llamada Interstellar. Un viaje mitad apocalíptico mitad esperanzador con héroes cotidianos pero ilustrados haciendo las veces de guía a través del espacio, el tiempo y sus agujeros de gusano. Partiendo de lo más básico, unos campos de maíz, para llegar a lo más anhelado por el ser humano: la continuidad de la especie más allá de nuestro planeta. Pero esto es cine y el drama tiene que entrar, así que cambiemos ese continuidad por supervivencia y ya tenemos algo con lo que “jugar”. Bueno, más bien, ya tiene Christopher Nolan algo con lo que crear.

No sería ninguna perogrullada afirmar que ‘Interstellar’ es Christopher Nolan o darle la vuelta y concretar que el director inglés es su última película. No sé si me entienden. Cualquiera que se haya sentado a ver alguna de sus obras anteriores sabe más que de sobra lo que va a encontrar y su epopeya galáctica no iba a ser menos. Con McConaughey y Chastain de hilo conductor y Hathaway como elemento catalizador para explicaciones puntuales, y más que necesarias, Nolan divaga sobre la humanidad, su existencia y el por qué actuamos como actuamos. Pero a su modo, como mejor sabe hacerlo. Como lo hace siempre que se pone detrás de una cámara. Con un envoltorio gigantesco, descomunal, para desarrollar una historia, digamos “pequeña”. Porque al final todo se reduce a una simple pregunta que ojalá ninguno tengamos que plantearnos algún día: ¿qué es más importante, mi familia o la humanidad?

Para responderla parte de un planeta Tierra apocalíptico. No como el de El tiempo del lobo’, aunque se le parece, sino mucho más básico e igual de creíble. Con escasez de alimentos (de ahí el guiño a la obra de Haneke) y con una amenaza que huele a broma macabra. Aquí, el “enemigo”, es el polvo. Ya saben, eso que somos y en lo que nos convertiremos y, para retrasar ese final lo más posible, no queda otra que explorar nuevos mundos más allá de nuestro sistema solar.

En ‘Interstellar’ Murphy y su ley están más que presentes y “todo lo que puede suceder, sucede” y aunque quieren adentrarnos en la noche más oscura de Dylan Thomas, no deja de ser un viaje al interior del ser humano. Es inevitable pensar en mil y un referentes que Nolan ha usado para dar forma a su compleja trama. De 2001: una odisea del espacio’ a Contact, pasando por Alien’, El planeta de los simios’ o Elegidos para la gloria’.

Creo firmemente que Nolan es de los pocos cineastas que hoy en día aúna los conceptos de autor y “rey” de la taquilla. Lo segundo es fácil de comprobar, ahí están los números. Lo primero ya es más subjetivo. Pero sucede y es cuando menos sintomático que, en sus inicios, el guión de ‘Interstellar’ fuese para Spielberg. Ya saben: familia desestructurada, héroe masculino, el regreso a casa… Todo ello bien mezclado que no agitado en cine de autor hecho para los grandes consumidores.

Pertenezco a una generación cuya infancia cinematográfica eran ‘Los Goonies, ‘E.T. El extraterrestre, ‘Rebeldes, ‘Encuentros en la tercera fase, ‘La historia interminable, ‘Exploradores, ‘Los Cazafantasmas’,Regreso al futuro’… Y así muchas más. Generaciones posteriores han pasado su infancia peliculera al calor de los personajes de Pixar. Cosa que aplaudo también. No es mejor ni peor. Diferente. Por eso también celebro que existan mentes locas como la de Nolan. De esas que todavía hoy prefieren recrear escenarios y decorados para rodar. De las que echan la imaginación a volar y dibujan para todo el mundo historias a priori inverosímiles pero que son ellos quiénes consiguen hacerlas más creíbles que cualquiera que cada mediodía asalta nuestro televisor.

Interstellar es eso. Soñar. Creer. Viajar. Y lo es a lo grande. Tanto que hasta te da tres opciones distintas de lugar dónde seguir sobreviviendo: agua, hielo y tierra. Tan difícil y tan básico como eso. Tan complejo y tan simple. ¿Salvas a la especie o salvas a tu familia? Tú decides. El rompecabezas va de la cabeza de Christopher Nolan a la gran pantalla. El resto, intermediarios. Como el viaje estelar. Hay quién para contar una simple historia de amor necesita hundir un barco y otros que, para explicar el qué nos hace humanos, recurren a viajes espaciales, agujeros negros, planetas inhóspitos, plagas, olas del tamaño del Empire State, agujeros de gusano o una simple estantería llena de libros. Curisosamente, el lugar dónde empiezan los sueños.

Nolan es así. Te gusta o no te gusta. Lo aceptas o no lo aceptas. Él no tiene término medio ni lo tendrá.

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Matthew McConaughey og Anne Hathaway i Interstellar

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