‘Under the Skin’ y ‘Ex Machina’: Creaciones de mujer

Hace unos días se celebraba el Día Internacional de la Mujer, un día para reivindicar lo que supone ser mujer en el mundo actual, con una situación más o menos desigual según la zona del planeta en la que miremos. Si pensamos en el cine, la imagen de la mujer ha sido mostrada de todas las maneras posibles en sus más de 100 años de historia, con retratos más favorecedores que otros. Y coincidiendo con ese Día de la Mujer he tenido la oportunidad de ver dos películas protagonizadas por mujeres en las que la trama es de carácter fantástico, lo que no quita para que den unas cuantas ideas del papel y las posibilidades de una mujer en nuestro mundo. La primera de ellas es ‘Under the Skin’.

Under the Skin’ es una de esas películas que se han quedado fuera del circuito de exhibición en nuestro país y ni siquiera se han editado en el circuito doméstico, mostrándose únicamente en festivales como Gijón, Sitges o, más recientemente, la Muestra SyFy de Cine Fantástico celebrada en Madrid. Aquellos que no hayan podido ir a estos eventos se han quedado con las ganas de verla o han tenido que recurrir a métodos ilegales para hacerlo, en un alarde de falta de vista por parte de aquellos que han decidido que esta película no valía la pena ser proyectada de un modo más accesible para el público. Y lo habrán hecho pensando en que la cinta iba a tener poco recorrido comercial dada su naturaleza, porque lo cierto es que el filme dirigido por Jonathan Glazer no es plato de gusto general.

El británico Jonathan Glazer es uno de esos directores surgidos del mundo del vídeo musical  y la publicidad que debutó a principios de este siglo con ‘Sexy Beast’ y ‘Reencarnación’, dos películas que le situaron como un nombre a tener en cuenta. Un cine que, a pesar de sus inicios profesionales, se alejaba totalmente del lenguaje videoclipero y proponía secuencias de gran potencia visual en las que, ante todo, dejaba respirar al plano, sin tener la necesidad de cortar cada 3 segundos. Tras casi una década alejado de las pantallas, Glazer ha vuelto con una película que profundiza aún más esa propuesta formal a la hora de contar una historia de extraterrestres que, para disgusto de muchos, está en las antípodas del “explotation” que se ha hecho con las tramas de los seres de otro mundo.

Jonathan Glazer y Scarlett Johansson

Under the Skin’ recuerda por su trama a ‘Species’, aquella película noventera en la que una extraterrestre adoptaba las atractivas formas de Natasha Henstridge para seducir a los hombres y devorarlos, pero ahí acaban las similitudes, pues Glazer tiene intereses lejanos a los de la serie B. La extraterrestre de esta cinta tiene la piel de Scarlett Johansson, que conduce una furgoneta por las calles de Glasgow y alrededores mientras va entablando relación con hombres solitarios, a los que nadie va a echar en falta. Ellos caen en los encantos de la extraterrestre, que los conducirá a una casa abandonada en la que serán devorados por una sustancia oscura tras una breve ceremonia de seducción.

Así es como discurre la mayor parte de la primera mitad del filme, con esos hombres que se las prometen felices y acaban perdiendo la vida en un extraño universo paralelo sumido en la oscuridad, en una suerte de cuento clásico con moraleja sobre los peligros de seguir a desconocidos. Sin embargo, a raíz del encuentro de la alienígena con un hombre afectado por una neurofibromatosis, una enfermedad que le hace parecer el Hombre Elefante, todo cambiará. La extraterrestre, hasta entonces testigo impasible de la actividad de los seres humanos (como en la magnífica y perturbadora escena de la playa, donde la actuación humana es la que conduce a la catástrofe) y tan solo preocupada por conseguir su siguiente presa, siente cierta lástima por ese Hombre Elefante y lo deja escapar del triste destino que le esperaba. Tiene su primer gesto de humanidad y ese será el inicio de sus problemas, pasando de cazadora de hombres a ser perseguida por los de su especie.

La segunda parte de la película se dedica a ese proceso de autodescubrimiento de la extraterrestre, que empieza a volverse uno de aquellos a los que estaba sacrificando sin contemplaciones. Si hasta entonces solo había mostrado cierta empatía a la hora de seducir a sus presas, en ese momento trata de descubrir por qué los humanos hacen las cosas que hacen y por qué ella misma empieza a sentirse atraída por esas sensaciones, como si la piel de mujer que oculta su cuerpo extraterrestre hubiera empezado a crear efecto en su interior. A ese momento pertenecen esas imágenes que trascendieron rápidamente por Internet en las que Scarlett Johansson muestra su desnudez ante un espejo y que han hecho creer erróneamente que ‘Under the Skin’ es otra película de la que realmente es. Digamos que, en ese sentido, el realizador usa con el espectador la misma triquiñuela de la civilización extraterrestre del filme y nos pone a la estrella de Hollywood para que vayamos tras sus encantos, quizá sabedor de que con alguna intérprete desconocida el nivel de atención del público no sería el mismo.

