‘El francotirador’: Clint Eastwood, la violencia y el patriotismo

Cuando se juzga a una persona muchas veces se cae en injusticias, ya sea para bien o para mal, por exacerbar sus virtudes o sus defectos y convertirlo en héroe o villano, según quien lo juzgue. Esto es también norma para los artistas y entre ellos los cineastas, que en cuanto se hacen cierto nombre empiezan a acumular legiones de seguidores o detractores que alaban o ponen en tela de juicio todo lo que hagan. Clint Eastwood, a sus actuales 84 años, ha tenido tiempo de ser considerado de muchas maneras, tanto en su faceta de actor como de director. Como actor muchos le han visto como hombre incapaz de mudar la expresión pétrea de su rostro y otros como arquetipo de carisma y de dureza viril. Y como director muchos le han considerado como un creador de un cine conservador y para otros ha sido un director que ha apostado por el clasicismo a la hora de narrar sus historias, sin prestarse a modas. Y más allá de todo ello, algunos han tildado ideológicamente a Eastwood de derechista y americanista.

Cada uno es libre de tener su opinión y la ignorancia siempre es atrevida (hablar sin saber siempre ha sido mucho más fácil que pararse a pensar), porque si uno analiza un poco la filmografía de Eastwood se da cuenta de que su cine siempre ha sido un cine que se ha hecho preguntas, a sí mismo y a los espectadores, lejos del inmovilismo y la visión única que tiene el cine conservador. Por ejemplo, en muchas películas del Eastwood director se reflexiona sobre la violencia y sobre los efectos que tiene en quienes la practican y quienes la sufren, caso de su debut, ‘Escalofrío en la noche y otras como ‘El jinete pálido’, ‘Sin perdón’, ‘Mystic River’, ‘Banderas de nuestros padres, ‘Cartas desde Iwo Jima’ o ‘Gran Torino, entre otras. Algunos se han quedado con el Eastwood más bruto, el pistolero sin nombre de las cintas de Sergio Leone, o bien el policía sin miramientos de ‘Harry el Sucio’ o el sargento Highway de ‘El sargento de hierroy en vez de plantearse los dilemas que plantean sus tramas se han quedado con el camino fácil de deducir que esas películas glorifican el uso de la violencia. También podemos quedarnos con casos como el de ‘Million Dollar Baby’ y su planteamiento de la eutanasia o el de la homosexualidad en ‘J.Edgar’ a la hora de mostrar una mayor apertura de mente de la que muchos le acusan. Y es que si algo ha tenido claro el Eastwood director es no aleccionar al público, no gritarle lo que debe pensar cuando ve su película, porque todos sus personajes tienen sus motivos para hacer lo que hacen. Por eso ha llegado a ser un artista de categoría, por reflexionar sobre la condición humana y no por dar sermones. Sin embargo, las críticas contra Eastwood se han reproducido con la llegada de su último proyecto hasta la fecha, ‘El francotirador’.

La película se basa en la peripecia de Chris Kyle (Bradley Cooper), un tejano que batió el récord de muertes como francotirador del ejército norteamericano. Su precisión milimétrica salvó incontables vidas en el campo de batalla, por lo que se ganó el apodo de “Leyenda”, pero la noticia de sus hazañas llegó hasta las filas enemigas, que pusieron precio a su cabeza y se convirtió en objetivo prioritario de los insurgentes. En Irak, Kyle participó en cuatro peligrosas misiones, aplicando el principal lema de los marines: “no dejar a ningún hombre atrás”.

Resulta curioso que una película que es tan afín a las inquietudes temáticas de Clint Eastwood sea un proyecto que le ha llegado de rebote, tras las renuncias de David O. Russell y Steven Spielberg y la insistencia del actor Bradley Cooper (también uno de los productores del filme) de sacarlo adelante. Pese a todo, lo que podría parecer un producto de encargo acaba siendo hecho suyo por el director en el retrato de un hombre marcado por la violencia. Como se muestra a lo largo de la cinta, Chris Kyle es un héroe a ojos de la gente que le rodea, lo que le crea cierta incomodidad, porque él simplemente hace lo que cree que tiene que hacer por el bien de los intereses de los suyos y de su país. Kyle es un hombre de Texas, religioso y patriota, educado en los viejos valores por un padre que le enseña a defenderse de los agresores y a defender a otros agredidos con más violencia. Por ello, se siente obligado a actuar cuando ve los atentados de integristas islámicos que sufre su país y lo hace convirtiéndose en un mortífero francotirador, del mismo modo que en el bando de los irakíes hay otro francotirador que hace lo propio por sus intereses, defendiéndose de las agresiones estadounidenses. Uno y otro son testigos de una guerra donde la razón no tiene cabida y en ambos lados unos actúan por firmes convicciones mientras que otros, ya sean hombres, mujeres o niños, lo hacen motivados por la venganza hacia el enemigo.

