Festival de Cannes – 3ª jornada – The Lobster de Yorgos Lanthimos

Por Henar Álvarez

‘Ya todo estaba arreglado, todo alcanzaba la perfección, la lucha había terminado. Se había vencido a sí mismo definitivamente. Amaba al Gran Hermano.’
1984, George Orwell.

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Yorgos Lanthimos está enfermo. Está igual de enfermo que David Lynch, Cronenberg o Lars Von Trier y eso, en mi opinión, merece que le dedique al completo esta entrada. El festival de Cannes ha iniciado su tercera jornada presentando su último trabajo: The Lobster. Lanthimos repite estilo, estética, movimientos de cámara, encuadres, interpretaciones hieráticas, diálogos escuetos pero directos y humor negro, características que son ya marca de la casa. La estructura del guión recuerda a su ópera prima ‘Canino’, aunque en esta ocasión la  frescura de los actores griegos y su lengua materna se han quedado en el camino hacia la fama. No le culpo, entiendo que las reglas del juego le obligan a contar con actores mediáticos y a rodar en inglés. Es el precio que deberá pagar para que su nombre aparezca en la primera línea de directores contemporáneos. No es la única película que se ha presentado o se va a presentar en el festival traicionando sus raices: ‘Tale of tales de Mateo Garrone tambien está rodada en el idioma anglosajón y cuenta con Salma Hayek y Toby Jones, mientras que Michael Caine es el Gep Gambardella de ‘Youth‘, la película de Paolo Sorrentino. Supongo, que en el caso del griego, es un intento de aumentar la taquilla, aunque seamos sinceros con nosotros mismos: Su cine no es para todos los públicos. Tampoco me imagino a Lanthimos dirigiendo una película de encargo aunque nunca se sabe.

La forma de exponer su visión de los temas sociales es fascinante. Sus películas son parábolas modernas en las que aborda, y ridiculiza, la condición humana. Así, se aproxima a la familia en ‘Canino, la muerte en ‘Alps y, ahora, el amor en ‘The lobster’. Nos llama mediocres, niños malcriados, desgraciados que no saben lo que quieren, que se ríen de las decisiones de los demás y que luego repiten los mismos patrones cuando se encuentran en esa situación. ¿Cuántos no habéis criticado a un conocido que comienza una relación y deja de verse con los amigos? ¿Cuantos habéis hecho lo mismo cuando habéis sido vosotros los que os habéis echado pareja? ‘The lobster’ invita a reflexionar sobre que es realmente el amor. ¿Existe? ¿Es una convención? Admito que siempre he considerado la posibilidad de que como seres sociales hayamos inventado el amor romántico para tener la seguridad de que nunca estaremos solos. Creemos ciegamente en la existencia de una media naranja que nos complete y venere para eliminar la ansiedad que genera el pensar que moriremos sin nadie que nos coja la mano.

Efthimis Filippou y Yorgos Lanthimos sitúan a Collin Farrell en un hotel que parece ideado por los altos mandos de la Iglesia Católica. Está prohibido masturbarse – Cuando descubren que el personaje de John C. Reilly lo hace, le queman las manos en una tostadora – y dan conferencias sobre las virtudes de tener pareja: si una chica va sola por la calle podrían violarla, si va con su marido de la mano el violador no reparará en su físico; por poneros un ejemplo. El objetivo de la estancia de los huéspedes en esta cárcel del amor es encontrar pareja antes de 45 días – obligados por el estado, ciudad o donde quiera que se encuentren -. Si pasado el periodo establecido no se han enamorado de alguno de  sus compañeros, se transformarán en el animal que escojan y serán abandonados a su suerte en el bosque.

– ¿En que animal quiere transformarse?
– En una langosta
– Me alegro. Tenemos demasiados perros.

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Cada tarde, los “concursantes” salen al bosque a jugar a la caza del soltero. Cada muerto suma un día a su periodo de búsqueda de compañero de apareamiento. Collin Farrell se ve desbordado por las circunstancias y huye al bosque. Allí le espera Lea Seydoux, la líder de los solteros, que le acogerá en su sociedad salvaje. Cuando no tienen que esquivar balas, bailan, escuchan música y se divierten consigo mismos: Está terminantemente prohibido enamorarse. Como la raza humana padece insatisfacción crónica, allí se prenda de Rachel Weisz.

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Los dos guionistas nos han calado. Vemos a los solteros como una amenaza a la vida monótona que espera al final del camino de cualquier matrimonio o pareja que conviva. Ellos pueden seguir jugando, saliendo, probando. Nace una envidia mutua: Los solteros quieren la estabilidad y la seguridad de los tortolitos, los casados ansían su libertad. ¿Conocéis algún matrimonio de más de 10 años en el que sigan siendo plenamente felices? Además, no entiendo porque se considera un fracaso no tener pareja después de los 30, especialmente en las mujeres. Escoger a alguien para compartir tu vida no debería hacerse al tuntún. La cantidad de veces que el miedo a la soledad nos ha empujado en brazos de impresentables.

En ‘The lobster’ es especialmente sarcástica la parodia sobre las razones por las que nos juntamos de dos en dos. Cuando somos niños o adolescentes no existe ninguna razón para que te guste el chico del pupitre de al lado. Te gusta y ya está. Cuando uno crece busca tener puntos en común, inquietudes con las que poder llenar el tiempo de ocio,  una cuenta bancaria o un trabajo que resulte cool. Chorradas. A una de las huéspedes le sangra la nariz con mucha frecuencia. Uno de los chicos se fija en ella y decide abordarla mostrándole que tiene el mismo problema. Ya tenemos nueva pareja. Más adelante nos enseña al tipo golpeándose la nariz contra la mesa. Esto me recuerda a conversaciones por internet donde alguien te asegura que es fan de tu mismo director de cine o grupo de música e incluso te nombra su película favorita o te envía una canción. Meses después, habéis comenzado a salir juntos, le preguntas por el título que te comentó y con cara de extraño asegura no saber de que estás hablando. Golpearte la nariz es el nuevo buscar información en internet.

He escogido la frase de ‘1984′ para iniciar el texto porque el film es claramente  Orwelliano. Como en el libro acatan normas estrictas, horarios inamovibles, vigilan sus actos, reprimen en público sus faltas y les educan en la verdad. Ambos protagonistas escapan de los mandatarios para vivir según sus pulsaciones internas. Ambos dudan y actúan de manera incoherente con los motivos de rebeldía. Ambos nos recuerdan que somos tristemente imperfectos. Que tragedia mirarse en el espejo.