Eliza meets 007 (Kingsman. Servicio secreto)

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Por Miguel Rios

‘Seriamente, creo que debemos empezar a plantearnos la maestría de Matthew Vaughn en la adaptación de cómics y novelas a la pequeña pantalla. Tras su ópera prima Layer Cake‘ llegó primero ‘Stardust, basada en la novela de Neil Gaiman, y luego la gamberra ‘Kick-Ass: Listo para machacar‘ y la elegante ‘X-Men: Primera generación‘. Ahora estrena ‘Kingsman: Servicio Secreto‘, adaptación también de otro cómic con la premisa del agente secreto veterano que intenta ganarse para la causa, en un cruce improbable entre My Fair Lady y las novelas de Ian Fleming, a un joven con talento para el mundo del espionaje.

Hay que decir que una de las mayores cualidades de Kingsman es precisamente ese “no tomarse en serio” los resortes y los lugares comunes del cine de espías, parodiando en ocasiones el mundo de los James Bonds y aledaños, sin caer nunca en el trazo grueso, sino con una fina ironía que despierta la sonrisa, cuando no la carcajada directamente, en el espectador cómplice. Cuenta para ello con actores prácticamente desconocidos para el gran público, Taron Egerton y Sophie Cookson, como los aspirantes a espías. Les acompañan actores de solvencia como Colin Firth, en el rol del agente secreto Harry Hart, Michael Caine, como Arthur el jefe del Servicio Secreto, Mark Hammill y un impagable Samuel L. Jackson como Valentine, un malvado con ansias de dominar el mundo desde una extraña interpretación de la ecología, y que a ratos nos recuerda al Ordell Robbie de la tarantiniana Jackie Brown.

Mención aparte merecen las escenas de lucha, magníficamente coreografiadas (atención a la masacre de la iglesia en visión subjetiva al estilo videojuego) y al original modo en que los fuegos artificiales sustituyen a la sangre en una de las escenas que de otro modo, serían una de las más sangrientas de la película.

Una divertida alternativa para acercarse al mundo del cine de espías, sin los dramas interiores, la pompa y la circunstancia de otras producciones. Solo cabe decir: gracias, señor Vaughn.