‘El club’ de Pablo Larraín, una grata sorpresa en la Berlinale

Por Henar Álvarez

“Con la iglesia hemos topado” sigue siendo un dicho vigente, por eso son pocos los que se atreven a meter el dedo en las llagas que se esconden bajo las sotanas. Pablo Larraín ha realizado una película valiente y arriesgada en la que golpea sin pudor y con mucho humor negro los miedos más profundos de la Iglesia, una de las pocas instituciones que parece seguir siendo intocable para los medios de comunicación. El club‘ ha inundado de carcajadas, silencios incómodos y largos aplausos el Berlinale Palast. Este drama embauca al espectador con los monólogos de Roberto Farias y las divagaciones teóricas sobre la homosexualidad de Alfredo Castro para a continuación cortarnos la respiración y arrepentirnos, entonando el mea culpa, de las risas inciales.

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Juan de Dios Larraín, Roberto Farias, Pablo Larraín y Alfredo Castro en la rueda de prensa de ‘El Club’.

Según el propio director, “La Iglesia no cree en la justicia civil, el único pánico que tiene son los medios de comunicación.” Por eso decidió filmar a este club de curas perdidos formado por un homosexual que ejerció la pederastia, un encubridor de crímenes políticos, un ladrón de niños y un cuarto que parece estar transtornado por abusos aunque no ofrecen más información de su pasado. Automáticamente uno piensa en Granada o Sor María y en las pocas pero escandalosas noticias sobre la Iglesia que se han colado entre las hojas de algunos periódicos.

Todos estos delincuentes en pocas ocasiones llegan a ser tratados por la justicia y aun menos son condenados por los propios dirigentes de la Santa, Católica y Apostólica. “Nuestro Papá tiene una oportunidad única en la historia de finiquitar los problemas que los tres anteriores han encubierto” dice Larraín. “Esta película ha puesto en su lugar a quien la justicia no se ha atrevido a condenar.” El chileno no tiene miedo de las consecuencias que su trabajo pueda acarrear. Asegura que la Iglesia no se pronunciará sobre ‘El club’ precisamente para no darle publicidad.

A pesar de ser un tema escabroso, y con la seguridad de que varios medios la juzgarán como un ataque inmerecido a la religión católica, el guión está tratado con sumo cuidado: No hay una frase fuera de lugar que pueda dar pie a tildarla de partidista. Simplemente denuncia desde la ficción una historia cargada de realidad. Tal y como aseguró el director, la Iglesia lleva años escondiendo en casas alejadas de la sociedad a religiosos que han delinquido para que purguen sus pecados en silencio. Solucionan sus conflictos civiles a través de la confesión y no de la justicia como tenemos que hacer el resto de los mortales. En ‘El club’, esa casa se sitúa en pueblo costero en Chile y está custodiada por una monja que no está dispuesta a perder la vida apacible que lleva.

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‘El club’

Pablo Larraín ha vuelto a trabajar con caras habituales en su cine como Antonia Zegers, su esposa, o Alfredo Castro y con su hermano Juan de Dios Larraín en la producción. Larraín no solo ha acudido a la Berlinale como director de ‘El club’, la noche anterior a la presentación de su trabajo pudimos verle en el escenario del Zoo Palast. Los hermanos Larraín han producido ‘Nasty Baby’, una comedia descarada del también director chileno Sebastián Silva que participa en la sección Panorama del festival. Larraín se ha posicionado en la cabeza de las favoritas de la prensa internacional para conseguir el Oso de Oro en esta Berlinale. Veremos si Darren Aronofsky, presidente del jurado, no se deja influir por sus creencias religiosas. Amén.