‘La sombra del actor’: Los veteranos buscan su sitio

Una de las quejas que suele haber entre buena parte del público cinéfilo es que la mayor parte de las películas que se producen están destinadas a una audiencia más bien joven, más fácil de convencer con propuestas de mucho ruido y furia, protagonizadas por intérpretes jóvenes. También es sabido que en el negocio del espectáculo es difícil llegar y aún más difícil mantenerse, pues el paso de los años va retirando del camino a muchos para dejar paso a otros más jóvenes y lozanos, que les sustituyen como referentes en un público que también se va renovando sin descanso, como un tren del que va entrando y saliendo gente sin solución de continuidad. Así, nos podemos encontrar hoy día con películas como ‘Los mercenarios’ y sus secuelas, que reúnen a buena parte de actores del cine de acción que triunfaban en los años 80 y 90 y que se han quedado para la nostalgia de los que crecieron viendo el cine de aquellos años, mientras que el público más joven les da la espalda. Algo así ha sucedido con algunos de los responsables de ‘La sombra del actor’.

‘La sombra del actor’ está dirigida por Barry Levinson, realizador que en los 80 y los 90 fue responsable de películas como ‘El mejor’, ‘El secreto de la pirámide’, ‘Good morning, Vietnam’, ‘Rain Man’, ‘Sleepers’ ó ‘La cortina de humo’. El guionista es Buck Henry, autor de los libretos de ‘El graduado’, ‘¿Qué me pasa doctor?’ ó ‘Todo por un sueño’, creador de la serie ‘Superagente 86’ y codirector junto a Warren Beatty de ‘El cielo puede esperar’. El actor principal es Al Pacino, que poca presentación necesita tras una carrera con títulos como ‘El Padrino’, ‘Serpico’, ‘Tarde de perros’, ‘El precio del poder’, ‘Atrapado por su pasado’, ‘Heat’ o ‘El dilema’. Y todos ellos trabajan en una cinta basada en ‘La humillación’ de Philip Roth, uno de los novelistas más celebrados de Estados Unidos y de los que todos los años suenan como candidatos al Premio Nobel, aunque de momento no lo ha ganado. Sin duda, hay mucho talento y mucho prestigio aquí reunido, pero en todos sus casos se caracterizan por haber dado lo mejor de sí mismos en el pasado y ser ahora viejas glorias para las nuevas generaciones. Y de ello trata también ‘La sombra del actor’.

Simon Axler (Al Pacino) es un veterano y famoso actor de teatro que sufre de repente un bloqueo interpretativo. Tras una penosa interpretación de ‘Macbeth’ en el Kennedy Center de Nueva York, Simon no tiene más remedio que aceptar que los días de éxito pertenecen al pasado y se ve sumido en una depresión. En un intento por recuperar la magia, se dejará llevar a una aventura con una mujer lesbiana (Greta Gerwig), mucho más joven que él.

‘La sombra del actor’ es una película que nos habla del fracaso y la decepción vital, del vacío que nos asalta cuando perdemos el rumbo y de cómo llenar nuestra vida de gente puede no ser la solución para llenar ese vacío. Las últimas obras de Roth inciden especialmente en la pulsión de muerte y a ello se atiene Levinson con la inestimable ayuda de un otoñal Pacino, que pone en pantalla su voz rota y mueve su exiguo físico de forma errática y torpe para dar vida al cansado Axler. Sin embargo, esa idea que tiene Axler de que ya no le queda nada que hacer en el mundo se ve cuestionada cuando llega a su casa Pegeen, hija de una amiga suya que se declara lesbiana pero que no puede evitar sentirse atraída por ese hombre que fue su ídolo de infancia. Cuando parece que la relación con Pegeen hace que la vida para Axler sea más soportable, una serie de visitas de personas relacionadas con ella le darán al viejo actor el convencimiento de ese viejo dicho que asegura que el infierno son los otros. Axler no se ve capaz de volver a subirse a un escenario para actuar, pero tras tantos años dedicado a la interpretación no puede dejar de ver al mundo como un gran teatro y a las personas como sus actores, como si todas las experiencias vividas no dejaran de ser fruto de un guion planificado y muchas veces absurdo.

En ese sentido, ‘La sombra del actor’ tiene ciertos puntos en común con ‘Birdman’ y ese Michael Keaton que confundía realidad y ficción en medio de una vida personal que se derrumbaba. Sin embargo, el enfoque de Barry Levinson es más melancólico y menos histérico que el de González Iñárritu y Pacino, pese a sus míticas sobreactuaciones, aquí está muy contenido en uno de sus papeles más frágiles. A su lado encontramos a una Greta Gerwig que responde con bastante solvencia al veterano actor y a la que no cuesta imaginarse pasando por algo similar a lo que pasa su personaje, fascinada por tener cerca a alguien que a buen seguro fue uno de sus estímulos para dedicarse a la interpretación.

Levinson tira de oficio y dirige con pulso una historia que podía haber desembocado en un duro drama y que sin perder su carga triste no deja de tener un punto de farsa a través de las bizarras situaciones que sufre su protagonista. Eso tiene que pensar un hombre al que una mujer que ha conocido en el hospital psiquiátrico, al que acude tras un intento de suicidio, le pide que se inspire en su experiencia como actor para llevar a cabo un asesinato contra su marido pederasta. Con todo ello, ‘La sombra del actor’ es un digno vehículo para el lucimiento de Al Pacino, que ha tenido mayor tino que otros compañeros de generación a la hora de escoger papeles en los últimos años y ha participado en algunas cintas interesantes (una de las mejores, precisamente dirigida por Levinson, es ‘No conoces a Jack’, un telefilme para la HBO sobre el llamado “Doctor Muerte“). Un actor que ya no tiene el tirón que tuvo en los años 70, 80 y 90, pero que a sus 75 primaveras muestra que aún vale para esto.