Los Vengadores: La era de Ultron (Joss Whedon, 2015)

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La máquina de anticipación y planificación de Marvel es tan imparable y poderosa como la dinámica del propio grupo de superhéroes que se formara en 2012 ante nuestros ojos. Esa es la conclusión a la que llego tras ver ‘Avengers: Age of Ultron‘. La primera entrega suponía la culminación del proceso de construcción del universo de ficción compartido, mientras plantaba las semillas de lo que sería su segunda fase: el síndrome postraumático de Tony Stark, la amenaza que suponen para la Tierra las Gemas del Infinito, los delirios de poder y corrupción de SHIELD y el inmenso alcance de los planes maquiavélicos de Thanos. Una vez creados los Vengadores, es tiempo de divertirse con ellos sin necesidad de presentaciones o preámbulos. Joss Whedon ha diseñado este nuevo volumen no como un objetivo final sino como un gran evento crossover al estilo de los mismos cómics de los que emana su inspiración.

Siguiendo los sucesos de ‘Captain America: The Winter Soldier‘ (2014) nuestros protagonistas se encuentran ahora en una incansable búsqueda del cetro de Loki, oculto en alguna de las instalaciones de la organización Hydra. La sensación de entrar en la acción ya comenzada ayuda a que el ritmo de la película sea casi febril desde el primer momento. El equipo se complementa y actúa de forma coordinada, explotando sus distintas habilidades y personalidades en la batalla. Los chispeantes diálogos típicos de su guionista son casi omnipresentes y ayudan a aligerar una cinta que supone un giro más oscuro en tono e intenciones. Si la primera película trataba de reunir un ejército a la altura de las nuevas amenazas a las que tenía que enfrentarse nuestro mundo, el enemigo en ‘Avengers: Age of Ultron’ son los propios héroes. ¿Cuáles son las riesgos y los daños colaterales de disponer de su protección?

Capitan América y Thor

Ultron es la personificación de los mayores temores de Tony Stark. Una inteligencia artificial de su creación que se vuelve incontrolable y tuerce por completo sus buenos propósitos. No sólo está en peligro la humanidad y la vida de sus amigos, sino que existe la posibilidad de que pueda fracasar en la única cosa provechosa que ha hecho en su vida. De ser el salvador de la Tierra ahora puede convertirse en quien la lleve a la destrucción total. Pero esta no es la cinta de Stark, lo es de todos en conjunto. El verdadero hilo conductor son las subtramas entre personajes y los mayores miedos que aparecen en sus mentes en forma de visiones inducidas por la “mejorada” Wanda Maximoff. Una forma inteligente y efectiva de profundizar en ellos mientras se adelantan elementos de lo que serán sus principales conflictos en la próxima fase cinematográfica de Marvel.

El film combina con éxito espectacularidad con humor, desarrollo de personajes y acción, sin descuidar una mitología que interconecta sin disimulo piezas de las películas anteriores y futuras para crear una aventura de dimensiones épicas que no permite un momento de descanso. Ni siquiera cuando están simplemente pasando el rato en una fiesta el interés merma, demostrando claramente que el entramado sobre el que se sustenta es sólido y no se basa exclusivamente en CGI y grandes presupuestos. Por otra parte, las nuevas incorporaciones al reparto resultan estimulantes y sirven para poner en perspectiva la futura renovación de la alineación del equipo. Entre todas sus virtudes lo único achacable es la pérdida del efecto novedad (algo ajeno a la producción y lógico tratándose de una secuela) y la falta de un villano con un peso dramático equiparable a Loki, aunque demuestre un mayor refinamiento y excelencia en casi todos los aspectos que su predecesora.

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