‘El año más violento’ y ‘Focus’: Thrillers de ayer y de hoy

Aún se recuerdan los años 70 como una época dorada para el thriller, especialmente el surgido desde Hollywood, donde los directores que venían a tomar el relevo de los clásicos apostaron por un género que bebía del cine negro y al que le dieron una vuelta para adaptarlo a los hechos de su época. De este modo, surgieron thrillers como ‘French Connection’, ‘Harry el sucio’, ‘Serpico’, ‘El último testigo’, ‘Los tres días del cóndor’, ‘Todos los hombres del presidente’ o ‘La noche se mueve’, entre otros. Todos ellos teñidos de un aura pesimista, fruto de una época de crisis económica y decepcionada de los grandes ideales que habían triunfado en los 60. Muchos directores de hoy día dicen haber recuperado el espíritu de los thrillers setenteros, pero lo cierto es que muy pocos lo han hecho realmente, pues añadirle unas gotas de acidez y descreimiento a la trama no convierte la película en algo similar a las que hicieron Sydney Pollack, Alan J. Pakula o Sidney Lumet. Uno de los que ha conseguido dar con la fórmula adecuada ha sido J.C. Chandor en ‘El año más violento’. Abel Morales (Oscar Isaac) es la clásica imagen del sueño americano, un hombre hecho a sí mismo que partiendo de la nada ha conseguido establecerse en una posición próspera, bien asentado en el negocio de la venta de combustible y con vistas a ampliar su negocio. Además comparte su vida con una bella mujer (Jessica Chastain) con la que ha tenido hijos y ha formado una familia en la que parece reinar la felicidad. Sin embargo, el sueño de Morales se puede ir al traste por una serie de misteriosos robos de sus camiones y una investigación gubernamental por posibles fraudes en la gestión de su empresa. J.C. Chandor empezó a dar que hablar en el Festival de Sundance de 2011 cuando presentó su ópera prima, ‘Margin Call’, un certero relato sobre la codicia que ha dado origen a la crisis mundial que todavía padecemos. Dos años después presentó en Cannes ‘Cuando todo está perdido’, el retrato de un hombre que trata de salvar su vida en una pequeña embarcación en medio del Océano Índico, un retrato basado en la imagen y el sonido, sin apenas ningún diálogo y con Robert Redford como único intérprete. En ambos casos, los protagonistas se enfrentaban a fuerzas que los superaban, ya fueran los ciclos económicos o los fenómenos naturales y este enfrentamiento con una potente realidad marca también el desarrollo de ‘El año más violento’. La ciudad de Nueva York registró en 1981 el peor año de su historia en índices de criminalidad, con una cantidad enorme de robos y asesinatos. Ese es el marco en el que se mueve Abel Morales, un hombre que no es un santo, pero que quiere apartar de su entorno todo lo que huela a violencia. El sector al que se dedica está dominado por familias mafiosas que parecen respetarle por sus métodos más pacíficos, aunque estos le den algunos disgustos ante la imposibilidad de que la legalidad pueda darle cobertura ante los continuos robos que está padeciendo. Y no solo no le dan respuestas, sino que además es investigado seriamente por los órganos de poder, que no acaban de creerse que un tipo surgido de la nada se hay construido un pequeño emporio en medio de un mundo regido por los códigos mafiosos. Hay gente a la que películas como ‘Los tres días del cóndor’ o ‘Todos los hombres del presidente’ les parecen aburridas. Y dicen que son aburridas porque la acción se fundamenta sobre todo en el diálogo y en una puesta en escena en la que la construcción de los personajes es más importante que el misterio en sí mismo. Acostumbrados a un lenguaje en el que se busca mantener atrapado al espectador sobre todo por la resolución de la intriga, algunos no acaban de tragar con esa demora  a la hora de reflejar la personalidad de sus protagonistas o el ambiente en el que se mueven. Sin embargo, a otros nos resulta de lo más interesante que esos filmes no caigan simplemente en esclarecer quién hizo tal cosa y vayan un poco más allá y ‘El año más violento’ mantiene ese pulso sereno, que se toma su tiempo para narrar todas las circunstancias que rodean la trama. Más que los tiroteos o las persecuciones, a Chandor le importa más el retrato de Morales, sumergido en una espiral de violencia de la que no quiere formar parte y a la que incluso quiere arrastrarle su propia mujer, hija de un mafioso y que no tiene ningún miedo a la confrontación para defender lo suyo. Si la dirección de Chandor se mantiene firme y segura en todo momento, tanto en los diálogos como en las breves escenas de acción que salpican el relato, no menos seguros son sus actores protagonistas. Oscar Isaac da vida con entereza a ese atribulado Abel Morales  mientras que Jessica Chastain es aquí toda una diablilla vestida de Armani que bajo su apariencia glamurosa de mujer trofeo esconde a una persona de armas tomar, de las que pasan