No sin mis recuerdos (‘Still Alice’ 2014. Richard Glatzer y Wash Westmoreland)

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Por Henar Álvarez

No somos nada sin nuestros recuerdos y nuestras ambiciones. Siempre que nos preguntan quienes somos respondemos con nuestras memorias, con aquello que ha terminado por convertirse en nuestra seña de identidad:  hobbies, vocación, lugares del planeta favoritos… Seguramente tengan todos una explicación en el pasado: El lugar donde fuiste feliz, la primera vez que te felicitaron por un trabajo en el cole, aquello que viste hacer a tu madre con una sonrisa en la boca.

Nuestras ambiciones nos hacen caminar. Cada vez queremos más porque nos satisface superar las metas personales, de hecho son las que más satisfacción provocan. Sin propósitos no somos más que un mueble decrépito, un parasito dependiente.

Sin recuerdos y sin ambiciones estamos muertos. En ‘Still Alice‘, Julianne Moore ve como ambos se desvanecen en su cerebro. Sufre un tipo de alzheimer precoz que además se transmite por los genes. Si ya resulta dramático padecer cualquier enfermedad degeneratoria en el caso del personaje de Alice se incrementa al tratarse de una profesora de comunicación que ha dedicado su vida al estudio del lenguaje. Aquello a lo que se ha entregado se evapora en su persona.

Richard Glatzer y Wash Westmoreland dirigen este drama que le ha valido un globo de oro a su protagonista, quien sabe si por fin le hará ganar el ansiado Oscar. Julianne Moore realiza una interpretación sentida, sin dramatismos extremos. Muestra de manera soberbia la lucha por mantener su esencia contra el olvido. Refleja el valor, la fuerza mental y la valentía de una mujer que quiere vivir el tiempo que le queda con dignidad. Sabe que cuando su cerebro se tiña de negro la muerte habrá llegado para ella. Como hemos dicho al inicio de este texto: sin recuerdos y sin ambiciones no hay nada, no hay sentido ni dirección.

Recordé la sensación de desasosiego que Kate Winslet y Jim Carrey padecen en ‘Olvídate de mi‘ al comenzar a borrar su relación amorosa de la mente, y eso que son ellos mismos quienes deciden de forma voluntaria ‘formatear’ sus vivencias en común. Recordé también memorables personajes amnésicos: Guy Pearce en ‘Memento‘ o Harry Dean Stanton en ‘París, Texas‘. Todos dejan de ser ellos para convertirse en entes errantes, buscan con más o menos tino su lugar en este mundo. Esa segunda oportunidad, esa redención mental, nunca será opción para Alice.

Según Freud el “yo” es la parte de la personalidad que se organiza como consecuencia de la influencia del ambiente. Por su capacidad para evaluar y comprender la realidad, el yo le permite al sujeto superar las amenazas externas e internas. El yo se rige por el principio de realidad. Me pregunto como se puede ser consciente de la realidad sin poder acceder a la información que hemos almacenado durante años. No se puede. Un recién nacido no tiene “yo” porque no posee la información suficiente para analizar la realidad. El alzheimer que sufre Alice le sumerge en un dolor atroz y sin cura, la poderosa  interpretación de Julianne Moore nos ayuda a comprender el calvario al que están sometidos estos enfermos.

Así como Jean-Louis Trintignant cuida y protege a Emmanuelle Riva en ‘Amour‘, el personaje de Alec Baldwin se convierte en el bastón de Alice. “Eres la mujer más bella y más inteligente que he conocido” le dice al comenzar la película. “Eras la mujer más bella e inteligente que he conocido” le escuchamos susurrarle en los últimos minutos del film mientras se le empañan los ojos. 

Es duro asistir a la tortura que vive esta familia al ver como la mujer que se convirtió en un ejemplo de superación para cualquier ser humano se mea en los pantalones porque no recuerda donde está el baño de casa. Aun así, merece la pena.

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