La importancia de ser invisible (Nunca es demasiado tarde, 2014. Uberto Pasolini)

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Por David García Gallardo

Por obligaciones laborales he sido usuario en varias ocasiones del autobús nocturno, el llamado búho, que en Madrid sirve para ver gente de todo tipo y condición. Gente que vuelve de fiesta o gente que regresa a casa tras su jornada laboral, muchos de ellos adormilándose en los rincones en lo que dura su viaje. Pero también se puede observar en este transporte a gente que vuelve del centro de la ciudad con signos evidentes de no haber estado de fiesta ni trabajando. Gente que se desperdiga a lo largo de la madrugada día tras día aún teniendo edad como para estar durmiendo en su casa a las horas a las que andan por ahí y que nos hacen pensar en si alguien los espera en algún lugar. Gente que en su gesto triste y su aspecto descuidado nos trae la viva imagen de la soledad, de aquellos que un día desaparecerán sin dejar huella, porque uno siempre está vivo en la medida en la que otros le recuerdan. Y de ese tipo de gente nos habla ‘Nunca es demasiado tarde’.

El trabajo de John May (Eddie Marsan) consiste en encontrar a los familiares de los que han muerto solos. Su vida es tranquila y ordenada hasta que su jefe le da una noticia devastadora: su despido por recortes, aunque no por ello dejará de buscar a personas cercanas de su último caso. Y por primera vez siente la vida con su excitante y peligrosa imprevisibilidad.

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‘Nunca es demasiado tarde’ viene firmada por Uberto Pasolini, italiano afincado en Gran Bretaña, que a pesar de su apellido no tiene ningún parentesco con el ilustre director de ‘Saló o los 120 días de Sodoma‘ y ‘El Evangelio según San Mateo‘, pero sin embargo sí que lo tiene con otro clásico del cine transalpino, Luchino Visconti (‘El Gatopardo‘), del que es sobrino-nieto. Tras unos años dedicado al mundo de las finanzas, Pasolini empezó en el cine como asistente hasta que se pasó a la labores de producción, donde llegó a apadrinar un gran éxito como ‘Full Monty‘, que mostró que el cine social británico también podía tener un punto de diversión. En 2008 debutó en la dirección con la inédita ‘Machan‘, una historia rodada en Sri Lanka, que mezclaba deporte y política y ahora ha llegado a los cines españoles su segunda película como director, premiada en la sección Horizontes del Festival de Venecia 2013. ‘Nunca es demasiado tarde’ habla sobre la vida y la muerte pero sin necesidad de caer en grandes cuestiones filosóficas y dramatismos.

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Uberto Pasolini deja claro desde el principio que nos va a ofrecer una historia sencilla, narrada con concisión, al estilo de su protagonista, un hombre que se dedica a organizar el mejor entierro posible a aquellas personas que mueren sin compañía y que no son reclamadas por nadie. John May es un tipo solitario, de aspecto gris, muy metódico, al que le gusta hacer siempre las cosas de la misma manera, ya sea organizando los expedientes de aquellos muertos de los que debe ocuparse o sus propias rutinas personales. Enseguida entendemos que John es un hombre que está tan solo como las personas de las que se encarga y que quizá por saber lo que se siente en esa situación, quiere hacer lo mejor posible con ellos, dándoles un digno último adiós.

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Para encarnar a uno de estos personajes de personalidad adusta es clave tener a un buen actor que sepa transmitir su vida interior de forma convincente y eso lo consigue con creces Eddie Marsan. Y es que Marsan es uno de esos intérpretes británicos especializados en papeles secundarios que siempre cumplen a la perfección. A muchos les sonará su cara de haberle visto haciéndoselas pasar canutas a Will Smith en ‘Hancock‘ o de alguna de las muchas películas en las que ha participado, como ‘Happy: un cuento sobre la felicidad‘, los Sherlock Holmes protagonizados por Robert Downey Jr., ‘War Horse‘ o ‘Bienvenidos al fin del mundo‘, entre muchas otras. Marsan se ha especializado en su carrera en sujetos poco amigables, pero aquí consigue rayar a gran altura con su John May, un tipo tan curioso como entrañable, que mantiene su ética de trabajo y sus convicciones en todas las circunstancias.

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Uberto Pasolini es sabedor de que resulta mucho más poderoso insinuar y contener el llanto que caer en la pornografía emocional y el melodrama. Y eso es algo que está presente en el tono suavemente dramático de toda la película, que nos impregna desde el primer momento hasta emocionarnos profundamente en un final cargado de lirismo. A ello contribuye también la ocasional presencia de la música de Rachel Portman, pareja sentimental del director y veterana compositora de casi un centenar de bandas sonoras, entre las que se encuentran ‘Emma‘ (por la que ganó un Oscar) y otras como ‘Las normas de la casa de la sidra‘ o ‘Chocolat‘.

En medio de aventuras interestelares, sinsajos revolucionarios y éxodos bíblicos ‘Nunca es demasiado tarde’ corre el peligro de sufrir la misma suerte de sus personajes y pasar por la cartelera sin que nadie le haga mucho caso, algo que sería una lástima. Así que me van a permitir que haga un poco como John May y ponga mi granito de arena para poner en valor y recomendar una película que vale la pena. Una película sencilla y disfrutable que hace bueno aquel dicho que afirma que las mejores esencias se guardan en frascos pequeños. Una película que nos habla de esas cosas de las que hablaba “Eleanor Rigby”, aquella canción de los Beatles que se preguntaba de dónde venía tanta gente solitaria.