de ser afables a peligrosas sin apenas pestañear. Ambos muestran una gran química en pantalla, dando empaque a una producción sobre los peajes que exige el éxito y la oscuridad que esconde el triunfo social. Un filme que confirma que J.C. Chandor es un realizador al que debe seguirse la pista, por las historias que cuenta y cómo las sabe contar. Y si ‘El año más violento’ habla de gente que se mueve a ambos lados de la ley, por esos márgenes se mueven también los protagonistas de ‘Focus’, una historia de timadores de alto copete. Todo comienza cuando Nicky (Will Smith), un consumado maestro de la estafa, comienza un romance con Jess (Margot Robbie), una novata en el oficio. Mientras le enseña los trucos, ella desea estrechar demasiado los lazos con Nicky y éste rompe de repente la relación. Tres años más tarde, la mujer que había encendido una llama en él, reaparece cuando Nicky está a punto de hacer uno de sus trabajos. Will Smith es uno de esos actores que ha llevado de forma merecida la etiqueta de estrella de Hollywood, por su carisma en pantalla y su capacidad de caer bien a todo el mundo hiciera lo que hiciese, generando grandes taquillas en la mayoría de producciones en las que ha tomado parte. Sin embargo, últimamente han aparecido algunas voces críticas que le han acusado de nepotismo, de querer meter hasta en la sopa a sus hijos Jaden y Willow y su participación desganada en películas como la tercera parte de ‘Men in Black’ o ‘After Earth’, que no funcionaron tan bien como ha sido la norma de su carrera a nivel comercial. El propio Smith parece haber tomado nota y ahora vuelve con una cinta en la que despliega sus mejores dotes de seducción para encarnar a un estafador con encanto, de esos que se ganan la simpatía del público aunque opere al margen de la ley. ‘Focus’ está dirigida por Glen Ficarra y John  Requa, guionistas de filmes como ‘Bad Santa’ y realizadores de ‘Philip Morris, !Te quiero¡’ y ‘Crazy, Stupid, Love’. El romance estaba presente en todas estas producciones, más allá de que su envoltura fuera la comedia o el drama, algo que se repite en una película donde las estafas son el “mcguffin” que permite el desarrollo de la historia de amor entre sus protagonistas. Nicky es un timador capaz de despojarte de todo lo que llevas encima sin dejar de mirarte a los ojos, uno de los mejores en su trabajo y cuyo talón de Aquiles acabará siendo Jess, una mujer que intenta timarle a él y que tras ser descubierta se convertirá en su compañera de andanzas, en un mundo en el que el amor no tiene cabida si se quiere progresar. Un artista del hurto usa sus habilidades para manipular a los demás y ganarse su confianza, pero siempre sin involucrarse para ir por delante del estafado, algo que no es compatible con las dosis de confianza y vulnerabilidad que son necesarias para mantener una relación personal. La película no oculta en ningún momento su condición de gran entretenimiento para todos los públicos y no escatima medios al desarrollar su acción en lujosos escenarios de Nueva York, las Series Mundiales de fútbol americano en Nueva Orleans y el Mundial de Fórmula 1 en Buenos Aires. Los directores acaban siendo en cierto modo como los trileros que retrata el filme, que ofrecen un entorno atractivo y gente bien parecida para ganarse la atención del espectador y después juguetear con él a su gusto con los diversos giros que tiene la trama. Esto en sí mismo no es malo, pues la ficción se basa precisamente en saber sugestionar al público para sumergirle en el universo que el autor ha creado. Sin embargo, existen historias absorbentes que te hacen desear volver a ellas continuamente para desentrañar nuevos detalles y otras que se olvidan una vez que se han vivido, que es el caso de ‘Focus’. Sus continuos vaivenes de guión pueden sorprender la primera vez, pero una vez que se descubre el artificio tampoco interesa mucho volver a vivir el truco. Pese a todo, la película es entretenida y se deja ver, con una pareja protagonista, Smith y Robbie, que derrocha buen entendimiento y la prestancia que piden sus personajes, bien respaldados por el elenco de secundarios. En este sentido, no me quiero olvidar del estupendo Gerald McRaney, al que los seguidores de ‘House of Cards’ recordarán por su papel de avieso millonario y que aquí interpreta a un personaje no menos malencarado. ‘El año más violento’ y ‘Focus’ son dos formatos de thriller bastante dispares, uno cercano al que se hacía hace cuatro décadas y otro más en sintonía con lo que se hace hoy día. Uno es más pausado y atmosférico y el otro más superficial y fácil de digerir. Aunque he disfrutado de ambos, me quedo con el primero, que a buen seguro será más recordado por la memoria cinéfila que el segundo, aunque éste último consiga más espectadores. La eterna tensión entre calidad y comercialidad en el mundo del cine, que da lugar a opiniones y debates variados.