Calvary (John Michael McDonagh, 2014)

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No sólo corren malos tiempos para la Iglesia Católica, sino también para cualquier intento de erigir un referente moral en nuestra sociedad. El hedonismo y una actitud cínica ante la vida en conjunción con la evidente decadencia de las instituciones, las mismas que deberían ser un ejemplo, no ayudan a tomar en serio a nadie que quiera desempeñar el anticuado rol de guía espiritual. ‘Calvary‘ muestra esta situación general a través del reflejo de nuestra sociedad en un pequeño pueblo irlandés en el que su párroco (el Padre James, interpretado por Brendan Gleeson) tiene una semana antes de ser asesinado por uno de sus feligreses como medida de castigo kafkiano por los repugnantes abusos que sufrió de niño. Tampoco se trata de una historia sobre los vergonzosos escándalos que han surgido del seno de la Iglesia, sino que estos son el trasfondo de un relato con unas ramificaciones mucho más amplias.

La película plantea el misterio de la identidad del asesino literalmente confeso a modo de macguffin inverso. Un pequeño truco que permite a McDonagh añadir una capa adicional de interés al variopinto grupo de individuos que vemos interactuando con el sacerdote. Mientras analizamos cada uno de los gestos, comentarios y respuestas durante sus conversaciones con James, se nos muestra todo un espectro de personajes que van desde un viejo escritor que espera la muerte, un médico ateo, la esposa del carnicero que tiene sexo con otros hombres abiertamente o un joven carente de habilidades sociales desesperado por su incapacidad para relacionarse con las mujeres. Pero lo importante en todo momento es la dinámica entre quien escucha y sabe todo de ellos, mientras intenta ayudarles desde la la imposible perspectiva de no juzgarles y comprender la lógica y el significado que buscan en sus propias vidas.

Brendan Gleeson and Chris O'Dowd in John Michael McDonagh's Calvary.

¿Cuál es el papel de un sacerdote en una sociedad como la nuestra? Cada persona busca su propia felicidad al margen de cualquier otra consideración. Y a pesar de que se experimentan los mismos problemas, vacíos, insatisfacciones y frustraciones, casi nadie es capaz de reconocer que necesita ayuda. El Padre James dista mucho de ser un hombre perfecto. Tuvo problemas con el alcohol y su hija Fiona (Kelly Reilly) siente todavía su abandono. Tal como sucede en los anteriores largometrajes de John Michael McDonagh como director y/o guionista (‘The Guard‘, ‘Ned Kelly‘) se constituye como centro moral del film un personaje principal con defectos que posee la virtud de reconocer su lugar en la sociedad y desempeñar su función hasta las últimas consecuencias, rodeado de la apatía, la indiferencia, la hostilidad o la incomprensión de quienes le rodean. Tener unos principios y un sentido de lo correcto y estar dispuesto a hacer lo necesario para defenderlos es algo excepcional.

En este western rural moderno de atmósfera trágica se suceden las reflexiones sobre lo espiritual y lo terrenal con un retorcido humor negro que en sus sólidos diálogos permite hacer soportable lo horrible y miserable de la existencia. Una en la que la familia carece de significado, la fe para la mayoría nace del miedo a la muerte, el respeto a las convenciones sociales es inexistente y lo material se posee con la esperanza de sustituir necesidades básicas del alma. James es un pez fuera del agua, un buen pastor con una verdadera vocación y amor por su hija que cree por encima de todo en el perdón y el arrepentimiento. Brendan Gleeson le dota de tal rotunda y compleja autenticidad desde su primer plano hasta el último que resulta imposible distanciarse de su inevitable duelo con el destino, solo ante el peligro.

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