‘Mr. Turner’ y ‘Big eyes’: Dos biopics en la cartelera

Por David García Gallardo

Los biopics o películas biográficas suelen ser por desgracia menos interesantes de lo que los personajes reflejados prometen. Muchas veces se parecen y son intercambiables en sus lugares comunes a la hora de ilustrar la historia en función de los valores de ascensión, caída y redención, donde un gran trauma infantil o juvenil marca sus espíritus para llegar a convertirse en lo que son tras un camino de subidas y bajadas. Y a eso hay que sumarle un retrato del que se dejan unos detalles por el camino o se alteran otros, por decisión artística o por necesidad de recortar metraje, porque rara vez una vida entera cabe en una única película si no es fruto de la ficción. De hecho, los biopics más estimables son aquellos que, como si de una buena adaptación literaria se tratase, traicionan el texto original para quedarse con algo en concreto que les pueda valer para hablar de la figura a la que quieren representar. En esta entrada hablaré de dos de ellos, ambos dedicados a pintores, que coinciden en nuestra cartelera. El primero de ellos es ‘Mr.Turner

poster mr turner‘.

Artista reconocido, ilustre miembro de la Royal Academy of Arts, el pintor inglés Joseph Mallord William Turner (Timothy Spall) vive con su padre y su fiel ama de llaves. Es amigo de aristócratas, visita burdeles y viaja frecuentemente por lugares de Inglaterra y de otros países de Europa en busca de inspiración. A pesar de su fama, tampoco se libra de las ocasionales burlas del público y del sarcasmo de la sociedad por su reconocible estilo, aunque eso no le echará para atrás en su búsqueda de la mejor forma posible de reflejar la luz del Sol en sus pinturas.

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El británico Mike Leigh siempre ha sido uno de esos cineastas que ha hecho las películas que ha querido, demasiado personal para ser considerado un artesano, como su paisano Stephen Frears y tampoco atribuible al realismo social tan típico de aquella cinematografía, pues a pesar de la observación de la realidad que tiñe muchas de sus obras, Leigh nunca ha pretendido ser un Ken Loach. Y en cierto modo, la actividad profesional del realizador de películas como ‘Secretos y mentiras‘, ‘El secreto de Vera Drake‘ o ‘Happy, un cuento sobre la felicidad‘ es coherente para retratar a un pintor que se movió a dos aguas, entre el romanticismo y un primer impresionismo. Cuadros como ‘El Temerario remolcado a dique seco’ o ‘Lluvia, vapor y velocidad’ nos hablan de un artista que no quiso conformarse con pintar paisajes y objetos con total exactitud, sino que quiso reflejar la sensación de la visión humana ante los mismos, con brochazos sueltos y sin acabar de definir del todo las formas, para capturar la sensación del momento, como si la acción se estuviese desarrollando ante nosotros.

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El director Mike Leigh

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El Temerario remolcado a dique seco

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Lluvia, vapor y velocidad

Leigh centra su película en el último tercio de la vida de Turner, desde mediados de los años 20 del siglo XIX, cuando ya es un artista reconocido, hasta su muerte, en 1851. Así, le vemos trabajar en sus pinturas y en sus relaciones con otras personas, donde no fue tan diestro como en su arte. Aunque estuvo presente en la vida artística de su época y trabó contacto con otros pintores, no fue muy dado al politiqueo y la compra de intereses que tantas veces contamina al mundillo cultural. Y en sus aventuras amorosas, vemos que tuvo una relación con una mujer con la que tuvo dos hijas a las que no prestó mucha atención y cuya existencia ocultó ante los demás, antes de pasar los últimos años de su vida junto a otra mujer a la que conoció en uno de sus viajes en búsqueda de la mejor forma de capturar la luz solar. Todo ello marcado por la presencia de su padre, con el que estuvo muy unido y cuya muerte le causó una profunda impresión y de su ama de llaves, una mujer no especialmente agraciada que estuvo a su servicio durante años de forma fiel y a la que usó como ocasional refugio sexual, en una de las licencias históricas que confiesa haberse tomado el director para desarrollar la trama.

