Conexiones y faltas de cobertura (‘Hombres, mujeres y niños’, 2014. Jason Reitman)

Por David García Gallardo

Los caminos en la crítica cinematográfica siempre son insondables y es habitual que se creen corrientes a favor de un determinado género de películas, actores o directores, alabando (a veces de forma injusta) todo lo que produzcan. Esas corrientes tienden a seguir el ciclo de las mareas y tarde o temprano acaban batiéndose en retirada, haciendo bueno lo del “donde dije digo, digo diego”. Y así tenemos muchos casos como por ejemplo Christopher Nolan que, tras años de endiosamiento un tanto desproporcionado, ha empezado a recibir algunas críticas enconadas en la última entrega de la trilogía de Batman y su actual ‘Interstellar‘. Críticas que en algunos casos vienen de aquellos que pusieron ‘El caballero oscuro‘ u ‘Origen‘ a la altura de ‘Ciudadano Kane‘, como si vinieran desde la desilusión y el arrepentimiento de haber puesto tantas ilusiones en él a pesar de que Nolan siempre ha hecho el mismo tipo de cine. No sabemos si acabará como M.Night Shyamalan, que tras años de alabanzas a “El sexto sentido”, “El protegido” o “El bosque”, lleva ya tiempo sin ganarse el beneplácito de casi nadie y crítica y público pasan olímpicamente de sus películas. Otro al que le está empezando a suceder algo similar es al director cuya última película acaba de llegar a nuestros cines.

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Póster ‘Hombres, mujeres y niños’

Jason Reitman empezó desde la esfera más independiente y se ha ido ganando un cierto prestigio después de seguir pasos muy diferentes a los de su padre Ivan Reitman (director de ‘Los incorregibles albóndigas‘, ‘El pelotón chiflado‘, ‘Cazafantasmas‘ o ‘Poli de guadería‘), con películas de tono más cotidiano y que mezclan comedia y drama. Confieso que no me dieron muy buena impresión sus dos primeras cintas (‘Gracias por fumar’ y ‘Juno‘), por ese aire autosuficiente que tenían, de ser películas encantadas de conocerse y de la (presunta) originalidad de sus diálogos, con algo de síndrome adolescente de pontificar y concluir sobre todo cuando aún se está empezando a vivir. Fue la espléndida ‘Up in the Air‘ el punto de inflexión en mi interés por Reitman, al ver a un cineasta que parecía haber madurado viendo su acierto a la hora de mostrar diversas miserias humanas y su posterior (y también excelente) ‘Young Adult‘ confirmó esas buenas sensaciones, formando ambas películas un curioso programa doble sobre unos personajes protagonistas que se creen los reyes del mambo hasta que se dan cuenta de que no son más que una gota de agua en el océano. ‘Una vida en tres días’, estrenada a principios de este año, era un interesante drama romántico que ya empezó a torcer algunos gestos y las críticas también se han dividido a la hora de calificar su nueva película, ‘Hombres, mujeres y niños‘, donde vuelve a insistir en una constante de su filmografía, a la hora de mostrar una historia coral de personajes inadaptados a la realidad que les rodea.

Jason Reitman

Jason Reitman

Don (Adam Sandler) y Helen (Rosemarie DeWitt) son un matrimonio tan acostumbrado a la vida en común que se aburre mortalmente, lo que les lleva a buscar nuevas experiencias a través de Internet. El hijo de ambos, Chris (Travis Tope), es un quinceañero enganchado al porno virtual. Hannah (Olivia Crocicchia), compañera de instituto de Chris, sueña con incorporarse al mundo del espectáculo y es fotografiada de forma sugerente por su propia madre (Judy Greer), para generar mayor tráfico en su página web. Por otra parte descubrimos a Patricia (Jennifer Garner), la madre hiperprotectora que vigila todos los movimientos en Internet de Brandy (Kaitlyn Dever), una adolescente responsable entregada a la lectura y que está muy interesada por Tim (Ansel Elgort), un chaval que ha dejado la práctica del fútbol americano para dedicarse a los videojuegos, algo que preocupa a su padre (Dean Norris), aún dolido por la marcha de su mujer con otro hombre. Como preocupado anda el padre (JK Simmons) de Allison (Elena Kampouris), una animadora que come lo menos posible para mantener su figura y verse más guapa.

