3ª jornada en la Berlinale 2015

Después de ver ‘Victoria‘, he decidido que en el tiempo que me queda en Berlín, si un grupo de chicos se acerca para decirme que ellos son “Berlineses reales” y que pueden enseñarme el verdadero espíritu de la ciudad, me daré la vuelta y me marcharé haciéndome la española.

La actriz Laila Costa protagoniza el film alemán de Sebastian Schipper. Es una película oscura con movimientos de cámara rápidos y montada en un sólo plano secuencia de dos horas. Laila y cuatro ejemplares de cani alemán prepraran el asalto a un banco por la triste cantidad de 50.000 euros. Esto debió ser, sin duda, un fallo de guión porque nadie en su sano juicio pasaría por el periplo de este grupo de descerebrados para repartir entre 5 partes un botín tan mísero. Recordemos que cuentan las malas lenguas que es lo que gana Belén Esteban cada semana que pasa dentro de la casa de Gran Hermano VIP.

El director de fotografía podría ser el técnico de luces de la antigua Fabric. En todas las secuencias en el interior de discotecas se respira un aire esquizofrénico. Si miras durante más de cinco minutos la pantalla corres el peligro de sufrir un ataque de epilepsia como los que generó Pokemon en su día, recuerden que está montada sin cortes que permitan respirar al espectador.

Aunque el producto final resulta satisfactorio, me encuentro ante la excepción de la norma: la forma ha ganado al fondo. El envoltorio de la historia está tan pulido y bien planificado que mis ojos se enganchan a la adrenalina que han generado los protagonistas al sentir el olor a muerte de su propia carne.

Fotograma de 'Victoria'

Fotograma de ‘Victoria’

Esta noche en el pase de ‘Angelica‘ me he preguntado como será escuchar las carcajadas de una sala de cine repleta de gente con las escenas que has rodado cuidadosamente para que resulten, al menos, inquietantes. Mitchell Lichtenstein sitúa la historia en el Londres de 1880 e intuyo que pretendía realizar una película de terror psicológico y de denuncia por la situación de las mujeres en aquella época. Se ha quedado en una parodia del estilo de ‘Drácula, un muerto muy contento y feliz’ de Mel Brooks. Es más, ‘Ángelica’ y ‘Queen of the desert‘ podrían haber formado juntas la sección especial “Berlinale Troll”. Una lástima por Jena Malone que estaba monísima en la presentación al público.

Henar Álvarez

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Fotograma de ‘Ixcanul’

Las fronteras son sinónimo de constante conflicto entre dos entidades diferentes separadas por una barrera imaginaria. Pueden estar construidas dentro de nosotros mismos al ser incapaces de tomar una decisión importante, quizá entre los distintos puntos de vista con que dos individuos ven el mundo o en un accidente geográfico que separa una vida miserable de la tierra de los sueños y las oportunidades. En ‘Ixcanul‘ (Jayro Bustamante, 2015) su joven protagonista es víctima de un matrimonio concertado. Una realidad que le impide elegir por ella misma una vida que le permita simplemente aspirar a ser feliz por el insultante sometimiento de las mujeres a los intereses de los hombres en su comunidad. El volcán al que reza su pueblo sirve de poderoso fondo visual y recordatorio constante de su poder destructor. Una naturaleza hostil que parece advertir del peligro de confiar en los demás cuando sus intereses personales y económicos están en riesgo. Amenaza que se materializa en un ataque directo contra la dignidad de quienes han cometido el error de no conocer otro idioma que les permita defenderse ante las mentiras y la burocracia.

El encanto de la burguesía empieza y acaba con el título de la película de Luis Buñuel. Las diferencias de clases, la opresión y la hipocresía por parte de los que ocupan las posiciones socioeconómicas más altas a costa de los más pobres son un objetivo muy estimulante para cualquier medio de expresión artística. ‘Journal d’une femme de chambre‘ (‘Diary of a Chambermaid’, Benoit Jacquot, 2015) usa la llegada de Célestine a su nuevo puesto de sirvienta en Normandia para mostrar las contradicciones, la falsa moral y los turbios secretos de un matrimonio de bien con un marido acosador y una esposa frígida que encuentra alivio con el contenido de un enigmático joyero. Su descaro e inconformismo ayudan al personaje sólidamente interpretado por Léa Seydoux a luchar contra el destino que han padecido el resto de mujeres a cargo de la casa. En sus esfuerzos por deshacerse de las cadenas de la pobreza y luchar por su propia emancipación, Célestine descubre que la miseria moral no es exclusiva de las clases privilegiadas. Gran amargura es lo que provoca el comprobar que los más necesitados sigan teniendo únicamente la posibilidad de elegir quién les explota y el precio por soportarlo, ya sea en 1900 o en la actualidad.

Ramón Rey

Fotograma de 'Journal d’une femme de chambre'

Fotograma de ‘Journal d’une femme de chambre’