Festival de Cannes – 4ª jornada – Mia Madre, Nahid y Miguel Gomes

Por Henar Álvarez 

Con Nanni Moretti nunca se sabe y esta mañana, cuando nos dirigíamos hacia el teatro Lumière a primera hora del día, las expectativas no estaban muy altas. Por fin encontré una cafetería donde la leche es leche y no agua caliente con polvos. No me importaría demasiado si los precios de esta ciudad no fueran desorbitados. Hablamos de 3,5€ el bar más precario, que aquí quiere decir en tercera línea de playa. En fin, que iba yo contenta con mi café pensando que quizá saliera defraudada del cine. Margherita Buy interpreta en Mia Madre’ a una directora de cine agotada, cansada de su trabajo. Su madre está viviendo sus últimos días a causa de una neumonía que se complica y no la permite salir del hospital. Moretti, que interpreta al hermano de Buy, se muestra en un plano secundario y cede protagonismo a John Turturro, que ha llenado la sala de carcajadas cada vez que aparecía en pantalla.

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‘Mia madre’ (Nanni Moretti)

En ‘Mia Madre’, Moretti despliega ese talento suyo para mezclar momentos de alta tensión dramática con gags desternillantes. Para poner en medio del drama algo de comedia que, al final, es lo que es la vida y no al revés. Margherita (que así se llama tambien su personaje) reflexionará acerca de su vida, de lo que le ha llevado a la ruptura con su pareja, a la relación con su hija, a afrontar la posible muerte de su madre. Entre ensueños, recuerdos e imágenes mentales, rememora los fallos que la han hecho enfermar de tristeza. Se apoyará en su hermano, que ha dejado su trabajo para dedicarse por completo a su madre en estos últimos días. Es frecuente que alguno de los personajes de Moretti aborrezca su trabajo. Incide con frecuencia en la posibilidad de abandonar un futuro profesional detestable a cambio de un nuevo comienzo.

“- Si deja usted el trabajo, a su edad, no va a encontrar nada aceptable. -Ya lo sé”. 

Aunque en ‘Mia Madre’ es la situación familiar lo que ablanda el corazón del espectador, no he podido evitar derramar una lagrimita con la situación laboral del personaje del director. En primer lugar porque durante casi siete años yo fui un triste Bartleby que prefería no tener que hacer nada y vivir sentada en una oficina con las paredes pintadas de amarillo pis, a levantarme y enfrentarme a mi carrera y profesión. Afortunadamente la cosa ha cambiado aunque el futuro no pinte demasiado próspero.

¿Por qué esta vez es la figura de un director de cine quien está harto de su vida laboral? ¿Realmente Nanni Moretti podría estar cansado de su profesión? Cuando aparece con tanta frecuencia debe tratarse de algo personal. Me cuesta imaginar que una profesión tan personal, tan libre si has llegado a tener un nombre como el suyo, pueda llegar a disgustar. Dios le da pan a quien no tiene dientes.

Sin ser de las mejores películas iraníes que he visto en los últimos años, si quiero resaltarNahidde Aida Panahandeh. Me enorgullece que una mujer criada en una cultura como la suya sea capaz de coger una cámara de cine y denunciar la situación de desigualdad de su género en determinadas situaciones. Nahid es una mujer separada que vive en Irán y que se ha vuelto a enamorar. Tiene que decidir si rehacer su vida y arriesgarse así a perder a su único hijo. Ya que, a pesar de estar separados, si su exmarido denunciase la situación, podrían quitarle la custodia. Casi me ha parecido la segunda parte de Gett o el divorcio de Viviane Amsalem que ha pasado recientemente por nuestra cartelera. Tambien está dirigida por una mujer, Ronit Elkabetz, que denuncia la incapacidad de una israelí para separarse de su marido si este no da su consentimiento. La ovación ha sido emotiva, el teatro Debussy se ha puesto en pie para reconocer el trabajo de Panahandeh que estaba en la sala.

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‘Nahid’ (Aida Panahandeh)

Después de Tabú’, Miguel Gomes presentaba esta tarde en la Quincena de Realizadores ‘Las mil y una noches’. Una obra en la que el excéntrico director utiliza cuentos del libro homónimo para contar con metáforas la situación social y económica de Portugal. Un total de 6 horas que se han dividido en tres películas. Quien les escribe ha tenido más que suficiente con la primera parte. Un completo caos indescriptible, una tortura, el horror. Hacía tiempo que no sentía ansiedad por querer salir de una sala de cine. Ha valido la pena solo por ver a Gomes, contento de más, con su botellita de agua en la mano, presentando a su equipo.

Mañana más, queridos amigos.

‘Las mil y una noches’ (Miguel Gomes)