Cannes 2014: Mr Turner

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Da gusto como Leigh sigue las tradiciones del biopic a la manera que Turner las de la pintura de su tiempo y difumina el trazo de la misma manera, dejando la información para que la vayamos absorbiendo. En ‘Mr. Turner’ no hay desarrollo ni flashbacks de la infancia del artista, de la que se nos da una idea en breves líneas de diálogo, así como tampoco se le pinta como un incomprendido prodigioso que experimenta grandes sufrimientos y tiene alguna historia de amor redentor. No hay una gran lección o cambio vital, pues Turner acaba la película siendo básicamente el mismo que cuando la empieza, como un tipo poco agraciado físicamente, algo cascarrabias, que muchas veces expresa sus emociones con gruñidos y que no aspira a cambiar el mundo que le rodea ni la historia del Arte. De hecho, Turner asistirá con curiosidad al nacimiento de la fotografía como nuevo medio de reproducir la realidad, como parte de ese mundo mecanizado de la Revolución Industrial que se abría paso llevándose por delante lo tradicional, tal como reflejó en los cuadros antes citados. En uno se escenificaba el ocaso de un viejo buque de madera arrastrado por uno metalizado y motorizado y en el otro la llegada de un tren humeante a un paisaje agreste.

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Otro de los aspectos a destacar es la magnífica interpretación de Timothy Spall, habitual del cine de Mike Leigh, que sin grandes alardes está excelente en su recreación de Turner y se merece todos los premios que le puedan dar por este trabajo. Un reconocimiento merecido para un actor con más de 30 años de carrera a sus espaldas y cuyo rostro de perro pachón podemos encontrar en infinidad de películas, algunas de escasa repercusión y en otras más exitosas, como la saga de Harry Potter, donde daba vida al personaje de Colagusano o en ‘El discurso del rey‘, donde fue el mismísimo Winston Churchill.

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A Leigh se le puede reprochar una cierta morosidad que hace que en ocasiones la película se haga un poco larga, aunque ello es fruto de una trama en la que no existen agarres fáciles para el público, al estilo del personaje que se retrata, no muy dado a la empatía. Esa inmersión de la película en el carácter del personaje se deja notar también en la excelente fotografía de Dick Pope, habitual en el cine del director y que aquí propone una paleta de colores que habrían hecho soltar un gruñido de aprobación al propio Turner, mostrando un tono visual que resulta bello sin caer en el preciosismo.

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Y si hablamos de Mike Leigh como un cineasta difícil de encasillar, no podemos decir lo mismo del estadounidense Tim Burton, archiconocido por sus mundos de fantasía gótica a lo largo de una carrera que ya abarca tres décadas. Así, ha logrado éxitos como ‘Bitelchús‘, ‘Batman‘, ‘Eduardo Manostijeras‘, ‘Ed Wood’, o ‘Big Fish‘ y fracasos como ‘Mars Attacks!‘. Aunque en lo comercial no le ha ido mal en sus últimas cintas, muchos echan de menos la inspiración del Burton de los años 80 o 90. Y en su nueva producción, ‘Big Eyes, el realizador ha renunciado a muchas de sus señas de identidad para afrontar una historia de esas que aunque suene a ficción es totalmente cierta.

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‘Big Eyes’ narra la historia de Margaret y Walter Keane, un matrimonio que en los años 50 y 60 del siglo pasado tuvieron un éxito enorme con los cuadros que representaban niños tristes de grandes ojos. La autora de las pinturas era Margaret, pero los firmaba su marido, quién se llevaba el mérito de las creaciones e insistía en mantener la mentira para no perder unos ingresos cada vez mayores. Aunque muchos críticos no apreciaron esas obras, el éxito popular fue enorme y Walter Keane se codeó con grandes estrellas de Hollywood como Natalie Wood, Joan Crawford, Jerry Lewis o Kim Novak, algunas de las cuales llegaron a pedirle que las retratara. La mentira se mantuvo durante unos años, hasta que Margaret decidió abandonar a su marido y reveló la verdad de esos cuadros de grandes ojos.