Kyle es una verdadera máquina de matar, con 160 personas abatidas en su haber, lo que no le quita de ser una persona preocupada por sus compañeros de armas y sensible a las bajas sufridas en la batalla. De hecho, llega a un punto en el que los soldados se convierten en una especie de familia adoptiva en la que puede desarrollarse sin trabas, al contrario que en su vida personal, donde su mujer le echa de menos cuando está fuera y sufre por su tono ausente en las breves temporadas que pasa en casa, deseoso como está de volver a la acción porque se siente un desertor cuando se halla en el mundo civilizado. Incluso el encuentro con veteranos de guerra en su entorno casero le resulta incómodo y difícil de digerir, al verles dañados por los efectos de la contienda, quizá haciéndole dudar de si está haciendo lo correcto. Una muestra del irónico destino del Kyle real, que acabó sufriendo cerca de su casa los daños que no recibió en combate.

Una vez vista, ‘El francotirador’ deja claro que no es una película que haga apología de la violencia ni brutalice al enemigo estadounidense. Hay irakíes malvados de una sola pieza, cierto es, del mismo modo que hay otros más pacíficos que se ven implicados a su pesar en una guerra que dejará huella en sus vidas. Y los estadounidenses, como el propio Kyle, también sufren en su estado de ánimo las consecuencias de una guerra que parece no tener fin. Una guerra en la que Kyle tiene su álter ego en Mustafá (Sammy Sheik), un francotirador al servicio de la causa irakí y que también tiene una familia a la que deja atrás cuando tiene que empuñar el rifle. Ambos se limitan a hacer lo que mejor se les da, en un duelo que bebe inconfundiblemente de las fuentes del western al que tantas veces ha acudido con éxito Eastwood.

Como suele ser también habitual en el cine del veterano director, los actores rayan a muy buena altura y así tenemos a un solvente Bradley Cooper que ha ganado varios kilos de músculo para dar vida al rocoso Kyle y que completa el que hasta ahora es el mejor papel de su carrera. Algo parecido se debe decir de una Sienna Miller, especializada últimamente en los roles de mujer sufridora (véase ‘Foxcatcher’), que sabe dar cuerpo a un personaje que podría haberse quedado en mero adorno del protagonista.

Y si ‘El francotirador’ tiene las señas de identidad de Eastwood en lo bueno, también las tiene en lo menos bueno. Sobre todo por un guión en ocasiones demasiado esquemático (lastre de algunas de sus obras) que deja sin desarrollar personajes que parecía que iban a tener mayor protagonismo (caso del hermano de Kyle, cuya relación fraternal parece quedar en el olvido en un momento dado) con algunos subrayados innecesarios (las conversaciones de Kyle con su mujer durante la batalla) y un final demasiado cortante, donde la acción queda fuera de campo justo antes de suceder y se informa de lo ocurrido a través de un letrero, algo que dejará descolocado a quien no conozca la historia real de Chris Kyle y donde Eastwood parece apiadarse del personaje para reforzar el mensaje de homenaje a los veteranos de guerra, como dejan bien claro los créditos finales. También se notan los peajes por la convicción de Eastwood de rodar sus películas lo más rápido posible, que si bien le sirve para acortar rodajes y presupuestos, le puede jugar malas pasadas, como en el caso del bebé de plástico que usaron en una de las escenas y que hace reír al espectador en un momento que debería ser dramático. Algo que ha sucedido porque el bebé que iban a usar estaba enfermo y en vez de aplazar el rodaje de esa escena se acabó apostando por el muñeco para no acumular atrasos, una solución que queda para ser recordada como curiosidad cinéfila.

Bebés de plástico aparte, lo cierto es que ‘El francotirador’ no es la primera película que habla de los efectos de la guerra en la gente que participa en ella ni tampoco es la mejor en la filmografía de su director, pero deja patente que Eastwood sigue estando en condiciones de rodar con pulso una historia de ambiente bélico en la que los disparos no ahogan la acción y permiten ver lo que hay detrás. Una película que, como ya se ha visto, no reconciliará a los críticos de Clint con su cine y que sin embargo le ha otorgado el mayor éxito comercial de su larga carrera. Y que siga aún por muchos años.