52 Festival Internacional de Cine de Gijón (FICX52) – 26/11/2014 – Titli, Hippocrate y las casualidades

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El cielo de Gijón amanece despejado y el primer pase de prensa finaliza con aplausos del público asistente. ‘Titli‘, película dirigida por el hindú Kanu Behl, no es una película fácil de digerir. Ya sabemos que como dijo Woody Allen “la miseria está muy mal repartida“. Lo que siempre me han enseñado las películas, la mayoría, es que donde hay pobreza existe más solidaridad entre la población. Pues bien, ‘Titli’ te quita la venda de los ojos. Donde no hay nada la vida se convierte en una maratón por sobrevivir caiga quien caiga. La palabra no tiene valor y la familia tan sólo es una herramienta para delinquir en grupo. De paso, tambien podemos asistir al cine indie de Bollywood, porque el cine tambien tiene la obligación de mostrar la realidad de lo que sucede a nuestro alrededor y en la India no todo son bailes y cánticos. El propio director ha asegurado de ‘Titli’ probablemente nunca llegue a verse en su país. La era de la libertad decían. Ya. “En el cine indio se tiende a mostrar una imagen exótica del país y nosotros no queríamos eso, sino una imagen cruda, acorde con la historia que estábamos contando” afirma Kanu Behl.

Titli es el nombre del hijo pequeño de una familia de alimañas, ladrones y, en ocasiones, asesinos. Pero como también pasa en este mal llamado “primer mundo”, no quiere continuar en el negocio familiar ni seguir viviendo en los bajos fondos de Delhi. Me siento realmente conmocionada. Uno de los temas del film que más me han afectado es el trato a la mujer en estos paises. No es más que una propiedad del hombre, un mueble de la casa, un elemento de marketing. Puede violarte porque eres suya, tu familia puede obligarte a casarte para que no seas una vergüenza, pueden engañarte o pedirte tus ahorros porque tu vida no tiene ningún valor. Durante mucho tiempo he pensado que es muy triste mantener una pareja por el simple hecho de no estar solo, que las personas deberían ser exigentes a la hora de escoger a alguien para compartir su vida, que la melancolía no debe dictar nuestro futuro sentimental. ‘Titli’ me ha hecho cambiar de opinión. A veces sentirse acompañado es lo único que queda.

Kanu Behl retrata la pobreza como un infierno lleno de Lazarillos de Tormes con martillos y pistolas, como un cepillo de dientes con las cerdas abiertas. Jonathan Swift  escribió que cuando el diablo está satisfecho, es una buena persona. Me pregunto si no será al revés, si las buenas personas cuando no están satisfechas y viven rodeados de piernas que ponen zancadillas se convierten en demonios. ¿Fue antes el huevo o la gallina? Lo terrible de estas película no es la mierda que se pega en el interior de las uñas de las manos de los hombres de la familia protagonista, lo peor es que estar rodeado de mierda les acaba convirtiendo en unos mierdas.

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Occidente tambien tiene mucho polvo que limpiar. ‘Hippocrate‘ denuncia el abuso de poder de las grandes instituciones así como los problemas que genera el enchufismo y la situación de la sanidad francesa extrapolable a la española. La acción se desarrolla en un hospital donde Benjamin (Vicente Lacoste) comienza a trabajar como médico residente con la etiqueta de hijo de: Su padre es uno de los médicos mas destacados del hospital. Cuando Benjamin comete una negligencia que provoca la muerte de un paciente, el Doctor Barois (Jaques Gamblin) se encargará de crear pruebas para solventar este incidente. Esta situación unida a la falta de medios y personal en el hospital, injusticias hacia médicos sin padrino, guardias que nadie quiere cubrir y remordimientos adolescentes forman el contexto donde se desarrolla la historia de ‘Hippocrate’.

“La vida es una enfermedad de transmisión sexual” reza la pared, llena de pintadas obscenas, de la habitación en la residencia médica de Benjamin. ¿Será así como ven los médicos la vida? ¿Cómo una enfermedad? No lo creo. Sí llama la atención la forma en que el director Thomas Lilti muestra a los médicos como seres inertes que no sienten ni padecen ante la muerte o las enfermedades de los hospitalizados. Se divierten bebiendo y trasnochando cada día, las paredes del comedor están repletas de pintadas que parecen sacadas del Kamasutra y juegan con un azotador en forma de pene y una ruleta a cachetear el culo a cualquier trabajador que ose hablar de un enfermo mientras comen. Supongo que o uno aprende a frivolizar con la muerte o sería imposible que un ser abriese en canal a otro.

Desde luego, el abuso de poder es un tema clave en la película pero no quiero profundizar demasiado porque les descubriría la trama más interesante de esta amarga comedia. El amiguismo y las relaciones familiares enturbian las relaciones laborales. Debería existir un departamento de asuntos internos, como el de la policía, en todas las profesiones. Quizá así se evitarían atascos innecesarios en los juzgados.

¿Han caído en el paralelismo entre Titli, el nombre de la primera película,  y Thomas Lilti, director de la segunda? Es una chorrada, lo sé, pero tenía que decirlo porque llevo toda la tarde convenciéndome de que las casualidades existen y que es sólo el principio de una serie de juegos de palabras que la vida me está poniendo delante de los ojos para decirme algo. Pero sigo sin saber que es.