La puesta en escena de Glazer es fría y gris, a tono con las tierras escocesas en las que se ambienta la trama. El director se toma su tiempo para narrar los acontecimientos y deja que el espectador se haga preguntas y vaya rellenando los huecos de lo que no se cuenta explícitamente, en una narración lenta, que no morosa, aunque ponga a prueba la paciencia de algunos, con el fondo musical de una inquietante banda sonora de Mica Levi. Todo ello para una historia en la que una poderosa extraterrestre se convertirá en un ser vulnerable cuando descubra la humanidad que brota en su interior, al tiempo que se da cuenta de los peligros de ser mujer en un mundo dominado por hombres.

Under the Skin’ me ha parecido una de esas películas que merecen verse, por cómo está hecha y por las cuestiones que plantea, que dan pie a un rico debate. No pertenece a ese cine que se olvida tan fácilmente como se ve, sino a ese cine que necesita la atención del espectador, que se mete dentro y sigue ahí una vez terminado el metraje, planteando sensaciones y cuestiones diversas, ganas de volverlo a ver. Una película que guarda coherencia con la filmografía de su director y que es una “rara avis” en la de su actriz protagonista, demostrando que Scarlett Johansson no tiene miedo a desenvolverse por igual en este tipo de filmes que en las adaptaciones de cómics de Marvel.

Y si una mujer de origen extraterrestre protagoniza ‘Under the Skin’, una mujer robótica es la piedra angular de la no menos interesante ‘Ex Machina’.

Nathan (Oscar Isaac), un programador multimillonario selecciona a Caleb (Domhnall Gleeson), un joven empleado de su empresa, para que pase una semana en un lugar remoto con el objetivo de que participe en un test en el que estará involucrada su última creación: Ava (Alicia Vikander), un robot-mujer capaz de sentir como un ser humano normal.

Ex Machina’ es el debut en la dirección de Alex Garland, escritor que empezó a relacionarse con el cine cuando Danny Boyle adaptó al cine su novela ‘La playa’. El propio autor elaboró los libretos de otras cintas dirigidas después por Boyle, como ‘Sunshine’ o ’28 días después’, así como la adaptación de obras de otros escritores también llevadas a la pantalla, como ‘Nunca me abandones’. En esta ocasión, Garland ha querido dar el siguiente paso y se ha colocado detrás de las cámaras para contar una historia de ambiente futurista y de la siempre interesante relación entre el ser humano y la inteligencia artificial. La película no es la primera que establece algunas cuestiones sobre esa estimulante y/o inquietante correspondencia entre hombres y máquinas, pero no por ello deja de tener un indudable interés, porque, como toda buena cinta de ciencia ficción que se precie, deja en el aire no pocas reflexiones sobre lo que somos y lo que de nosotros se traslada al universo virtual.

No faltan en ‘Ex Machina’ las metáforas religiosas, con esa casa donde se desarrolla la acción emplazada en un lugar en medio de la nada, lleno de vegetación, un Jardín del Edén donde se alumbra a esa mujer robot llamada Ava (cuya pronunciación en inglés es muy similar a Eva), creada como la primera inteligencia artificial capaz de desarrollar emociones humanas. Ava muestra su estructura robótica en todo momento, dejando al descubierto que es un montón de cables y engranajes y sin embargo en su forma de interactuar con Caleb descubrimos que tiene una gran capacidad de empatía, de conexión de con otra sensibilidad. Todo esto no le pasará desapercibido a un Caleb que empezará a desarrollar ciertos sentimientos hacia esa máquina que parece tan humana.

Ava muestra una mayor humanidad que su inventor, un hombre tan inteligente como frío, que vive aislado del mundo en una casa dotada de las últimas tecnologías y que juega a ser Dios, probando los efectos de una inteligencia artificial con capacidad de generar más emociones de las que él mismo llega a mostrar hacia lo que le rodea. Y en medio de esos dos seres se encuentra Caleb, que llegará como sorprendido testigo y acabará siendo conejillo de Indias de la relación entre creador y criatura. La película ofrece, en ese sentido, unas interesantes reflexiones sobre el papel de los hombres y las mujeres en el mundo, su forma de relacionarse y la forma de cada uno, ya sea por convicción o por necesidad, de lograr los objetivos que se propone. Y es que Ava no tardará en lo que debe hacer para mejorar su situación al darse cuenta de que le ha tocado vivir en un mundo dominado por la especie masculina.

Garland construye una película de ambiente minimalista, desarrollada en casi su totalidad en la casa del inventor, donde renuncia a la pirotecnia fácil de mostrar a varios ingenios robóticos y apuesta más por el estilo teatral, con pocos personajes en un mismo espacio. No obstante, eso no quita para una magnífica puesta en escena, con esa mansión tan tecnificada como aséptica y unos espléndidos efectos visuales que dan vida a Ava en el cuerpo de la actriz sueca Alicia Vikander, que ha mostrado su saber hacer en películas como ‘Un asunto real’ y a la que merece seguirse la pista. Igualmente destacan Oscar Isaac como ese creador de aspecto “hipster” con ínfulas de grandeza y Domhnall Gleeson como el atribulado enlace entre humanos y máquinas. Un buena muestra de esa ciencia ficción que pone mayor énfasis en las ideas que en la acción.

De este modo, ‘Under the skin’ y ‘Ex Machina’ forman un curioso díptico de cine fantástico protagonizado por mujeres, en el que se dejan reflexiones sobre el papel femenino en la sociedad y de cómo, incluso en contextos lejanos a nuestra realidad, algunas situaciones tienden a repetirse.