‘Fuerza mayor’: La masculinidad puesta a prueba

Hace unos días se entregaron los premios Oscar y en la categoría de mejor película de habla no inglesa ganó la polaca ‘Ida’, de Pawel Pawlikowski, que había sido favorita en todas las quinielas desde hace meses. La que no estuvo entre las cinco nominadas tras haber estado presente en esa categoría en los Globos de Oro fue ‘Fuerza mayor’, una película sueca ganadora del Festival de Sevilla y del Premio del Jurado en la sección “Una cierta mirada” del Festival de Cannes. Una película dirigida por un hombre llamado Ruben Östlund que actuó de esta manera cuando comprobó en su momento que su filme no había sido seleccionado para competir en los Oscar de Hollywood.

Tradicionalmente, desde edad temprana a los hombres se les ha enseñado eso de que los chicos no lloran por ser síntoma de baja masculinidad, que lo que tienen que hacer ante los problemas es actuar y no lloriquear. Y así ha sucedido durante generaciones en la que los hombres con mayor sensibilidad debían tratar de disimularla ante el temor a ser desconsiderados por el resto de hombres y por algunas mujeres educadas en esas ideas machistas, que también pedían que actuaran como hombres. A día de hoy no resulta tan extraño como podía serlo hace años el hecho de ver a un hombre llorar, ha pasado a ser algo más aceptado socialmente y menos criticado de lo que podía serlo en la época de nuestros padres y abuelos. Sin embargo, uno ve que aparecen fenómenos como el de ’50 sombras de Grey’, con su apología conservadora del hombre que guarda sus emociones y que seduce a las mujeres actuando de forma dominante y no sabe que pensar. Y uno no sabe que pensar porque este fenómeno interesa mucho más a mujeres que hombres y varias tienen a ese señor Grey como fantasía, aunque sólo sea por su visión actualizada del Príncipe Azul que viene a salvar a la desvalida Princesa, en una nueva versión del arquetipo del macho redentor que viene a contestar a aquellos que defendemos un cambio en las sensibilidades. Y esta contradicción es la que refleja ‘Fuerza mayor’, la película del director que lloró cuando no le nominaron al Oscar.

Una familia pasa las vacaciones de invierno en los Alpes. El sol brilla y las pistas están magníficas, pero mientras comen en un restaurante, se produce una avalancha que asusta a los clientes. La madre (Lisa Loven Kongsli) busca a su marido (Johannes Kuhnke) para que la ayude a salvar a sus hijos, pero él ha huido para salvar su vida. La avalancha se detiene delante del restaurante, sin ocasionar daños, pero el universo familiar ya se ha resquebrajado.

Cuando se ve ‘Fuerza mayor’ no pueden evitarse ciertas preguntas sobre el carácter humano y la influencia de la razón y del instinto en nuestras acciones. Somos animales, racionales pero animales y al fin y al cabo, con ciertos instintos que nos apremian desde dentro y a los que podemos hacer caso o ignorar y en función de lo que hagamos con ellos podemos ser vistos de una manera u otra a ojos de los demás. El protagonista de la película es un hombre que sabe repartirse las tareas familiares con su mujer, a la que trata como una igual y que parece actuar por las líneas de lo que la razón exige a un hombre moderno. Sin embargo, un suceso inesperado le hará quedar como un cobarde a los ojos de su mujer y sus hijos, que le reprochan que él no se quedara con ellos para brindarles apoyo y protección en vez de buscar su propia salvación. El padre no ha sido como esos padres de película, que arriesgan su vida por el bien de los suyos, sino que ha evidenciado su sentido individualista siguiendo las indicaciones del instinto que le decía que abandonara el lugar del peligro. En una visión moderna de la masculinidad esa actuación podría ser comprendida como una pequeña flaqueza entendible, sin embargo su familia y él mismo no pueden despegarse de esos valores tradicionales en los que el cabeza de familia es el que debe proteger al resto y todos sienten la culpabilidad de la huida.

A partir de ahí, lo que iban a ser unas plácidas vacaciones en la nieve se convierten en una especie de condena para esa familia que no puede olvidar esa huida momentánea del padre. El entorno privilegiado de los Alpes franceses acaba siendo un lugar hostil, donde las pequeñas explosiones para evitar la acumulación de nieve que suenan a lo lejos son el marco sonoro de una batalla sorda en la que la mujer siente que su marido le ha fallado y le hace replantearse su matrimonio, como si nada de lo vivido anteriormente tuviera sentido ante esa búsqueda de supervivencia. Por su parte, el marido sabe que ha hecho algo que no debería haber hecho como hombre, pero no por ello deja de apreciar menos a su familia y no cree que deba ser maltratado psicológicamente ni ser considerado menos hombre.

La película me ha recordado a ‘El desprecio’, la estupenda novela del italiano Alberto Moravia que inspiró la cinta homónima de Jean-Luc Godard. El libro se metía en la cabeza de un hombre que sentía que había perdido el cariño y el respeto de su mujer ante un acto de aceptación de las órdenes su jefe y que por haber sido más servicial que luchador la mujer le había dejado de querer. La historia dejaba en el aire cuestiones políticamente incorrectas sobre cómo se espera que se comporte un hombre y lo que las mujeres esperan del sector masculino, algo que también establece ‘Fuerza mayor’. Porque el filme de Östlund nos hace plantearnos que si en las relaciones modernas, hombres y mujeres comparten las responsabilidades como iguales que son, a la hora de verdad a los hombres se les exige llevar la voz cantante para no quedar como unos flojos.

‘Fuerza mayor’ nos viene a decir que seguramente, aunque no lo admitamos, quedan vestigios de esa educación tradicional que les ha dicho a ambos sexos cómo deben comportarse. Por eso la mujer del protagonista experimenta sensaciones contradictorias ante otra mujer que le confiesa que ella y su pareja mantienen relaciones extramatrimoniales con total aceptación. Y por eso el protagonista ve su masculinidad reforzada con los piropos que en un momento dado parecen lanzarle unas excursionistas y con el acto que lleva a cabo en el tramo final de le película, quién sabe si propiciado por su esposa para devolverle la confianza en sí mismo.

La película tiene la habitual pericia del cine escandinavo a la hora de hablar de cuestiones universales desde un entorno reducido en el que muchas emociones se interiorizan más de lo que se hablan. Una forma de narrar las historias que a algunos les produce gran aburrimiento y que a otros nos resulta siempre interesante y en ocasiones fascinante. Por ello, habrá quien desdeñe ‘Fuerza mayor’ por ser un filme en el que la acción es más psicológica que física, pero creo que precisamente por eso la cinta de Ruben Östlund es muy destacable, tan bien rodada como interpretada. Porque sabe hablar de esas pequeñas cosas que acaban martilleando de forma tan silenciosa como implacable las relaciones humanas.