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Basándose en la novela del mismo nombre, escrita por Chad Kultgen, Reitman refleja que, a pesar de los múltiples medios de contacto e interacción, no estamos más conectados con otras personas. Quizá tenemos la posibilidad de ampliar nuestro campo de relaciones, pero no de una manera profunda, sino quedándonos en la superficie y perdiendo parte de nuestra humanidad. A este respecto, resultan reveladores los planos en grandes espacios donde todas las personas van consultando sus dispositivos y aparecen sobreimpresionadas las actividades de cada uno en pantalla. A pesar de la cercanía física con muchos otros semejantes, cada uno está metido en su particular universo, incluso si va con alguien conocido a su lado, porque lo importante es lo que está sucediendo a través del dispositivo.

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Cuando vemos ‘Hombres, mujeres y niños’ somos conscientes de que no estamos viendo nada nuevo. Los conflictos a los que se enfrentan los adolescentes de esta película son universales y clásicos. Les vemos experimentando los primeros amores, la curiosidad acerca del sexo, el deseo de ser aceptado por los demás, la preocupación por la imagen física, el acoso de otros compañeros y la depresión. Por su parte, los adultos deben lidiar con la insatisfacción vital, las ilusiones perdidas, los engaños y autoengaños para sentirse vivos o la presión para educar adecuadamente a sus hijos. La diferencia con otras películas que han tratado estas temáticas es la influencia de las nuevas tecnologías en estas peripecias de aprendizaje, aunque la conclusión es similar. Tampoco es nueva la crítica de un avance que tiene gran repercusión en la sociedad y amenaza con idiotizarla, algo parecido hizo Ray Bradbury en su novela ‘Fahrenheit 451‘, surgida tras la aparición del uso masivo de la televisión y en la que los personajes no podían apartarse del visionado constante de grandes pantallas. Me pregunto qué pensaría Bradbury del actual fenómeno de comentar en Internet lo que se va viendo en la televisión, en una audaz combinación de pantallas que no pudo imaginar.

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Al final lo que queda patente es la gloriosa frase que Lampedusa inmortalizó en su novela ‘El Gatopardo‘, que todo cambia para seguir igual. Las nuevas tecnologías pueden haber cambiado nuestro modo de comunicarnos, pero nuestros problemas y necesidades siguen siendo los mismos, generación tras generación. Y todo ello se repite en un planeta que es una mota de polvo en la inmensidad del espacio, cita del astrofísico Carl Sagan (creador de la serie “Cosmos”) que se recuerda de forma recurrente en la película.

Con todo ello, ‘Hombres, mujeres y niños’ es una película que, como es habitual en la filmografía de Reitman, bebe del estilo Sundance y referentes como Alexander Payne (‘Los descendientes‘, ‘Nebraska‘) a la hora de retratar el lado más mediocre del sueño americano. Sus personajes están lejos de tener un comportamiento ejemplar, por mucho que crean que lo tienen (el personaje obsesionado con los peligros de Internet que interpreta Jennifer Garner se lleva la palma), en un coro de seres adultos que cometen más errores que sus hijos. Se le puede achacar una cierta querencia por los tópicos a la hora de construir alguna trama o personaje, especialmente en relatos tan vistos y prescindibles como el de la animadora con problemas de alimentación, pero no cabe duda de que el director trata de hacer una película lejana a la manipulación y el tremendismo al que podría haber dado lugar esta historia.

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La historia de amor entre Kate Winslet y Josh Brolin en ‘Una vida en tres días’ no convenció ni a crítica ni a público y parece que tampoco lo va a hacer ‘Hombres, mujeres y niños’, que ha pasado su exhibición estadounidense con más pena que gloria. Parecen ya lejanos los tiempos en los que Reitman logró más de 100 millones de dólares en taquilla y 6 nominaciones a los Oscar por ‘Up in the air’, pero creo que sigue ofreciendo un cine de indudable interés del que muchos parecen haberse desinteresado. Son las pegas de ponerse a la moda, que pasas de estar in a out cuando menos te lo esperas y si no, ya que hablamos de nuevas tecnologías, que se lo digan a MySpace. ¿Recuerdan cuándo era la red social por excelencia?