‘The Imitation Game’ y ‘St.Vincent’: El sello de Harvey Weinstein

Por David García

Cuando al público que no se fija mucho en los títulos de crédito de las películas ni en las entretelas de la industria del cine le preguntamos quién es Harvey Weinstein se puede quedar con cara de no tener ni idea. Y lo que desconocen es que ese señor, neoyorquino del barrio de Queens, con aspecto de mafioso escapado de ‘Los Soprano’, está detrás de muchos grandes éxitos de Hollywood en los últimos lustros. A Harvey Weinstein le apodan “Harvey Manostijeras” o “El Castigador” por su querencia a alterar el montaje de las películas que produce o por su enérgica decisión a la hora de lograr sus objetivos. Junto a su hermano Bob creó la compañía Miramax, uniendo los nombres de sus padres (Miriam y Max) y tras unos inicios modestos pegaron el pelotazo con Sexo, mentiras y cintas de vídeo‘ a finales de los 80. En los 90 Miramax se consolidó como gran estandarte de un cine al margen de los grandes estudios y apadrinó, como productora o distribuidora, películas como ‘Juego de lágrimas’, ‘Pulp Fiction‘, ‘Clerks‘, ‘El paciente inglés’, ‘El indomable Will Hunting‘, ‘Las normas de la casa de la sidra’ y ‘Shakespeare in love‘. Precisamente, ésta última le puso en el punto de mira público, pues muchos consideraron que la cinta protagonizada por Joseph Fiennes y Gwyneth Paltrow ganó los Oscar del año 99 gracias a las presiones de Harvey Weinstein a los miembros de la Academia para que votaran su película por encima de ‘Salvar al soldado Ryan’, de Steven Spielberg. Los éxitos siguieron con la saga de ‘El señor de los anillos‘, ‘Kill Bill 1&2‘, ‘Chicago‘ y también tuvo tiempo de enfrentarse con Martin Scorsese por el montaje de ‘Gangs of New York‘ mientras su hermano Bob tampoco perdía la ocasión y se hacía de oro con éxitos de su propia compañía, Dimension Films, que tuvo la buena idea de poner en marcha una resurreción del “slasher” con la saga ‘Scream’ y producir también su respectiva parodia en la saga ‘Scary Movie‘. En 2005, Harvey y Bob fueron despedidos de la compañía que habían fundado y que había sido adquirida por Disney, pero ellos siguieron con lo suyo y montaron The Weinstein Company, para seguir produciendo cine con gran éxito comercial y a nivel de premios. De hecho, en los últimos años, Harvey Weinstein ha estado presente en los Oscar con películas como ‘The Artist‘, ‘El discurso del rey‘ o ‘El lado bueno de las cosas’, según sus detractores más por su habilidad para convencer a otros de que voten a sus producciones que por la calidad de las mismas. Y es que a Harvey Weinstein siempre se le ha reprochado, más allá de sus maneras de productor rudo de la vieja escuela, que sus películas son productos prefabricados para el gran público y para cazar premios, bien pergeñados en la superficie, pero muy convencionales en el fondo. Y creo que esa definición encaja perfectamente con sus últimas producciones en llegar a nuestras salas, ‘The Imitation Game (Descifrando Enigma)‘ y ‘St.Vincent’.

Harvey Weinstein

Harvey Weinstein

‘The Imitation Game (Descifrando Enigma)’ narra la carrera contra el tiempo de Alan Turing (Benedict Cumberbatch) y su equipo de descifrado de códigos en su intento de romper el cifrado de la máquina Enigma de la Alemania Nazi en el ultrasecreto Cuartel General de Comunicaciones del Gobierno del Reino Unido, situado en la mansión de Bletchley Park. El variopinto grupo de académicos, matemáticos, lingüistas, campeones de ajedrez y oficiales de inteligencia tenía un poderoso aliado en el primer ministro Winston Churchill, que autorizó la prestación de cualquier recurso que necesitaran. Una labor que tuvo una gran importancia en el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, ya que tras descifrar los códigos las Fuerzas Aliadas pudieron conocer con antelación cuáles iban a ser los movimientos de sus enemigos, al tiempo que dejaban caer información falsa para confundir al bando nazi.

