El instinto del artista (Sangre fácil, 1984. Joel y Ethan Coen)

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Por Henar Álvarez

Lo hacemos todo por instinto”, dicen los Hermanos Coen. Seguramente esta sea la diferencia entre una buena cinematografía personal de una mediocre. El instinto como sinónimo de talento, esa fuerza que te indica como se debe hacer algo aunque no tengas conocimientos suficientes para ejecutarlo. “Dar clases no es algo que hayamos considerado nunca seriamente. Hay una razón egoísta que lo explica […] pero hay una más práctica: No tendríamos ni idea de qué decir a los estudiantes” le aseguró Joel Coen al periodista Laurent Tirard, así lo recoge en su libro ‘Lecciones de cine‘. Ese instinto hace que una película llegue a lo más profundo y se moje en los jugos gástricos del espectador. Sangre fácil es la primera y una de las mejores películas de la filmografía de los hermanos Coen. Joel ya se había estrenado en algunas producciones en el área de montaje, de hecho participó en la venerada ‘Posesión infernal‘ de Sam Raimi. Estos hermanos encarnan la conjunción perfecta entre técnica y emoción que debe tener una película, a gusto de quien escribe. No es casualidad, mientras Joel estudió cine y tv, Ethan se licenció en Filosofía. Afortunadamente decidieron unir sus talentos para iniciar una carrera juntos. Así nace ‘Sangre fácil’ que huele a instintos básicos, angustia, provocación, celos y pérdida de papeles. Bendito 1984, la de alegrías cinematográficas que nos ha regalado.

Siempre que me llega una película con una trama principal donde los personajes sufren golpes emocionales fuertes y emiten una respuesta desesperada a los hechos sucedidos, me pregunto que parte de autobiográfico tienen. Y digo “parte”, porque me defraudaría pensar que es una historia totalmente ajena a quien la ha escrito. Me interesa el cine, cualquier rama del arte en realidad, como vehículo de desahogo. Soy una groupie de artistas desesperados. Así, la obra de Truman Capote empezó a interesarme de una forma insana al enterarme de que enamorado del protagonista de ‘A Sangre Fría’ y desquiciado por su muerte, no fue capaz de terminar ninguna otra novela. Me enamoré de Robert Walser al saber que él mismo se internó en un psiquiátrico al convencerse de que no podía describir la realidad con las palabras, se sentía fracasado en su cometido. Comprendí ‘La educación sentimental’ al conocer que Flaubert padecía continuas depresiones que le obligaban a retirarse en completa soledad. Necesitamos más leyendas sobre directores de cine, los escritores ganan por goleada.

En ‘Sangre fácil’, Frances McDormand abandona a su marido por uno de sus amantes. En represalia, por despecho y ante la incapacidad de aceptar el abandono de su esposa, Dan Hedaya contrata a un asesino para que termine con la vida de los nuevos tortolitos. Pensadlo un segundo, no es nada descabellado. Dicen que la mayoría de los fraudes fiscales se descubren por pistas de cónyuges engañados. En España tenemos el glamouroso ejemplo de Mayte Zaldivar entre otros. De personas que han contratado asesinos a sueldo para acabar con sus parejas está el mundo lleno. ¿Sufriría alguno de los hermanos Coen tal desengaño amoroso que valoró el terminar con la existencia de los traidores? La vida se te puede ir de las manos en el instante en que no seas capaz de asumir las consecuencias o decisiones de quienes te rodean. No nos engañemos, no somos los dueños de nuestro destino, al menos de su totalidad. Me pregunto que sentimiento de rabia es tan fuerte como para arriesgar tu libertad con tal de saciar la ira. Hay más peces que botellines, dice el dicho madrileño, pero recordad las palabras de Yoda a Anakin: “El miedo lleva a la ira, la ira lleva al odio, el odio lleva al sufrimiento. Percibo mucho miedo en ti.” Pero sobre todo, repetid conmigo: No soy dueño de la vida de nadie. Ninguna persona me pertenece.

La angustia es tan protagonista de ‘Sangre fácil’ como de ‘El diablo sobre ruedas’. Uno se sienta a contemplar la historia de tres balas en el cargador de una pistola en Texas y… todos sabemos como se las gastan en Texas.

Me resulta especialmente interesante el personaje de John Getz, el tercero en este relato de bajas pasiones. Creo que a todos nos resulta más o menos sencillo posicionarnos en el lugar del despechado, si no es así siente que te ha tocado la lotería, pero metámonos en el papel del amante. Creo que la ira y el odio son los sentimientos que mueven montañas y no el amor, como tratan de inculcarnos las leyendas urbanas y las parábolas religiosas. Por esta razón, cientos de dramas, telenovelas y tv movies utilizan este tema para amenizar a una parte considerable de la población mundial. ¿Taparíais un homicidio? ¿Trataríais de esconder un crimen pasional por estar en medio de un triángulo amoroso? Si la respuesta es sí, creo que está más relacionado con el miedo a verse implicado como cómplice del asesinato o con un sentimiento de culpabilidad que por amor al homicida. ¿Quién se mancharía las manos de sangre pudiendo pasar de puntillas entre el desorden? A lo mejor no he aprendido a amar lo suficiente o quizá Bong Joon-ho me ha enseñado que esas cosas solo las hacen los padres… y me ha convencido más que la Biblia.

El instinto del artista se alimenta de las pasiones. Lástima, nunca sabremos si el dolor animó a los Coen a escribir Sangre fácil. Ustedes piensen lo que quieran, yo ya tengo mi película montada. Los hermanos Coen son herméticos. Dicen quienes han podido entrevistarles que es todo un hito sonsacarles un titular. “El mundo está lleno de quejicas pero el hecho es que ya nada está garantizado. No importa que seas el Papa de Roma, el presidente de los EEUU o el hombre del año, siempre hay algo que puede salir mal. Adelante, quéjate. Cuéntale tus problemas al vecino, pídele ayuda y verás como pasa de ti.” Ellos no se quejan, ellos transforman los problemas en películas. Es la mejor forma de que les escuchemos.

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