“Güeros es un reconocimiento a las luchas personales” – entrevista Alonso Ruizpalacios

Por Henar Álvarez

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El mexicano Alonso Ruizpalacios consiguió, entre otros muchos, el premio a mejor ópera prima en Berlín y a mejor película latinoamericana en San Sebastián con ‘Güeros‘, su debut en cine. Se trata de un magnífico retrato en blanco y negro de una generación de jóvenes que no tienen intereses ni inquietudes. Sombra, Santos y Tomás deciden comenzar un viaje en busca de Epigmenio Cruz, un músico desconocido pero el favorito de su padre, del que la leyenda cuenta “fue capaz de hacer llorar a Bob Dylan”. Por fin, encuentran un motivo por el que levantar sus culos del sofá.

¿Por qué escogiste blanco y negro y 4/3? Es un formato muy clásico para la historia que cuenta ‘Güeros’.

Hay varias razones. La primera fue instintiva. Cuando estaba escribiendo la película la veía en B/N, y después averiguando las razones -porque tienes que justificárselo a los productores para sustentar esta decisión comercialmente suicida- es una película sobre los contrastes que hay en la ciudad de Mexico: Sociales, económicos, políticos e incluso geográficos. Me parecía que el B/N funcionaba muy bien para resaltar el contraste. Además buscaba desde el principio desubicar al público con respecto a cuando exactamente está ocurriendo. El punto de partida es una huelga que ocurrió en México en la Universidad Nacional en 1999. Tiene muchos elementos de ahí, pero no quería hacer un documental o que el contexto histórico se convirtiera en una camisa de fuerza. Quitarle la temporalidad nos ayudó mucho y creo que hacía la película más universal. Podría ser una huelga de ahora o de hace 50 años, eso nos gustaba.

El formato 4/3 surgió con la preparación de la película más cerca de filmar. Yo tenía la idea de que la primera parte fuera 4/3 para enfatizar el encerramiento de estos chicos en su departamento. El departamento para mi era como una pecera en la que se ha dejado de limpiar el agua y se empieza a ensuciar y a crecer vida microscópica. Lo vemos en la primera parte de la película: cucarachas, hongos en los pies… En la segunda parte, originalmente, se iba a abrir el formato conforme ellos salían al exterior y emprendían esta búsqueda por Epigmenio Cruz, pero después nos pareció que era demasiado esquemático cambiar de formato así. Además, un día haciendo pruebas de cámara, el fotógrafo dejó puesto ese formato por error, lo vimos y funcionaba muy bien dentro del coche. Es un formato al que ya no estamos tan acostumbrado aunque ha habido películas recientes que han regresado a él. Realmente más que una cosa de moda es un formato muy lógico. Encuentras porqué antes se filmaba así, puedes ver al mismo tiempo el techo y el piso, es un formato que me resulta muy interesante.

Llama la atención la apatía y el aburrimiento que sufren tus personajes. Viendo la película tenía la sensación de que era un retrato generacional donde Epigmenio Cruz no es más que una excusa para que hagan algo con sus vidas. 

Epigmenio Cruz es lo que Hitchcock llama el McGuffin, es una excusa. Lo que importa no es lo que está al final del camino sino el camino. Yo quería que fuese así, una especie de quimera de oro para hacerlos viajar. Después sentí que era importante que tuviera relación con el padre de ellos. hay un discurso sobre la ausencia de la paternidad, quería que tuviera que ver con algo que el padre les enseñó a estos chicos.

Destilan cierto egoismo. Me comentabas que el punto de partida de la película es la huelga, pero esto también es casi anecdótico para ellos, no les importa lo que se está demandando. Solo con capaces de salir del apartamento cuando ven la noticia de Epigmenio Cruz porque es algo que está relacionado con su infancia.