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La historia del matemático Alan Turing y sus trabajos para descifrar la máquina Enigma ya fueron objeto de ‘Breaking The Code‘, un telefilme de los años 90 protagonizado por Derek Jacobi y ‘Enigma‘, película dirigida por Michael Apted en 2001 y protagonizada por Dougray Scott, Kate Winslet y Saffron Burrows, donde se cambiaron nombres de los personajes para tomarse licencias históricas, como obviar la homosexualidad de Turing, algo que le acabó causando graves disgustos en su vida personal.

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Alan Turing vivió entre 1912 y 1954 y es considerado el padre de la informática moderna por sus investigaciones en la creación de computadoras. Uno de sus temas preferidos fue la inteligencia artificial y establecer si las máquinas podían desarrollar una mente propia. El llamado “Test de Turing”, para establecer si una máquina era capaz de discernir las cosas como un ser humano, fue desarrollado por Philip K. Dick en su libro “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” y en su adaptación al cine, en ese test Voight-Kampff que servía para detectar replicantes en ‘Blade Runner‘.

La temprana muerte de Turing vino dada por un más que probable suicidio tras haber sido condenado por homosexual, algo que era delito en la Gran Bretaña de la época. Turing se convirtió en un apestado social y el tratamiento hormonal al que fue sometido para corregir sus inclinaciones sexuales le dejó en un estado lamentable que le condujo a su decisión final. Y todo ello sin que se supiera hasta unos años más tarde la labor que había llevado a cabo en la Segunda Guerra Mundial, porque el secreto de la operación aún no había prescrito.

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Alan Turing

‘The Imitation Game (Descifrando Enigma)’ comienza con ese rótulo de basada en una historia real que, buscando dar mayor credibilidad a la historia, hoy día es casi objeto de burla por su uso en tantos subproductos de baja calidad. Es la primera convención de una película que enseguida deja claro que Turing es un ser tan brillante como poco sociable, con dificultad para captar los dobles sentidos y la ironía en otras personas, algo precisamente irónico en alguien experto en resolver mensajes encriptados y que tuvo que revelar secretos del enemigo cuando él mismo era el que más ocultaba. Su carácter le creará problemas con sus compañeros de trabajo (Matthew Goode, Matthew Beard y Allan Leech) y solo se sentirá comprendido por Joan Clarke (Keira Knightley), una joven criptoanalista adelantada a su tiempo y que al igual que él tiene que abrirse paso en un mundo que inicialmente no la considera adecuada.

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THE IMITATION GAME

El filme viene dirigido por el noruego Morten Tyldum, que tras destacar en el cine de su país con películas como ‘Headhunters‘, da el salto a la producción internacional en una película que le puede dar la gloria de los premios a pesar de que su labor sea la de mero artesano, articulando una historia que llegue al gran público. La trama se toma algunas licencias históricas, como la simplificación del número de gente que trabajó para descifrar Enigma y convierte a Turing en único desarrollador de una máquina que fue puesta a punto por varias personas. Eso no es un problema de por sí, salvo cuando también se simplifica el carácter de la mayoría de personajes, expuestos en un trazo y carentes en su mayoría de la profundidad que al menos sí se le da al protagonista, atormentado por sus dificultades para conciliar su vida como genio matemático y sus inclinaciones personales. Porque lo cierto es que Benedict Cumberbatch hace un trabajo estupendo como Alan Turing, mostrando una vez más un talento como actor que viene evidenciando en los últimos años y que podría ser bien recompensado por este personaje. Cumberbatch es el mejor de un reparto en el que el resto de integrantes cumplen con unos personajes que no dan para mucho más, tanto en los jóvenes como en los veteranos Charles Dance y Mark Strong, supervisores de la operación para descubrir el secreto de Enigma.

