Mis domingos Vol. 15

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– Escuchar de fondo la inconfundible armónica de Ryan Adams, abrir los ojos, sonreír, estirar los pies bajo el nórdico en busca de los otros pies de la alcoba y acurrucarte en su calor.

– Ese placer en forma de mini croissants de chocolate de la Mistral, poner ojitos para que te traigan dos docenas a la cama.

– A falta de chimenea que la calidez la ponga en el hogar Sinatra rodando en el tocadiscos y empezar a oler a regalos bajo un abeto.

– Tener a la vista Canciones de amor a quemarropa para meterlo en la maleta navideña y recoger así el guante que te dejó Maia, hay alguien de tu sur que debe leerlo.

– Otto Preminger y Duke Ellington en Anatomía de un asesinato, pongan ustedes el resultado de esta perfecta ecuación.

– La sudadera favorita de él, besos a granel, un chorro de Pedro Ximénez y una cucharadita de risas son los ingredientes indispensables para que esta lasaña salga para querer volver a pasar por el altar.

– Bañar el atardecer con la dulzura de Ponyo en el acantilado.

– Buscar en las estanterías La isla del tesoro para prestárselo a la voraz lectora de tu sobrina y rememorar qué se siente cuando lo lees por primera vez.

– Dejar caer el día con los perdedores de Los mejores años de nuestra vida.

– Simular antojo de tortilla del Flash Flash para sacar a pasear tu nuevo fedora y con la oscura intención de acabar sentada en la barra del Dry Martini, la vida es mucho más bonita desde esa posición.

– Que te pille la noche enfrascada en Cualquier otro día y no poder soltarlo hasta una hora nada decente con vistas a un lunes.