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A veces se da el caso de que hay una historia y unos implicados en ella que hacen presagiar una gran película, pero luego la cosa no se acaba de rematar. Los personajes de grandes ojos de los cuadros de Margaret Keane pueden hacernos pensar en esos atormentados personajes de Tim Burton, así que nadie más indicado que él para dirigir. El guión lo firman Scott Alexander y Larry Karaszewski, especializados en biopics de personajes bizarros, que ya colaboraron con Burton en ‘Ed Wood’ (posiblemente la obra maestra de su director) y están detrás de otros no menos celebrados como ‘El escándalo de Larry Flynt’ o ‘Man on the moon‘. Y luego dos actores de capacidad demostrada, como son Amy Adams y Christoph Waltz, para dar vida a los protagonistas. ¿Pero qué es lo que queda al final? Pues una película no demasiado satisfactoria.

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Cuando uno ve ‘Big Eyes’ sabe que es de Tim Burton porque así lo indican los créditos, pero no porque se note la mano de su director tras la cámara. La acción se desarrolla en la soleada California y tiene el colorismo propio (con la colaboración del director de fotografía Bruno Delbonnel, habitual del cine de Jean-Pierre Jeunet) de las ambientaciones de los años 50 y 60, así que no cabe esperar rastro de oscuridades. Esa luminosidad visual no es un defecto en sí misma, como sí lo es la falta de claroscuros con la que se definen los personajes. Vemos que Walter Keane es un negado para el arte que sin embargo tiene el don de ganarse a los demás con su verborrea, mientras que Margaret es más retraída, de valores tradicionales y cree que una mujer debe ser fiel y obediente a su esposo, aunque eso la limite. Pero todo ello está retratado con escasos matices, donde buenos y malos lo son de forma demasiado simple, que puede servir si aceptamos ‘Big Eyes’ como un cuento moral de fácil digestión. Un cuento que deja muchas ideas en el aire sin ser exploradas con una profundidad que le habría venido mucho mejor al resultado final.

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Una de esas ideas es el juego que propone Burton, voluntaria o involuntariamente, con la figura del crítico furibundo hacia la obra de los Keane. El siempre estupendo Terence Stamp encarna a un personaje que detesta el éxito de esos cuadros de niños de ojos grandes por considerarlos kitsch y pueriles, una crítica que algunos han hecho al cine del propio Burton, casi siempre bien recibido por el público como lo son los cuadros de los protagonistas. Uno de los pocos puntos de fuga de una película que solo parece hacer notar la presencia de sus artífices en su tramo final, cuando empieza la reclamación de la autoría de los cuadros y que da lugar a escenas como la del juicio, que rompen algo con el fácil academicismo del resto del metraje.

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En cuanto a los actores, Amy Adams cumple sin grandes alardes con un personaje que podría haber dado mucho más de sí y Christophe Waltz no acaba de dar con la tecla del suyo, que en algunos momentos incluso recuerda a los momentos más sobreactuados de su célebre Hans Landa de ‘Malditos bastardos‘. Todo ello para una película que se deja ver, que no aburre, pero que tampoco deja huella en lo que viene a ser un biopic al uso, con su arco narrativo de ascensión, caída y redención y letreritos antes de los créditos finales que nos cuentan que pasó con los protagonistas. Entre ‘Mr. Turner’ y ‘Big Eyes’, a buen seguro que la batalla del público la ganará el filme de Tim Burton, pero creo que la vencedora moral de la guerra, y quizá por ello acabará siendo más recordada, es la cinta de Mike Leigh.