Magic in the Moonlight (Woody Allen, 2014)

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Conocéis a alguien que desafía las bases de vuestra visión del universo. Al principio seréis los incrédulos más radicales. Después empezaréis a dudar ante la cantidad de pruebas irrefutables. Por último, terminaréis por alcanzar un nuevo estado de iluminación que trastocará toda vuestra existencia. Lo que he descrito se aproxima mucho al proceso de enamoramiento y es exactamente el tipo de analogía que utiliza Woody Allen en ‘Magic in the Moonlight‘ para mostrar las dos caras de una misma moneda. Stanley Crawford es un mago de prestigio cascarrabias y un tenaz escéptico empeñado en demostrar la falsedad de cualquiera que afirme tener contacto con el mundo oculto. En su camino se encuentra a Sophie Baker, una encantadora joven mística cuya presencia junto con sus poderes de clarividencia están influenciando muy positivamente en una adinerada familia estadounidense de la Provenza.

Stanley no cree en nada que no pueda ver y demostrar de forma tangible. Es incapaz de asumir que existan cosas de las que él no conozca una explicación racional. Mientras usa trucos científicamente diseñados para ganarse la vida engañando y haciendo feliz a sus espectadores, no admite que alguien pueda hacer lo mismo utilizando otros métodos. No entiende que todos necesitamos mentirnos a nosotros mismos para encontrar consuelo, reconfortarnos y poder enfrentarnos a nuestra propia mortalidad con buena cara. Mientras intenta desenmascarar a la sorprendente Sophie, las charlas con diálogos rápidos, divertidos y cortantes sobre lo divino (la existencia del más allá) y lo humano (el amor) se suceden. Como en cualquier conversación alrededor de una taza de café o té, lo trascendente y lo terrenal pueden ocupar nuestra mente sin apenas inmutarnos. Así de frívolos y despreocupados somos cuando queremos.

Ese debate entre lo sobrenatural y lo científico, entre la pasión y lo cerebral, deja un destello de una verdad mucho más importante. Encontrar algo mágico en lo cotidiano no implica despreciar la lógica, sino simplemente aceptar que no todo está regido por hechos probados ni podemos desentrañar cualquier misterio. Los inexplicables sentimientos y emociones que fluyen desde el corazón son algo digno de tener en cuenta en la búsqueda de nuestra propia felicidad, al margen de decisiones eternamente meditadas. Se trata de tomar riesgos, disfrutar del momento y no sobreanalizar cada paso que damos basándonos en criterios falsamente objetivos que supuestamente garantizan nuestro bienestar y estabilidad. Además ¿quiénes nos creemos para poner en duda la concepción del mundo del otro si eso le ayuda a ser feliz? El desencanto y la falta de tolerancia respecto a la manera de entender la vida de los demás es también otra parte fundamental del discurso de esta deliciosa comedia romántica paranormal.