4ª jornada en la Berlinale 2015

La cuarta jornada de la 65ª Berlinale ha comenzado con cielos despejados y ‘Mr. Holmes‘ (Bill Condon, 2015), una nueva adaptación del detective más famoso de todos los tiempos en una versión crepuscular interpretada por Ian McKellen. Sherlock ya sufre los achaques de una edad avanzada y sus problemas de memoria plantean un nuevo misterio al intentar recordar un antiguo caso. Como producción de época es impecable en cuanto a diseño de producción, pero con un personaje tan manoseado se espera bastante más que una cuidada ambientación y un reparto solvente. Ni siquiera la dirección, ofensivamente correcta y academicista, logra elevar un conjunto muy lastrado por la excesiva literalidad y una intención narrativa errática. Para fans incondicionales del antiguo habitante del 221B de Baker Street podría pasar por un homenaje correcto pero muy olvidable.

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‘Mr. Holmes’

A continuación tuvimos la oportunidad de ver ‘Knight of Cups’ (2015), la última película de un ahora prolífico Terrence Malick de la que habla en un texto más desarrollado Henar Álvarez, que intenta hacer justicia a la enorme entidad cinematográfica de esta crítica brutal de la industria de los sueños y alrededores.

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‘Knight of cups’

En otra proyección destacable del día, el documental ‘El botón de nácar‘ (Patricio Guzmán, 2015) provocó reacciones que van desde el máximo entusiasmo a la llamada de Morfeo durante su proyección. Utilizando el agua, un botón de nácar y el genocidio como elementos básicos construye su propia narrativa para contar dos historias que son la misma. El exterminio de los pueblos indígenas de la Patagonia y la desaparición de cientos de personas durante la época de la reciente dictadura chilena. Con el agua como fuente de vida para los primeros y símbolo de muerte para los supervivientes y familiares de los últimos establece un código visual único y una conexión íntima con los crímenes atroces que los seres humanos son capaces de cometer contra sus semejantes. Las víctimas olvidadas de tiempos remotos cobran nuevo significado con el dolor reciente como catalizador que hace ver la historia con otros ojos.

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‘El botón de nácar’

Todavía no se han entregado los Oscars este año y los Weinstein ya toman posiciones para rascar nominaciones en la siguiente edición de los premios de la Academia de Hollywood. ‘Woman in Gold‘ (Simon Curtis, 2015) lo tiene todo para conmover al espectador ansioso de films concebidos para hacernos sentir bien como las recientes ‘Philomena’ o ‘The Theory of Everything’, aunque trate temas de graves implicaciones dramáticas como el del Holocausto y una de sus grandes causas pendientes: la restitución de obras de arte a sus legítimos dueños. Lamentablemente Ryan Reynolds llorando es de todo menos convincente y los momentos con la banda sonora a volúmenes de club berlinés no ayudan a pasar por alto el diseño de melodrama formulaico y obscenamente manipulador que transpiran todos sus fotogramas. La típica cinta pensada para emocionar a Spielberg y a nuestras madres.

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Hellen Mirren en ‘Woman in gold’

Todos recordamos aquellos veranos de nuestra hermosa juventud arrastrados por nuestros padres a lugares alejados de nuestra casa, sin amigos y en un entorno completamente desconocido. La única forma de luchar contra el tedio era explorar las posibilidades de un paisaje extraño en el que estaríamos confinados semanas a la actividad de la población local. La protagonista de ‘Sangailė‘ (‘The Summer of Sangaile’, Alanté Kavaïté, 2015) se encuentra en esta misma situación. Conocer a la camarera de la central eléctrica es justo lo que necesita para enfrentarse a la complicada relación con su madre y al miedo a no ser lo suficiente buena para ella. También para descubrir una nueva faceta de su sexualidad. Con todos los elementos típicos de un drama adolescente de paso a la madurez, la vibrante personalidad de su dirección y fotografía hacen brillar todavía más unas interpretaciones que casi hacen olvidar que se trata de un trabajo de ficción. Es todo un reflejo de aquellos maravillosos años en los que cada nuevo paso en la vida era algo nuevo, excitante y temible a partes iguales.

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‘Sangailé’

Ramón Rey