‘Samba’: Inmigración para todos los públicos

En la comunidad cinéfila Francia siempre se cita como ejemplo de un país preocupado por su cine. Un país en el que las películas nacionales son obras de arte que deben tratarse con mimo y que merecen ser vistas por el público para engrandecer ese legado cultural que suponen. Un cine que es la envidia de muchos profesionales españoles por sus altas cuotas de pantalla año tras año, muestra de un público que va a ver sin tapujos los filmes que se hacen en su país. Sin embargo, tanto los entusiastas como los detractores menos informados creen que tal es el gusto de los franceses por su cine que allí se llenan las salas para ver cintas de arte y ensayo, cuando lo cierto es que el cine más comercial, como en el resto del mundo, es el que al final triunfa. En los años 60 y 70, cuando la “Nouvelle Vague” producía obras que revolucionaron el Séptimo Arte e influyeron a creadores de todo el planeta, en Francia las películas que allí arrastraban masas al cine no eran las de Truffaut, Godard, Rohmer, Chabrol, Resnais o Rivette, sino las comedias de Louis de Funés. Y si miramos los últimos años, algunos de los filmes franceses más taquilleros dentro y fuera de su país han sido ‘La cena de los idiotas’, ‘Bienvenidos al Norte’, ‘Intocable’ o la más reciente ‘Dios mío, ¿pero qué te hemos hecho?’. Ninguna de ellas es precisamente una obra de arte y ensayo ni ha cambiado la historia del cine, pero todas ellas tienen esos ingredientes que conectan con el gran público de aquí y allá, porque son historias sencillas y agradables de ver. Y ahora llega a nuestros cines otra de esas películas que también busca esa conexión masiva, como es el caso de ‘Samba’.

Hace diez años que Samba (Omar Sy) llegó a Francia desde Senegal y desde entonces ha tenido varios empleos humildes. Alice (Charlotte Gainsbourg) es una ejecutiva que está pasando una mala racha y sufre de agotamiento. Mientras Samba está dispuesto a hacer lo que sea necesario para conseguir los papeles, lo que Alice intenta es recuperar su vida. Al final, el destino hace que sus caminos se crucen.

‘Samba’ es la nueva película de Olivier Nakache y Eric Toledano, los directores de ‘Intocable’, aquella historia de amistad entre un millonario inválido y gruñón y su asistente, tan pobre como vitalista. Aquella película fue vista por 30 millones de personas, en uno de esos ejemplos de músculo del cine galo, capaz de buscar a las audiencias más selectas y también a las menos exigentes. Esta vez el tema es la inmigración, un asunto siempre vigente, con esa eterna tensión entre un Primer Mundo preocupado por la posible invasión de aquellos que vienen del Tercer Mundo en busca de una vida mejor. Omar Sy repite con la pareja de directores para zambullirse esta vez en el rol de un senegalés que tras una década en Francia ve amenazada su continuidad en el país al descubrirse que no tiene los papeles en regla. A pesar de las dificultades Samba es un hombre optimista que confía en superar los problemas para seguir adelante, algo que no parece compartir Alice, que está pasando una mala racha personal y que busca dar un nuevo sentido a su vida colaborando a favor de los inmigrantes. La contradicción entre ambos personajes sirve como metáfora de ese Primer Mundo que ha perdido parte de su humanidad y que se siente insatisfecho y culpable consigo mismo y el Tercer Mundo de gente con menos recursos y quizá por ello, más preparada para encajar los golpes de la vida y buscar nuevas oportunidades. Y el discurso de Nakache y Toledano es dejar claro que el entendimiento entre esos mundos es el camino del progreso mutuo, pues a medida que la relación entre Alice y Samba pasa de la curiosidad inicial a algo más profundo la vida mejora para los dos. Alice obtiene un verdadero interés de alguien en ella misma y sus preocupaciones y Samba consigue a alguien que le puede ayudar con su papeleo y demostrarle que también hay gente que no repudia a los inmigrantes.

La principal virtud y el principal defecto del cine más comercial es el trazo grueso en el que cae para plasmar sus ideas y si la metáfora de Alice y Samba resulta interesante, no se puede decir lo mismo de otras decisiones de guión destinadas a captar la atención del público. La historia de Samba en la búsqueda de una antigua novia de uno de sus compañeros del centro de internamiento de inmigrantes acaba resultando un poco innecesaria y algo gratuita para dar cabida a uno de los giros del tramo final de la película. Y también se acusa la búsqueda de una sensación de buenrollismo algo forzado en ocasiones, cargando los tintes de comedia en momentos que hubieran estado más conseguidos si sus directores no hubieran tenido miedo a perder a ese público que huye si las cosas se ponen complejas.

Con todo ello, lo más apreciable de ‘Samba’ son esos momentos en los que los directores se dedican a observar la trama más que a guiarla, como las escenas en el centro de inmigración y la confusión de nacionalidades e idiomas de aquellos que buscan ser franceses de adopción o el estupendo plano secuencia del inicio de la película, que comienza en la celebración de una boda con asistentes de raza blanca y pasa a las cocinas del restaurante hasta terminar en los empleados que friegan los platos y limpian los restos, todos ellos negros.

Omar Sy y Charlotte Gainsbourg cumplen con solvencia en sus roles y resulta curiosa la contradicción que evidencian ambos, más allá de la que representan sus personajes. Ella, como representante de ese otro cine francés menos comercial y arriesgado, aporta la gravedad a la trama mientras que él, como muestra del cine más comercial y festivo, aporta la luz. Son la punta de lanza de un buen reparto conjuntado en el que también destacan Liya Kebede como la vivaz compañera de Alice y Tahar Rahim (que también se toma aquí un respiro de papeles más densos como los de ‘Un profeta’ o ‘El pasado’) dando vida a un dicharachero brasileño con algún secreto a sus espaldas.

Olivier Nakache y Eric Toledano firman una película que se deja ver en su mezcla de comedia y drama, aunque tampoco deja mucha huella y a buen seguro hará decir a muchos de los que disfrutaron de ‘Intocable’ que aquella estaba mejor, a pesar de que se moviera en registros similares a los de ‘Samba’. El clásico efecto de resaca entre el público tras un gran éxito, como el síndrome del segundo álbum en la música o el de la segunda temporada en las series televisivas después de llevarse todos los parabienes a la primera, por la pérdida del efecto sorpresa. Porque ni siquiera apostando por lo comercial se tienen todas las claves del triunfo.