Fieramente humano (En recuerdo de Leonard Nimoy, 1931-2015)

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Leonard Nimoy trató de matar a Spock. Como le ocurrió a Sherlock Holmes, el detective con quien tanto compartía, el personaje acabó siendo aborrecido por quien le insuflara vida: Nimoy tituló su autobiografía ‘No soy Spock’ y (según Gene Rodenberry) puso como condición para aparecer en la justamente mítica ‘Star Trek II: La ira de Khan‘ que el vulcano muriese durante el film. Pero (también como le sucedió a Conan Doyle con su detective literario) el actor vio cómo la criatura regresaba de entre los muertos, y tuvo que aceptar y abrazar aquella parte ya por siempre inseparable de su vida. Al fin y al cabo, Star Trek necesitaba a Spock y Spock necesitaba a Leonard Nimoy. Era la carne del hombre la que insuflaba vida terrestre y corpórea al alienígena. La implacable lógica vulcana se veía atemperada con la sutil ironía de un alzamiento de ceja, o con el afecto apenas entrevisto hacia el doctor Leonard ‘Bones’ McCoy, o por la tan falible, inquebrantable y humana lealtad hacia sus compañeros de tripulación. En los infinitos matices de aquella mirada de ojos diminutos e insondables cabían galaxias enteras y universos paralelos. Podía ejercer de héroe o de villano, u ocupar cualquier punto intermedio del espectro, ya fuera entre alienígenas, observadores o ultracuerpos. En otras palabras, Spock no era humano por parte de madre: Spock era humano por parte de Nimoy.

Star Trek es una franquicia que nunca ha gozado de muy buena fama entre el público general (especialmente en nuestro país), y siempre fue presa fácil de las burlas sobre geeks y nerds frente a la cultura mainstream. Sin embargo, sirva como testamento a la enorme humanidad que exhalaba Leonard Nimoy el hecho de que a su muerte, internet haya abandonado por un momento los chistes y se haya llenado de sentidos y cariñosos homenajes al personaje que lo hizo inmortal. Estoy seguro de que Spock lo habría encontrado fascinante.

Pero quizá no nos debiera sorprender tanto esa reacción. Como no debiera sorprender que, después de ‘La ira de Khan’, el actor regresase para interpretar al personaje siete veces más y que en 1995, veinte años antes de cruzar la última frontera, escribiese una segunda autobiografía titulada, esta vez, ‘Yo soy Spock’.

Al fin y al cabo, era lógico.