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Con todo ello, ‘The Imitation Game (Descifrando Enigma)’ es una película que deja buen sabor de boca una vez terminada aunque no vaya a cambiar tu vida como espectador. Es de esas cintas que saben conectar con el público y le dan lo que va esperando, ya sea un momento dramático, otro cómico u otro romántico, todo ello en ajustadas dosis, sin cargar las tintas. Una de esas películas bien facturadas y fáciles de digerir que le encanta producir a Harvey Weinstein y que a buen seguro estará presente en la temporada de premios de este año. Una estela en la que se mueve otro estreno apadrinado por él, ‘St. Vincent’

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Vincent (Bill Murray), es un viejo cascarrabias que vive en una casa sucia y destartalada y que cuando no está emborrachándose en el bar, se relaciona con una prostituta de Europa del Este (Naomi Watts). Esa vida decadente cambiará cuando inicie una peculiar relación con un niño (Jaeden Lieberher), cuya madre (Melissa McCarthy), madre soltera y trabajadora, le confía su cuidado como canguro.

La historia de esta película probablemente le suene familiar a más de uno, con el clásico punto de partida en el que un hombre mayor ejerce de figura paterna de un crío necesitado de ella, al tiempo que recupera el valor de la comprensión humana. Esto lo podemos encontrar lo mismo en la serie animada ‘Heidi‘ que en el ‘Gran Torino‘ dirigido por Clint Eastwood y ‘St.Vincent’ sigue las pautas religiosamente, como no podía ser de otro modo en una película en la que se habla del concepto de santidad. Vincent es aparentemente un misántropo que solo encuentra placer en su gato, la bebida, en la compañía de damas de la noche y en apostar en carreras de caballos, pero a lo largo del metraje iremos descubriendo por qué se comporta de ese modo. Entonces veremos que no es tan egoísta como parece, que las circunstancias de su vida le han llevado a seguir esos caminos de perdición y que, a pesar de ello, aún conserva una gran humanidad.

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Bill Murray es uno de esos actores que ya se han convertido en icono pop, recordado por sus intervenciones en comedias ochenteras como ‘Cazafantasmas‘, noventeras como ‘Atrapado en el tiempo‘ y dramas contemporáneos como ‘Lost in Translation’. Murray nunca ha sido un actor del Método ni falta le ha hecho, pues esa capacidad suya de interpretar comedia y drama con el mismo gesto burlón, cínico y melancólico le ha dado siempre un toque metafísico, como si nada debiera ser tomado ni muy en broma ni muy en serio. Un gesto que también le sirve para dotar de personalidad a Vincent, un personaje en el que puede lucirse a gusto y hacer que le queramos incluso más cuando se porta mal. Si Murray tampoco cambió su rostro cuando perdió el Oscar al mejor actor cuando fue nominado por ‘Lost in Translation’, es de suponer que también lo mantenga cuando quizá consiga otra candidatura (de momento ya la ha logrado en los Globos de Oro) y quién sabe si algo más por su Vincent.

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En cuanto al resto del reparto, niños y adultos, todos cumplen en sus personajes. Con una Melissa McCarthy más contenida y dramática que en ‘La boda de mi mejor amiga‘ o ‘Cuerpos especiales‘, como madre que trata de acostumbrarse a su nueva vida y a los remordimientos de no poder criar a su hijo como le gustaría a causa de sus obligaciones laborales. Por el contrario, Naomi Watts relaja la tensión habitual de muchos de sus papeles y pone varios puntos de humor con su prostituta de acento eslavo, de esos que es mejor disfrutar en versión original.

Aunque escrita y dirigida por el debutante Theodore Melfi, ‘St. Vincent’ tiene el sello de su productor. No es una película que vaya a cambiar la historia del cine, pero es un entretenimiento bastante digno que se ve con agrado y que deja buen poso una vez ya visto. Y que a los que nos gusta Murray nos da la oportunidad de verle bailando de forma estrafalaria el ‘Somebody to love‘ de Jefferson Airplane o cantando el “Shelter from the storm” de Bob Dylan en plano fijo.