Es un reconocimiento a que cada quien tiene su lucha. No todas las luchas son universales. Para estos chicos la revolución que están buscando es otra: Es la revolución de la mente. Están atorados en un limbo de apatía, de depresión y necesitaban encontrar su propia causa. Eso me gusta como principio, no siempre las cosas por las que vale la pena luchar son las grandes causas. A veces es lo que no está en los encabezados, las letras chiquitas, lo que está fuera del cuadro, en las orillas. A mi estas historias siempre me resultan interesantes y lo quería para mis personajes.

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Es bonito tener ídolos, personas que su trabajo, o lo que representan, te emocione y movilice.

Yo estudié teatro en Londres y una de las decisiones para estudiar teatro para mi fue leer a Peter Brook y descubrir todo su universo, su literatura y su teatro. Mientras estaba en Londres tuve la oportunidad de ir a París a ver su ‘Hamlet’. Fuimos varios amigos de la escuela. Estábamos muy emocionados, fue como un viaje iniciativo. Sólo habíamos ido a ver su obra. Hicimos cola durante horas, y cuando terminó el espectáculo yo me esperé. Tenía un discurso para saludarlo y explicarle que significaba para mi su trabajo. Esperé pero no salía. Mis amigos me abandonaron y se fueron a un bar. Me quedé cerca de dos horas bajo la lluvia. Salió por fin y se fue directo a su taxi, casi apenas lo alcancé a detener. Cuando le tuve se me fue todo el texto y dije cualquier tontería, una estupidez tipo: “Me encanta tu trabajo, qué padre, gracias.” Fue muy incómodo para los dos, él quería marcharse corriendo. Me contestó “gracias”, se montó en su taxi y se fue. Se me quedó la cosa de como estos momentos están destinados al fracaso. Los grandes momentos nunca son lo que esperas. Si los anticipas mucho tiempo rara vez son satisfactorios. Te das cuenta que son más bien lo que significó para ti, que dialogabas con su obra más que con él.

Peter Brook, el director de teatro que inspiró la figura de Epigmenio Cruz.

Peter Brook, el director de teatro que inspiró la figura de Epigmenio Cruz.

¿Por quién esperarías ahora dos horas bajo la lluvia?

Por Bob Dylan. Soy un gran fan suyo. Estoy 100% seguro de que mi encuentro con él sería aun peor que el que tuve con Peter Brook, sin embargo, creo que lo haría simplemente para decirle gracias. Es alguien con quien he tenido un diálogo largo en mi cabeza.

Supongo que entonces escogiste la música con sumo cuidado.

Le di muchas vueltas y fue cambiando durante el proceso de hacer la película. Originalmente iba a ser música del 99 cuando pensábamos que íbamos a hacer una película de época, como la música que se oía en la huelga. Pensamos rock mexicano y latinoamericano como ‘Los fabulosos Cadillacs’, ‘Maldita vecindad’… Cuando decidimos quitarle la temporalidad nos quedamos sin soundtrack y el tema de la música se quedó en un punto incierto. Mi mujer le cantaba a mi hijo las canciones de Agustín Lara que es el compositor de la música que finalmente usamos en toda la película. Es un compositor clásico mexicano y sus canciones aparecen en el cine de la época de oro mexicano en los 50, 40… Son canciones muy nostálgicas y muy melancólicas y bonitas. Como mi mujer se las cantaba a nuestro hijo las tenía en la cabeza. Las llevé a la sala de edición y se produjo como una alquimia con la imagen. Sentimos que le daba un toque nostálgico que iba muy ad hoc con lo que habíamos filmado. Recordando que Agustín Lara es de Veracruz y que es allí donde empieza la película, de donde son Sombra y Tomás, pensamos que cuadraba muy bien. Había un vínculo invisible entre su música y su casa e infancia.

¿Cuál es la primera película que recuerdas haber visto en un cine?

Fui muy cinéfilo de niño. Nunca fui bueno en los deportes pero me escapaba al cine cada vez que podía. Supongo que sería una de James Bond, pero la que más recuerdo que cuando salí le dije a mi madre que quería hacer películas, y a la vez que entendí por primera vez que existía algo así como un director, fue ‘¿Quién engañó a Roger Rabbit?‘. Me sigue pareciendo una obra maestra, es buenísima.